domingo, 24 de agosto de 2008

El impresionante valor del juego

A propósito de los juegos olímpicos retorno por una vez más sobre ese gran tema que siempre me ha cautivado e inquietado y que más escritura me ha exigido en mi vida académica y personal. Me refiero a la extraordinaria capacidad humana de jugar.
Quizá lo que más me encanta de estos juegos es poder ver la mirada de cada competidor cuando se dispone a "ganar"; ver las emociones públicas que corren como ríos en los escenarios deportivos; ver la seriedad de cada juego en cada juez, en cada reglamento, en cada competidor; ver, en tiempo real lo que está moviendo el corazón de las multitudes y la manera como cada persona bordea esa gran experiencia estética que produce el juego, sea cual sea la disciplina que esté mostrando "el sueño humano de perfección".
Ese ludus, tan cerca a lo sagrado... hace que todo se transforme y cada acto (de cada quien) haga parte de un gran todo que moviliza un sentir colectivo, de orden universal.
!Qué magia la del juego. Y qué fuerza! Qué maravilla poder ver la simultaneidad de tantas cosas y escuchar "en vivo y en directo" las percepciones y las apuestas interiores que cada periodista, cada comentador, cada espectador o cada jugador entrevistado, hace sobre lo que les causan esos ríos de pasiones jugadas por el juego.

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