martes, 7 de octubre de 2008

La innovación se logra con la "Inteligencia de los sentidos y la sensibilidad de la inteligencia"

La hermosa polaridad que Gadamer en algún momento de su magnífica obra nos presenta (Verdad y Método), me permite pensar en el concepto de competencias que tanto ruido hace en nuestro sistema educativo en la última década. Y quizás esta polaridad es una bella manera de mostrar que el reto de hoy no es hacer exclusiones entre la sensibilidad y la razón. Al contrario. Se trata de lograr ser lo más incluyente posible.
De nuevo, como hace 10 o 15 años atrás, en la educación resurge una muy marcada insistencia en la pregunta por la creatividad y la innovación. Claro. Es normal porque ahora esta pregunta se reconfigura asociada al impacto que sobre nuestras vidas están teniendo los Medios y las Nuevas Tecnologías. Sin embargo aún creo que nos falta mucho para acercarnos realmente a una construcción seria de ambos conceptos. El país le apostó el año pasado, con el PNDE, a una pregunta sobre la "renovación pedagógica haciendo uso de TIC" y se espera que en los próximos años podamos trabajar el tema a nivel general. Creo que las facultades de Educación no han empezado a hacerle frente seriamente a este tema y es una lástima porque los maestros deberían estar saliendo bastante formados en el tema.
En lo que todos estamos de acuerdo es en que las prácticas de la educación deben cambiar. Y también, muchos de sus conceptos y fundamentos.
El mundo que hoy jalona internet, con la Web 2.0 genera demasiados asombros, demasiados desconciertos, demasiadas falsas ilusiones... y muchísimos desacomodos. Con mucha ingenuidad los adultos (a los que nos han bautizado "inmigrantes digitales") nos aproximamos a este enorme caudal de "novedades" y caemos en la tentación de hacer separaciones (como se escucha ahora en múltiples conferencias) entre "conocimiento 1.0" y "conocimiento 2.0"; "instituciones 1.0" e "instituciones 2.0". Con esa separación algunos se sienten autorizados para descalificar a los docentes que aún no se bañan en el "río de las mil y una novedades" de internet. Y entonces comenzamos a escuchar afirmaciones como: "ya no se concibe un maestro sin internet"; "ya el libro está mandado a recoger"; "el tablero tradicional no es interactivo..." y por eso ya no es una herramienta válida. Realmente creo que afirmaciones de este orden son una desproporción provocada por el deslumbramiento ingenuo que parece emerger de la nueva utopía actual que "quisieran prometer", algunos "apóstoles de internet" con su Web 2.0, a través de una cascada de presentaciones y videos que dejan el sabor de una multiplicidad enorme de formatos supuestamente "en los que se puede trabajar colaborativamente para la construcción conjunta de conocimiento". ¿Será que sí?

Yo creo en las potencialidades enormes que hoy tenemos frente a nuestros ojos y que la educación tiene hoy muchos caminos abiertos. En lo que no creo y me resisto a hacerlo, es que para que podamos darle peso y sentido a lo nuevo, tengamos que hacer exclusión de las prácticas anteriores y presentes. Creo que la construcción de conocimiento se produce en la reflexión individual y social, en la comprensión individual y social, en la creatividad individual y social. Creo que la innovación es una construcción individual y social que pasa bellamente por esa conjunción entre sensibilidad y razón.

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