viernes, 10 de abril de 2009

Acercamiento a León Olivé

Esta semana he estado leyendo el maravilloso texto de León Olivé que citaba en mi anterior comentario. Si bien no he terminado, si quiero comenzar a dejar algunas inquietudes y reflexiones que se me van sembrando al paso de la lectura. Por ejemplo: en la introducción Olivé afirma que "las fronteras del conocimiento se han desbordado" y que "más bien parecen ya no tener límite". Se refiere al sinnúmero de posibilidades que hoy tenemos para conocer e intervenir. Sin embargo jamás había pensado que el conocimiento tuviera límites. Eso fue lo primero que me extrañó. ¿Cuáles pueden ser las fronteras del conocimiento? ¿Quiere decir que esta forma de vida actual, que estos modos de conocer actuales, tienen la característica de quebrar límites que hasta ahora servían para determinar qué es conocimiento y que no lo es?
¿Hacia dónde se ha desbordado el conocimiento? El paso que Olivé sigue en su argumentación es que los "sistemas de producción y aprovechamiento del conocimiento" son diferentes y hoy existe una marcada "competencia por el conocimiento" que genera enormes cambios en la sociedad.
En efecto, desde la segunda mitad del siglo XX, asistimos a grandes cambios en la misma concepción de ciencia y tecnología. Olivé muestra que lo que sirvió a Kuhn como modelo para ayudarnos a comprender la estructura y dinámica de la ciencia "tradicional" o "moderna" y el concepto de "comunidad científica" y de "paradigma" (conceptos tan útiles para explicar "la estructura de las revoluciones científicas" y los procesos de innovación), hoy ya no resulta tan claro debido a que hasta la segunda mitad del siglo XX la ciencia y la tecnología tenían en cierto modo sus propios campos de acción y reflexión, pero de la segunda mitad para acá el tejido entre una y otra es cada vez más tupido y de más difícil diferenciación en sus fronteras.
Su primer capítulo es un bello recorrido por la relación entre ciencia, tecnología y sociedad, señalando con Kuhn que la "ciencia es un fenómeno eminentemente social", y cada vez de mayor complejidad que exige "filiación comunitaria", "formación", "comunicación" y "gestión". Los campos de esta trilogía se entremezclan mutuamente.
También insiste en la "comunicación pública de la ciencia" y en la necesidad de que "el ciudadano y los gobernantes participen en las reflexiones acerca de la naturaleza de la ciencia y de la tecnología, sobre su importancia y sus efectos en la sociedad y en la naturaleza", para que comprendan " más a fondo cómo se genera y se desarrolla el conocimiento científico, con sus virtudes y sus riesgos; que sepa que, en efecto, las comunidades científicas se aglutinan en torno a constelaciones de valores, de creencias, de intereses, de técnicas, de prácticas, de métodos de decisión, de formas racionales de discusión, y que también muchas veces se dan confontaciones irracionales en el seno de esas comunidades, y entre ellas".
La conclusión con la que cierra el primer capítulo es que la filosofía de la ciencia nos permite comprender hoy la urgente necesidad social de contar con "...una enorme cantidad de científicos y tecnólogos conscientes de la responsabilidad social de su trabajo y del efecto social y cultural de sus productos". La sociedad no debe aplazar más la "formación de profesores de ciencias, de comunicadores y de especialistas en gestión y en políticas científicas, al más alto nivel, que tengan una sólida formación en el análisis básico de la ciencia y la tecnología..." como el que ofrece la filosofía de la ciencia.
Esta lectura me genera interrogantes respecto a la manera como estamos abordando los procesos de formación de estudiantes y docentes en el país. Todavía pareciera como si la ciencia y la tecnología fueran algo extraño al "ciudadano de la calle" o a los que están en procesos de formación tanto en Básica y Media como en Educación Superior. No formamos para la interdisciplinariedad y para fomentar diálogos fecundos entre saberes. Aún formamos para los monólogos. No insistimos suficientemente en la responsabilidad de lo que sabemos e incluso sobre la responsabilidad de lo que no sabemos y que debemos saber, para no seguir siendo tan ciegos ante los cambios que nos avasallan. ¿Qué estamos haciendo en las instituciones educativas para instalar esos cuatro pilares (filiación, gestión, comunicación, formación) que garantizan la construcción social de las ciencias? ¿No será desde esta mirada que deben proponerse las llamadas "renovaciones curriculares" y los procesos de mejoramiento?

1 comentario:

  1. me parece muy interesante, yo estoy leyendo el libro ahora y es un tema muy extenso pero muy bien tratado en dicho libro. le recomiendo multiculturalismo y pluralismo del mismo autor.

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