lunes, 29 de junio de 2009

Cuidar que los "buenos" no se vuelvan "malos"

En realidad este no es el título más adecuado pero si quizás uno de los más coloquiales. Me refiero al error que a veces cometemos de abusar de los que hacen bien las cosas, y tienen un alto rendimiento en su desempeño. Cada vez los invitamos más a participar de los procesos y, como son tan buenos y tienen tan amplios conocimientos, contamos con ellos siempre más y más...
Y sin darnos cuenta, los vamos llenando de tareas, les colmamos la vida de nuevos retos, les invadimos su intimidad, les mostramos más mundo, hasta que un día cualquiera, ellos, intentando responder a tantos nuevos mundos dejan de ser tan buenos y retornan de nuevo al lugar de los que no hacen nada o casi nada. Un poco de esto tiene que ver con la sed de reconocimiento, tanto de quien lidera los procesos (porque está seguro que cuenta con los "buenos"), como de los implicados en los mismos.
No se es buen líder (o maestro, o gerente, o ...) si no se sabe detener la catastrofe que les espera a nuestros queridos y buenos: "buenos". Hay que anticiparse a hacer explícitos los peligros de "estar en todo". Hay que saber formar a muchos otros y distribuir las cargas entre muchos otros. Es también un asunto de inclusión.
Esta reflexión me la genera ver a algunos excelentes docentes en una carrera loca de "participar en todos los cursos posibles y en todos los procesos de formación". Es como si disfrutaran acumulando pequeños títulos, fragmentos de reconocimiento que los hace repetirse una y otra vez en lo mismo.
¿Dónde queda la innovación? ¿Dónde quedan las propuestas nuevas, la producción intelectual, dónde la escritura? ¿Cómo están estos docentes aportando su experiencia para mostrar nuevas didácticas, para formalizar su saber en campo, para cruzar conocimientos de ese ir y venir de los procesos de formación?
Hay una especie de "culpa compartida" con los que impulsamos procesos de formación. También nosotros somos culpables de eso que les pasa a los docentes.
Necesitamos idearnos estrategias para salvarlos de esa carrera loca que los pone en varios escenarios a la vez y en ninguno finalmente.
Necesitamos la claridad suficiente para reconocer en otros fortalezas y deseos de aprender. Saber dar oportunidades a muchos. De eso tiene que tratarse. Además porque corremos el riesgo de enseñarle a los maestros a repetir el mismo enfermizo esquema con sus estudiantes en el aula. Y así, de grano en grano, aportamos a la exclusión.
No hay educación si hay exclusión por más "buenos" que seamos.
Ya me encuentro algunos de estos "buenos" diciendo como un poema de Mario Benedetti: "Necesito tiempo sin tiempo".

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