jueves, 18 de junio de 2009

Esa in-comunicación extraña

Después de mucho de tiempo no escribir en este espacio medio privado y medio público en el que sólo expreso lo que voy sintiendo, intuyendo o pensando, y en algunas ocasiones, lo que estoy leyendo, quiero de nuevo escribir sobre el asunto de la in-comunicación, es decir, sobre ambos procesos a la vez. Y lo pienso porque en los espacios cotidianos la comunicación va y viene, discurre y se detiene, se bloquea, un poco deja de ser y se transforma en silencio que no siempre es bueno ni saludable para nadie. Y esto pasa entre vecinos, amigos, familia, entre compañeros de estudio o de trabajo, entre humanos... por el simple hecho de ser "demasiado humanos”.
Pero otras veces cumple su función incluyente y respetuosa, rica y variada, propositiva y viva, cumple esa función que edifica y ayuda a poder ser.
¡Qué vaina todos los problemas que los seres humanos tenemos con la comunicación y qué cosas sorprendentes las que se activan con los silencios, los gestos o las palabras!
Holderlin decía bellamente que la palabra es un bien pero es el bien más peligroso.

Justo por este doble sentido es que no es tan fácil construir y mantener una sociedad que asuma como valor fundamental de la vida cotidiana prácticas de comunicación incluyentes y respetuosas basadas en el diálogo. No es tan fácil, aunque se promulgue en múltiples escenarios, generar en lo social y en lo cultural, en lo institucional o en lo organizacional, espacios y canales de participación que nos permitan ponernos de acuerdo frente a las pequeñas y grandes decisiones o frente a los conflictos que se nos generan a diario. No es tan fácil propiciar diálogos que contemplen el derecho a la opinión, el derecho a equivocarse, el derecho a no saber; el derecho a contar con otros, a argumentar, a disentir, a lograr acuerdos, a reconocer la riqueza de la diferencia y la divergencia y a construir nuevas formas de convivencia que aporten al bien común.

Necesitamos creatividad para reinventarnos nuevos mecanismos de interlocución y nuevas formas de acercamientos incluyentes y productivos para enfrentar los retos y oportunidades de lograr múltiples aprendizajes con otros y de otros.
Las nuevas tecnologías de información y de comunicación nos ponen de cara a la pregunta por los aprendizajes colaborativos y los procesos de participación, es decir, nos ponen frente a la pregunta de cómo imaginar nuevos procesos de comunicación. Tal vez nos propongan un poco menos de soledad si sabemos usarlas o quizá un monto mayor de depresión y sensación de vacío si se usan por fuera de la comunicación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario