sábado, 5 de diciembre de 2009

Reflexionar la bi-mundanidad

Dos mundos paralelos corren como rios en las vidas de algunas personas. El de la presencialidad y el de la "virtualidad". Eso es bueno pero hay demasiados inconvenientes cuando uno deja de diferenciar en cual de los mundos se juega los afectos, las relaciones, los conocimientos, el reconocimiento, la vida misma. Hay quienes se mueren para "el mundo de la vida" y sus "avatares" no se han dado cuenta. Quizás no tienen un otro real para decírselos y entonces van olvidando las caricias, las miradas, las palabras gentiles que se dicen en un corredor, una sala de cine, un parque, una casa vecina, un hospital o un cementario.
Viajan eso si de red en red, de comentario en comentario, de lector en lector, sin encontrar puertos seguros donde asilarse. El mundo de muchos de estos turistas virtuales se vuelve más rápido, más explosivo, quizá más esquizofrénico. Las "verdades" pululan y estallan desde cualquier "escritor" y el pensamiento suele no tener un sitio tranquilo donde descansar.
El mundo de "las redes virtuales" promte acercar por la facilidad de sus formatos y sin embargo, extrañamente hay demasiada soledad en los "enredados". Saltar de una conferencia a otra, seguir una baraja de blogs y coleccionar pequeños videos en un delirante reciclaje de las palabras, no deja mucho espacio para escuchar los latidos del corazón.
Tanto ir y venir, tanto turismo "virtual" y tan poco tiempo para sentir y pensar plácidamente. Se está más con los suyos que con "mi gente".
Particularmente creo que hay que "enredarse" la vida con la bi-mundanidad, pero también creo hay que estar alerta, bastante alerta. Esta reflexión la hago justamente porque pienso en mis amigos cibermundanos.
De nuevo cobran sentido las bellas palabras de Heidegger, cuando dice que podemos simultáneamente "dar el si" a los objetos técnicos porque es inevitable hacer un uso de ellos, pero debemos también darles un no y de esa manera evitar que su uso nos confunda, nos "invada" y por último nos devaste.
Debemos tener cuidado de no perdernos en uno solo de los mundos. Ambos hay que aprender a habitarlos con la misma ilusión de construcción de convivencia, ética y calidad de vida para todos.
El "otro mundo", el de la virtualidad, también nos exige la construcción de nuevas reglas civilizadoras. Se presta del mismo modo al amor o a la agresión, a la construcción o a la destrucción. Allí igual somos, como diría Nietzsche: "humanos, demasiado humanos", quizás incluso en la "virtualidad" se evidencia más fácilmente alguna parte confusa de nuestra humanidad porque de algún modo nos sentimos "ocultos", con posibilidad de mutar de "identidad" y eso da rienda suelta a cualquier capacidad humana de transgresión; como si nos encontráramos el anillo de Giges del que nos habla Platón.
Justamente ayer explotó el asunto de las amenazas a la vida personal a través del Facebook y con esta "explosión" se activó una interesante discusión alrededor de los "derechos" y la "libertad de expresión" en las redes sociales, la cual, está por cierto bastante "enredada".
Al margen de lo que dice la prensa, los noticieros, los grupos de discusión, creo que lo que debemos reflexionar es en torno a la ética y a las normas de convivencia que debemos replantearnos para la bimundanidad. Ya no es suficiente la ética de un solo mundo. Ahora hay que pensar en esa otra de las "redes sociales" y en cómo no perder de vista el mundo de la vida...

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