lunes, 8 de noviembre de 2010

La creatividad del maestro en los talleres de creatividad

Sigue siendo un asunto curioso que hablemos de creatividad en el aula, y sin embargo, el discurso mismo se haga de la forma menos creativa. El mismo tablero, la misma diapositiva reflejada en el tablero, el mismo uso del espacio en donde hay un docente relativamente quieto, al frente de un grupo de estudiantes igualmente quieto y temeroso de equivocarse; las mismas notas en el cuaderno, la misma forma de configurar equipos de trabajo, la misma estructura de talleres para "fomentar la creatividad", la misma distribución de los estudiantes en el aula, el mismo ambiente de aprendizaje, la misma forma de dar la palabra y la misma forma de "socializar los aprendizajes". El docente suele pontificar que se deben evadir los esterotipos "porque cualquiera de ellos va en contra de la creatividad", pero su modo de trabajar la docencia es en sí misma esterotipada. Se parece a ese común aviso que dice "prohibido fijar avisos en este lugar".
¿Qué es lo que debe cambiar primero? El primer cambio debe provenir del ser del maestro y de su postura frente a la docencia para autorizarse a hablar de creatividad e innovación.
El asunto va más allá de invitar a los estudiantes al cambio, a la espontaneidad, a la producción de ideas, a no casarse con estructuras fijas, a producir contenidos sin censurar las ideas... en fin... y debe lograr sobre todo diversión y comprensión, es decir, disfrute y generación de reflexiones y construcciones discursivas propias en los estudiantes. Insisto en que la creatividad se juega entre el asombro y la comprensión.
El problema es que la gran mayoría de talleres le van mostrando al otro todo lo que no sabe, lo que no fue capaz de captar, lo que no pudo descubrir y poco se incentiva el trabajo colaborativo en donde se descubre que la mirada del otro siempre es enriquecedora.
Se producen demasiados silencios y poca creación de escenarios posibles.
¿Qué debe hacer el docente entonces?
Es útil que conciba el espacio de la creatividad como un campo abierto que por supuesto está mucho más allá de los linderos del aula, lo que no significa necesariamente que deba "salir" de los muros reales sino más bien de los "imaginarios".
Debe soltar-se en su capacidad de lograr multilecturas de la realidad, la virtualidad y la ficción para intentar todas las interpretaciones que le sean posibles, porque la resolución de problemas no tiene una cara, ni dos, ni tres, sino una multiplicidad enorme de formas de generarse.
Debe ser todo lo lúdico posible para sentir un placer estético en lo que hace, piensa, propone, sueña...
Debe ser todo lo ético posible para vincular las creatividad a la vida y a aportar soluciones para ser mejores seres humanos.
Y debe saberse aprendiz más que maestro para poder enseñar lo que significa la creatividad como oportunidad de crecimiento humano.

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