martes, 31 de mayo de 2011

Para la construcción de una mirada advertida sobre la infancia

A propósito de la Cátedra abierta que se realiza en la Facultad de Educación para compartir saberes y prácticas, tuvimos ayer 30 de mayo la sesión de las miradas sobre la infancia que emanan desde los proyectos de Extensión. Este fue el pequeño texto que construí para introducir la sesión:
 
El Departamento de Extensión de la Facultad de Educación busca ganar una mirada advertida sobre la infancia y la educación que se ejerce sobre ella, dado que desde los proyectos se está teniendo injerencia importante en el medio y como Facultad de Educación es nuestro deber ocuparnos de estas problemáticas para generar lineamientos de políticas públicas que aporten en la formación de los niños y las niñas en nuestra ciudad.

¿A qué nos referimos hoy con la educación de la infancia? ¿Debemos aprender a pluralizar lo que siempre estuvo en singular? ¿Debemos hablar ahora de "las infancias" para referirnos con ello a los contextos y las realidades sociales y culturales que determinan maneras de comprender y de actuar sobre la educación de los niños y las niñas?  

Es cierto que en países como el nuestro es difícil sostener “una idea clásica y romántica sobre la infancia” ya que muchos niños trabajan, son maltratados, abandonados, reclutados, abusados, y en virtud de nuestra gran diversidad social y cultural, nos vemos llamados a construir otros modos de abordajes educativos que sean capaces de ir más allá de aquellos que aún evocan imágenes de niños y niñas con miradas inocentes.

Alguien decía: Hay que derrocar la idea de una infancia como mundo mágico y paraíso de ensueños e imaginación, porque en la infancia también se sufre, también hay ausencia, también hay enfermedades terminales, también hay miedo, también hay horror. Creo que la infancia no puede ser vista como ausencia de humanidad. ¡Por el contrario! Es el tiempo de aprendizaje de lo humano, que implica aprendizaje de lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, lo justo y lo injusto, es decir, implica constitución de la subjetividad en el marco del ingreso a lo social mediado por las relaciones interhumanas y la sujeción a la ley que nos crea el referente de la cultura.

Desde los proyectos de Extensión nos hemos preguntado, en el marco de las políticas públicas y las normativas, por asuntos tales como el Plan de Atención Integral a la Infancia, que nos permite interrogar ese concepto de “atención integral” que circula en los grandes proyectos de carácter local, regional y nacional. ¿Qué implica esa integralidad? ¿Qué tan consistentes son las políticas públicas y a partir de qué se configuran? ¿La atención es prestada bajo un enfoque de servicio o bajo un enfoque de derechos?

También nos hemos preguntado por la inclusión educativa y los problemas que se generan en torno a la escolarización “en sectores con alta vulnerabilidad social y escolar, reconociendo que los procesos escolares de inclusión por sí solos no garantizan la restitución de los derechos de los niños y las niñas, si no van de la mano de políticas institucionales adecuadas y pertinentes que identifiquen los factores que perturban las trayectorias escolares de los niños, niñas y adolescentes” y evidencian múltiples posturas subjetivas frente a la vida y a la muerte,  frente al desarrollo social y cultural. ¿Qué hace que los niños permanezcan en la escuela y la vean como un espacio para su desarrollo afectivo y su aprendizaje? “¿Qué visión tienen ellos de su proceso de escolarización?” y “¿qué percepciones tienen los maestros y maestras de las políticas de inclusión que se construyen en las instituciones donde ejercen su práctica?”

Sabemos también de la importancia de “dar la palabra a las voces de los niños y niñas” para hacer un énfasis en el sujeto que educamos tanto como en los saberes que lo introducen en la cultura. ¿Cómo abordan los proyectos los conceptos de infancia en medio de la diversidad cultural?

Finalmente, sabemos también que la calidad de la educación no se decreta sino que se construye en el aula “implementando modelos pedagógicos y didácticos que promuevan el desarrollo del pensamiento” de los niños y las niñas y los acercan a otros modos de aprender y por qué no… de ser.

Es responsabilidad de la universidad lograr que las palabras no dichas  o silenciadas, como las que tienen que ver con los derechos, operen en el medio aunque se espere de nosotros una labor de veedores y verificadores en la prestación del servicio. Nuestra responsabilidad es poder llevar al debate académico lo que nos estamos encontrando para seguir aportando en la consolidación de las políticas públicas, la recuperación de las palabras, los discursos y las reflexiones que retornan a las aulas.

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