jueves, 24 de noviembre de 2011

MDE11

Con curiosidad y entusiasmo me fui a ver la exposición del Museo de Antioquia en el marco del MDE11 por una motivación que me generó un amigo. Sólo puedo decir que me encantó encontrarme con algunas de las obras que a mi modo de ver son bastante especiales. Pensando, como diría un colega "en clave de Facultad de Educación" me encontré dos obras en especial que creo que bien podrían ser consideradas por los "maestros en formación" y por supuesto por aquellos que los "forman".
Una de las obras se titula LA CLASE de la tailandesa ARAYA RASDJARMREARNSOOK (1957). Se trata de una clase magistral, amena entre otras cosas por el tema que trata y la manera como la profesora (artista) va llevando el hilo de su discurso, dirigida a seis cadáveres estrictamente bien dispuestos en un espacio blanco "impecable" y desprovisto de cualquier color "vívido". Los cadáveres alumnos parecen listos para "escuchar" atentamente las sabias palabras de su maestra. Ella imparte su clase independientemente de si sus "alumnos" o "discípulos" están vivos o muertos. Parece un acto universal que señala un mismo gesto de ser maestro, con un modo de pararse frente al negro tablero limpio que lentamente va llenandose de letras-tiza. Por un momento no supe si ella era tailandesa, española, chilena o colombiana. Daba igual... su forma de hacer docencia se parece demasiado entre unos y otros. Insisto en que era agradable seguir el hilo del discurso y el entramado general de la obra.
Sin embargo asumí la obra como una crítica bastante especial hacia el acto educativo. La maestra vestía una batola larga y negra como su tablero (pizarra). Siempre estuvo de frente a sus alumnos lista para responder incluso las preguntas que sus inermes alumnos no habían formulado. Como en un eterno monólogo la maestra se pregunta y se responde a sí misma sin buscar otra alteridad que su propio pausado discurso. No sucede lo mismo con la otra video intalación en la que la misma maestra (artista) ya no imparte una "clase" sino un "seminario". La disposición de los alumnos tiene un poco más de movimiento. Hay cercanía de ellos al tablero y distancia de ella respecto a su rigidez y compostura corporal. El sólo nombre ha modificado su posición frente a los alumnos y al espacio. También el discurso tiene más de si, más subjetividad. Su vestido es blanco, igual al espacio forrado de tela blanca y a las sábanas que cubren a sus muertos. También el seminario es sobre la muerte. pero algo cambia entre clase y seminario. El cuerpo de la profesora se involucra. En fin... excelente trabajo el de esta artista justo en una convocatoria como la del MDE11 que es para "aprender y enseñar".

Este puede ser vinculado a la maravillosa propuesta del artista colombiano Paulo Licona, de Tunja, con su obra LA ESCUELITA DEL MAL (TIZÓDROMO) 2011. Aquí el tablero se convierte en juego, en cancha, en patio de recreo, en Tizódromo, en una especie de grafiti, en posibilidad de insulto. Y la tiza es paso, golosa y cuadro a la vez, piscina, tan anuncio como composición para un insulto al "profesor hijueputa". Hay que pasar por la tiza para ver los tableros pisos, tableros paredes, tableros casi techos, tableros juegos. Y hay que des-sacralizarla, desmaterializarla, volverla a su esencia del "polvo eres", es decir, hay que tomar la decisión de pisarla o saltarla y esto pone al espectador ante una especie de dilema frente a la vieja tiza de polvo interminable e invasor que logra calar hasta la mirada del ser maestro. Tal vez por eso aún se escucha que se le nota la tiza a los maestros. Hay tres piscinas de tizas que separan los dos salones que componen la exposición. De un lado hay un piso-tablero y del otro... sólo hay baldosa de granito con fondo blanco. Es relativamente fácil el paso del piso-tablero a la baldosa clara. No sucede lo mismo cuando el cuerpo, acompañado de la percepción engañosa, intenta devolverse cruzando las piscinas de tizas hacia el fondo verde profundo del piso-tablero. La percepción juega un juego extraño pues genera un poco de inseguridad para el cuerpo al tener que hundirse en esta extraña "profundidad". ¿Tendrá algo que ver con la sacralidad de un espacio tantos años dedicado a la "enseñanza" de los conocimientos?

Creo que hay que ver esta exposición en clave de "Facultad de Educación".

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