lunes, 15 de abril de 2013

Entre presencias y ausencias

El 2013 me sorprendió tocándome las raíces más profundas de los sentimientos. En 85 días las palabras me han fallado y faltado sin que lo pueda evitar. Ellas se ocultan, se escapan, se olvidan, pierden su sentido. En su lugar... las lágrimas afloran solas, como ríos con curso y caudal natural. A veces son tan abundantes!!! Nadie las llama, nadie las espera. Simplemente están ahí haciendo presencia en un cuerpo habitado y deshabitado por las presencias y las ausencias.
Muchas preguntas, muchos silencios, una cierta vaciedad. Y esa extraña pregunta por la orfandad a tan avanzada edad. No pensé que se pudiera ser huérfana a cualquier edad. Creía que sólo ocurría en los terrenos de la infancia. Para no sentirla, he intentado describir esa especie de abrazo interior que está aquí por dentro, sin cuerpo, sin voz, sin dueño, como otra faceta del recuerdo. Y todos nosotros hablamos de lo mismo una vez, dos, tres, mil veces y volvemos a empezar como si cada día renovara el sentir y re-descubriera la falta.
Las personas amigas o algo cercanas también renuevan su dolor en uno como si el dolor propio fuera espejo para los demás. Y dan consejos basados en su experiencia de íntimos dolores hasta que terminan expresando que lo duro, lo peor aún no ha comenzado.
Ahí es donde la perplejidad vuelve a robarse las palabras y uno camina sin horizontes porque la tristeza trae su propio borrador, que por cierto es bastante inestable porque incluso a ratos se borra a sí misma.
Se configura entonces en el marasmo de sentimientos, una nueva dimensión para pensar la presencia en la ausencia. Más que el lenguaje, la muerte si que hace presencia total en los vivos. Ahí he comprendido la fuerza de la presencia. El amor hace presencia en la presencia pero el duelo lo hace en la ausencia. El 2013 me sorprendió tocándome las raíces más profundas de los sentimientos.

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