domingo, 2 de junio de 2013

Des-apropiación para la innovación 3

En otros momentos de este mismo blog (27/09/12) comencé a escribir sobre el tema de la des-apropiación para la innovación en educación. Quizás el término "des-apropiación", si es que existe, lo quiero asociar mucho más al de creatividad que al de "capacitación". Y la creatividad por supuesto siempre la he pensado en relación a la "in-VES-tigación" como esa enorme posibilidad de un sujeto o de un colectivo de arriesgarse a VER de otras maneras lo que sus contextos y su cultura le permiten o le sugieren re-conocer.
Es claro que no me refiero a la investigación en ese sentido estricto y frío como a veces lo piensan las universidades, con sus eminentes investigadores de punta que poco contacto logran con la "realidad" social y subjetiva de los "investigados". Me refiero más bien, al tipo de investigador que es para sí mismo un aprendiz permanente y constante, como el niño en el juego, o el docente en el aula (y no un pontificador de "verdades", al que las preguntas más simples pero más profundas, no los in-quietan sino que los "domestican" y acomodan en convenientes respuestas que les "validan" sus viejas y caducas "teorías" que comparten en el “grupo de investigación”). Me refiero a la creatividad como un saber variable, mutable, modificable, jugable... placentero... indagador... crítico, racional… tan divergente como convergente, explorador; tejedor de tiempos entre pasados-presentes y futuros y capaz de escuchar los latidos de la cultura; la creatividad como un saber que toca mucho más con el ser que con el conocer y por tanto desarrolla más capacidades para vivir la vida que para teorizarla o enmarcarla en la "definición de un problema" y ajustarse a estándares educativos.
No alcanzo a comprender el auge desproporcionado del término innovación y sobre todo de éste asociado a la educación; menos aún puedo comprender el uso de este sin considerar la creatividad. La innovación parece cobrar ahora más categoría que la creatividad. Como si pudiera haber innovación sin creatividad y creatividad sin juego, sin placer, sin pensamiento. Ahora parece que la innovación es la más moderna tarea que se le suma a la escuela y lo peor es que parece diferente al “aprendizaje”. De hecho ya se habla de “construcción de capacidades… para innovar”. Se espera "innovar en todo" (menos en lo social y en ser mejores ciudadanos) y hay demasiados "investigadores" esperando a la vuelta de la esquina que la innovación empiece (quien sabe dónde) o simplemente están tratando de descubrir formas de "fomentar" la innovación y no así de fomentar el pensamiento creador con todas sus posibilidades de aprender de otras maneras, de explorar en otras áreas, de ensayar diferentes conexiones y asociaciones entre los conocimientos, de no apostar siempre a las respuestas correctas ni a mirarse y medirse en estándares de evaluación internacionales como si para educar en países como el nuestro tuviéramos sólo dos o tres espejos en los cuales mirarnos y reconocernos.
Me temo que con el término innovación se desencadenará en nuestro país una gran cruzada “investigativa” que le señalará a cada maestro qué debe saber del aula (como si no supiera) y como deben "aprender" a escuchar las mil respuestas o las mil preguntas que en simultánea se construyen en un aula; quizás creerán que les deben decir a los maestros cuál es la mejor forma de “enseñar” y al alumno le indicarán las mejores formas de aprender. Hablarán quizás con mayor intensidad de la “generación de nuevo conocimiento” pero probablemente olvidarán acercar a los niños (a) y los maestros (a) al “pensar”, a la crítica, a la ética, a la estética, a ver varias caras de una misma realidad, a sospechar de las verdades y los dogmas, a indagar, a jugar, a crear.
Realmente espero que todos estos procesos "investigativos" que se ven venir sobre la escuela, sobre todo en procesos que tengan que ver con el uso educativo de las TIC, sean para formar mejores personas, mejores ciudadanos; más lectores que disfruten encontrar mundos imaginados, más escritores que crean que narrar la experiencia de aprendizaje es también un acto de generosidad con el otro y un reconocimiento del valor del otro como interlocutor válido en el aprendizaje; más sujetos constructores de futuros y mundos posibles que apoyen en la solución de tantos problemas sociales; que valoren la colaboración, la palabra del otro, la diferencia, la maravilla que implica la cultura...

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