lunes, 30 de septiembre de 2013

Dos meses en el ITM

Me sorprende gratamente conocer por dentro la institución universitaria ITM de Medellín. La encuentro sana, tranquila, responsable, amable, creadora… abierta. La veo cotidianamente preocupada por asumir su compromiso social de ser una institución de educación superior pública, transformadora y clave en la vida de los ciudadanos. La encuentro en un esfuerzo constante por mirarse a sí misma para evaluarse y medirse en comparación con lo que ella misma era antes. La veo con deseos de verse en su propio crecimiento y madurez. Con deseos de medirse para saber si el camino recorrido está bien, es útil y si en realidad es un esfuerzo de muchos, o de casi todos.
Creo que uno puede evaluar también una institución desde el clima que vive en ella, desde el lenguaje que se construye y reconstruye cotidianamente, desde las visiones compartidas, o desde las relaciones interpersonales que se pueden y se logran instaurar en su interior y en su exterior. Me siento feliz de habitar este espacio institucional. Llevo apenas dos meses leyendo y reconociendo el esfuerzo que han hecho y siguen haciendo muchas personas por lograr que la institución sea lo que hoy es. Encuentro miradas tranquilas, sonrisas limpias, conversaciones amenas, liderazgo, respeto por los demás… Claro… también encuentro lo contrario, pero son muy, muy pocos, los que veo desgastados, con paso lento, cansados y hastiados, para los que nada sirve o casi nada es bueno.
De resto… me sorprenden los ríos de “hacedores” y “creadores” maravillosos que tiene la institución. Las personas creen en ella. No en su “marca” sino que creen realmente en ella. Se sienten parte de ella… responsables de hacerla crecer y de cuidarla.
Quizás esa misma sensación la experimenté hace muchos años en la que hoy es la Fundación Universitaria Luis Amigó. Allí fui absolutamente feliz durante mi estadía. Tuve amigos que aún hoy permanecen en mi recuerdo y mi corazón. También fui muy feliz en el Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid (en ingeniería y en recreación) o en EAFIT y la UdeA. En ellas se podía pensar y hablar. Y había quien escuchara. Y los jefes eran amigos, coequiperos. (Para que se apacigüen mis recuerdos alborotados, citaré algunos de esos buenos y viejos amigos que aún hoy habitan en mi: Rocío, Javier, Lucas, Claudia, Mónica, María Elena... Álvaro, Olguita, Laura, Elkin, Rossi...Claudia, María del Rosario, John, Beatriz... Marina, Marta, Fabio, Carlos, Luz Stella, Gerardo, Alex, Diana, Félix, ...)
Eso mismo hace parte de este proceso de hacer institución que percibo en el ITM.
En estos dos meses que hoy cumplo, me he preguntado por qué antes no la veía como la percibo hoy. Tal vez me había ensordecido demasiado en los últimos tiempos con el ruido insoportable y fastidioso de la soberbia extrema de esos “investigadores” que se sienten “dueños” de una institución privatizando lo público con discursos muy elaborados pero sin ninguna conciencia social.
Instituciones como esta no puede caer en esas trampas absurdas en las que caen los que se sienten más que los otros, básicamente por la diferencia en la modalidad de sus contratos.
De todos modos me alegra mucho hoy hacer parte de este esfuerzo por hacer esta institución. Espero poderle aportar.Qué gusto poder contar sobre mi bienestar en estos dos meses.

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