miércoles, 4 de septiembre de 2013

Ser innovador o no ser innovador.... quizás esa no sea la cuestión.

Acabo de salir de la primera sesión de un seminario de innovación social en el ITM y escribiré a modo de memoria. Rico estar pensando el tema con otras 10 o 12 personas con diferentes miradas, preguntas, creencias, preconcepciones, saberes, prácticas o teorías. Por eso estoy ahí. Por supuesto se habló de muchas cosas. Por ejemplo, fue citado el Manual de Oslo, se habló de las patentes, del mercado, de la moda de hablar de innovación, de la actualidad del tema en las agendas políticas o en el Foro Económico Mundial (del cual vimos un video sobre la innovación social realizado por Gabriela Frias) y que remite a conceptos como emprendimiento y sostenibilidad entre otros, fue citado el premio Nobel de economía 1998 Amartya Kumar Sen, los Objetivos de Desarrollo del Milenio ODM, y el Indice de desarrollo humano (IDH)...
También se habló del rigor conceptual y surgió la inevitable pregunta por las fronteras entre la creatividad y la innovación, en fin... Para el caso de este seminario no se tratará de hablar de innovación tecnológica sino de la pregunta por la innovación social. Por eso la referencia a la ANSPE (Agencia Nacional para la superación de la pobreza extrema, a la violencia en Colombia desde hace más de 60 años, al informe "Basta ya", o a conceptos desgastados como el de Responsabilidad Social Empresarial (aunque esto no se tocó mucho en realidad.
Durante las dos horas de encuentro pude preguntarme: ¿qué es lo social de la innovación social? ¿dónde está lo social? ¿Está afuera o está también en las comunidades más "próximas" que habitamos? Por ejemplo, para los que pasamos la vida en un aula, en un centro o institución educativa (y en particular de carácter público)... ¿tendremos que salir a buscar "lo social" en otro lado? ¿acaso lo social no habla en las palabras, en los silencios y en los gestos de los estudiantes (también de los profesores, los administrativos, los empleados o los vigilantes y el personal de mantenimiento y aseo) que cuentan, incluso a veces muy a su pesar, de sus barrios y sus necesidades, sus conflictos y sus miedos, del hambre, de la vulneración de los derechos, de la exclusión, de la droga, de las discapacidades, de la violencia... y porqué no también, hablan de las manifestaciones culturales, de la risa, de los sueños, de los logros, de los grupos y las comunidades, de sus afectos, de las comidas, en fin... ¿no hablan acaso todo el tiempo profundamente de "lo social"? ¿dónde y cuándo inicia y culmina la innovación en el aula? ¿la innovación educativa no debe pensarse también desde la innovación social?; ¿o será que queda más fácil hablar de matemáticas, ciencias naturales, lengua materna, que de construcción de tejido social desde el aula y la institución en general? La innovación debe ser capaz de hacer tejidos, de crea, vínculos, de "incluir". Todo esto me lo pregunto a propósito de los "Centros de Innovación Educativa" del país. ¿Dónde debe darse la verdadera creación e innovación? ¿No es acaso en cómo lograr ser mejores seres humanos con y entre otros?. ¿Qué pasaría si el país exigiera que estos centros de innovación verdaderamente se preocuparan por lograr la formación de mejores ciudadanos y que entre los cinco centros se buscaran soluciones para las problemáticas reales que se viven en "lo social" de las vidas cotidianas?

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