jueves, 24 de octubre de 2013

Terrible nota periodística

Más allá de la devastadora nota sobre Raúl Cuero, publicada hoy en el Espectador quiero tratar de entender un poco lo que “veo” (puede que miopemente), quizás para sacudirme un poco el sabor amargo que me dejan estos largos párrafos que pretenden mostrar las otras caras de “la verdad”. Siento que esta es una nota corrosiva, explosiva y dañina que se sirve como plato fuerte para la sed de “sangre” de algunos “periodistas expertos” que parecen saber de todo y emiten juicios expertos sobre ciencia, filosofía, arte, economía, política, futbol, arquitectura, desastres, acuerdos de paz, o sobre cualquier cosa que haga noticia. Hoy glorifican y encumbran y mañana hunden y aplastan. Pero lo aplastado puede ser re-encumbrado sin ninguna vergüenza al día siguiente. El mismo profesor Bernal lo dice cuando expresa que “algunos científicos maduran a punta de periódico, como los aguacates”.
Quizás es verdad que al doctor Cuero sus grandes o pequeños logros lo rebasaron en su ego y el orgullo le ha jugado bromas pesadas como la de ahora. Es posible que haya escrito dos versiones de su “autobiografía” (no las conozco y me gustaría conocerlas), tal vez buscando hacer una reflexión sobre sí mismo y sobre sus modos de acercarse al conocimiento, a las altas esferas de la ciencia internacional o con mirada retrospectiva sobre las calles polvorientas y pobres que lo vieron nacer y sus casi nulas oportunidades de ser lo que hoy es. Quizás el vértigo mediático de su salto desde “Tumaco a la Nasa” lo haya enredado y obnubilado del mismo modo que está cegado de expresiones apasionadas el profesor Bernal en nombre de la incondicional rigurosidad para con la ciencia y sus productos “indexados” o “patentados”.
Yo quiero referirme a ese hombre que vi y escuché en Virtual Educa 2013, al lado de más de 3000 maestros maravillados con la ciencia y con la posibilidad de pensarse a sí mismos como capaces de acercarse a ella (como pocas veces uno los puede ver). Ese que estuvo en el ITM, en la UdeA, en tantas partes hablando de los sueños y la creatividad, de la innovación y del valor de la pasión en la construcción de conocimientos. No creo que estas instituciones hayan sido tan ingenuas (como lo deja pensar el autor de la nota) de no saber a quién realmente invitaban o a quien le daban el título de Doctor Honoris Causa.
Creo que ADEMÁS de sus méritos científicos, invitaron a un hombre orgulloso de lo que ha logrado, con sueños e ilusiones y sin vergüenza de sentirlos, viviendo eso sí un poco del turismo académico-científico (como lo viven muchos otros no tan científicos), pero al fin y al cabo, un hombre sencillo capaz de plantar en el corazón de muchos una pregunta por la relación ciencia y vida cotidiana. Un hombre que como diría León Olivé es capaz de “comunicar” la ciencia. Quizás eso es lo “imperdonable” igual a como los del “gusto puro” por la música no le perdonaron hace años a la corporación Amadeus presentar la música clásica los viernes en un parque de la ciudad.
¿Mentiroso?, ¿Estafador… hasta casi convertirse en “delincuente”?... No lo creo. Tal vez permitió que dijeran de él más cosas salidas de la imaginación y el deseo del otro, que lo que era él en sí mismo. ¿Culpable entonces? ¿Debía detenerlos en medio de la borrasca de la prensa? Creo que el gusto por el “ego” ha sido a través de la historia un “pecado” cometido por la iglesia, los políticos, el estado, las univeridades, los científicos, los deportistas, los periodistas … la “gente de a pie”. “Narcisismo” le llamó a eso Freud y lo explicó bastante bien.
A pesar de lo que parece no estoy en desmesurada defensa. Sólo quiero desmarcarme de este momento de “goce” en el que veremos cómo lo devoran los “expertos” que antes lo admiraron. Yo admiro al hombre que vi hablándoles a los “educadores” y que nada tiene que ver con que sea de Tumaco, Mitú o Bogotá, ni que sea pobre o rico, negro o blanco. Tomaré distancia del nuevo “goce perverso” de nuestra prensa nacional y cuidaré las palbras porque el daño no se le hace sólo a cuero sino a los maestros, a los estudiantes o tantas personas que se dejaron cultivar de admiración por él o por lo que él RE-PRESENTA.
Marta Inés Tirado G

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