viernes, 17 de enero de 2014

Tiempo libre

He iniciado el año con una calma extraña adentro de mi. Sólo quiero habitar el campo y disfrutar del verde, del color de las flores nacientes, del azul que a ratos se pierde entre pesados grises de niebla anunciando que viene un frío exterior. Y quiero escribir pero mi alma está en silencio. Ni siquiera necesito escuchar nada. Es una especie de soledad bonita pero extraña. Quizás sea porque hay una marea alta de recuerdos causada por el vecino primer aniversario de la muerte de mi madre. Me veo a ratos buscando palabras, miradas, ecos de su voz y de su risa, fotos e imágenes para intensificar su recuerdo, aunque no es necesario pues desde su partida comprendí qué quiere decir realmente el sentido de la palabra "recuerdo". Es algo que vive dentro y al lado de uno, por siempre. Eso es una bella experiencia. Creo que esa intensidad y permanencia me protege de la tristeza. Camino poco. Abro a duras penas la puerta para salir. No estoy triste. Sólo estoy conmigo misma, escuchándome, sintiéndome, viviendo lentamente. Una orquídea nació ayer como si quisiera saludarme y la verdad... me hizo feliz. Me gusta vivir esta simplicidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario