martes, 11 de febrero de 2014

De una lectura sobre innovación

A propósito de la lectura del texto: El significado de innovar, escrito por Elena Castro Martínez, de INGENIO (CSIC-UPV), se me ocurren varias observaciones.
Quizás lo primero a destacar es la amplia bibliografía a la que remite la autora, entre ella, los estudios del investigador Benoit Godin, en su proyecto "la historia intelectual de la innovación".
La autora señala que el concepto en cuanto tal, no siempre ha tenido históricamente, un sentido positivo, sino más bien todo lo contrario, pues en cierto modo, innovar significó a lo largo de la historia modificar el orden establecido, alterar las costumbres, perturbar en cierto modo la fe y las creencias o revolucionar repentina y a veces violentamente, lo que está estandarizado y fijo en la sociedad.
Sólo hasta el siglo XX, a la altura de su tercera década, Joseph Alois Schumpeter le asignó connotaciones "positivas" asociándola al desarrollo económico. Según la autora, Schumpeter introdujo desde entonces el concepto de "emprendedores innovadores" (que en nuestro medio cobra tanta relevancia, más aun cuando nuestro gobierno pone como bandera el tema de la "prosperidad") e introduce la relación de la innovación con conceptos como los de "progreso", "competencia" e incluso "destrucción creadora". "Producto" y "mercado", creación, transformación, modificación, mejoramiento... introducción de una nueva mercancía, un nuevo método de producción, un nuevo mercado, una nueva fuente de materia prima, una nueva forma de organización industrial, son conceptos claramente asociados a la innovación en la perspectiva de este autor hacia 1934.
De la noción de producto se avanza hasta incluir también la noción de servicio y de ahí, a la de uso, utilidad o aplicación con éxito", para dar soluciones a los problemas y satisfacer las necesidades del individuo y la sociedad, tal como lo promulgó la UE en 1995.
En ese trasegar la innovación no sólo está en los terrenos de la industria y la tecnología o de la economía, sino también de la sociedad en su conjunto y de la cultura.
De ahí que la innovación entonces se asocie también con la conducta, la actitud del sujeto y las prácticas humanas. Interesan las actividades, los procesos, los resultados (productos y servicios), los riesgos, el tiempo invertido, la comercialización, las formas de organización y de aplicación, las relaciones, el éxito.
Y una vez que la innovación se convierte en objetivo político de las naciones y el Manual de OSLO se ofrece como "guía para la realización de mediciones y estudios de actividades científicas y tecnológicas que define conceptos y clarifica las actividades consideradas como innovadoras", cobra mayor sentido la inclusión de los grupos de investigación de las universidades para apoyar los procesos de fundamentación de la innovación tanto tecnológica (productos y servicios más procesos)como social (comercialización y organización).
El "papel de la universidad" también se transforma en tanto, entra "una tercera misión" adicional a las actividades de enseñanza e investigación, "orientada a contribuir de forma directa al desarrollo socioeconómico y cultural de su entorno" segùn el profesor Henry Etzkowitz. Esta función que es llamada en nuestro medio "Extensión universitaria" tiene por objeto ocuparse entre otras, de la transferencia de conocimiento, apoyar parques científicos o tecnológicos, incubadora de empresas, pero antes que nada tiene la función de servir de puente entre las otras misiones institucionales y la respuesta a las necesidades de la sociedad. Y quizás uno de los mayores retos de la universidad hoy es lograr consolidar procesos de innovaciòn social que aporte al desarrollo y mejoramiento de la vida en comùn de los ciudadanos.

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