miércoles, 29 de octubre de 2014

De la breve historia de la educación infantil en la UdeA

Hace 8 días recibí de parte de la jefa del departamento de Educación Infantil de la UdeA, la profesora, Diana Posada, una hermosa invitación a una celebración. Tenía por objeto reunir a muchas personas que hicimos parte de la historia de este departamento, algunas por más de 20 años y otros mucho más recientes que hoy hacen parte de la escritura de esta historia con la infancia en Medellín.
También se proponía poner a circular las palabras de la memoria a través de un video realizado a muchas voces y con muchos sentimientos. Efectivamente fue una celebración que permitió el encuentro de profesoras y profesores, algunos decanos y vicedecanos, algunos jefes anteriores de ese departamento, algunos egresados con sus asociaciones, algunos alumnos, uno que otro personal administrativo, y lo más bello, permitió que por una vez más nos miráramos a los ojos, nos brindáramos una sonrisa limpia y serena y acariciáramos juntos el paso productivo de tanto tiempo que da fe de las historias personales. Buena esa por el esfuerzo realizado por la profesora Posada y su equipo de trabajo. La vi soñarse ese proyecto casi un año.
Muy bellas las palabras del promotor de esta licenciatura en educación infantil de la UdeA, profesor, Egidio Lopera. Decía que hace 30 años (32 para ser más axactos), la educación de los niños y las niñas "dejaba muchas dudas e inquietudes flotando a su alrededor". Y agregó: "Si los niños de esa época, hubieran podido expresarse en un manifiesto infantil de protesta, contra el empeño de esa pedagogía adultocentrista e intrumentalista, de hacer de la niñez un mundo infiltrado por la veleidad moralizante de los adultos, posiblemente habrían surgido las siguientes demandas y reclamos: ¿por qué los adultos nos hablan con un lenguaje patéticamente oneroso, desconfigurado, y agotado? ¿por que nos programan fiestas infantiles en lugar de permitirnos corretear, explorar y descubrir, para tener el placer de inventar? En lugar de cuentos de hadas, preferimos jugar con niños y niñas de nuestra misma edad. No nos aburren las cosas para los niños. Lo que nos aburre es lo que los adultos creen que son cosas buenas para los niños. No tenemos prisa de parecernos a los adultos. Queremos disfrutar la infancia y la niñez".
Luego de eso el profesor señaló que la propuesta fundacional de la licenciatura en educación infantil tenía mucho que ver con romper esa lectura lineal que predominaba en ese momento frente a la infancia y contaba con el deseo de aproximarse a la denotación del constructo ser niño, ser niña, planteando con ello su advenimiento como sujeto, es decir, cómo fue deseado, esperado, en que contexto social y cultural estaba inscrito, "implantado" ese constructo, que lugar ocupaba en el deseo de los demás y en calidad de qué era deseado.
Confiesa que la propuesta también tenía también algunas asociaciones, desvíos, disgresiones, prejuicios... que luego las reformas posteriores supieron tener en cuenta. Afirma que las vibraciones sociales de la propuesta era tan intensa que llevó a cada profesional del equipo a buscar redes e interlocutores para mejorar la propuesta en cada una de las dimensiones: corporal; psicolingüistica y comunicativa; socio afectiva y neurocognitiva; ética y de los valores humanos; artística,estética y recreativa; lógico-matemática; ambiental.
Las palabras de Egidio Lopera eran complacidamente seguidas por los asistentes, incluyéndome, pero resalto aquí a quienes me dio mucho gusto volver a ver en ese escenario: Vladimir Zapata, Martha Victoria Villa, María Norela Rúa, Marina Quintero, Luz Stella Isaza, Tere Zapata, Alex Yarza, y por supuesto Diana Posada. Me gustó evocar en el video, con mis palabras de afecto y amistad, a Anita Rodríguez por ser una mujer generosa y respetuosa con los docentes de cátedra.
Si pienso cuál fue mi aporte dentro de esa historia debo recordar hoy que llegué a ella hace 25 años. Conocí a casi todos los que fundaron ese sueño porque cuando llegué, aún el sueño era tan reciente que las personas todavía se estaban inaugurando muchas de las preguntas aunque hay que decirlo, ya arriesgaban muchísimas de las respuestas que iban a predominar en la concepción pedagógica de la infancia, en la Facultad. Llegué en el mismo año de la Convención internacional de los derechos del niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Llegué desde el lugar de psicóloga a dar los cursos que en ese entonces se llamaban Desarrollo afectivo (I y II) y que más tarde migraron a llamarse: Sujeto y Educación y a derivar en el colegio de psicopedagogía en el que participé por varios años y del que quedaron algunas bellas publicaciones.
Unido a ellos, preparé el curso de Fundamentos de expresión artística desde el que propuse una mirada diferente a la concepción de juego humano que se estaba trabajando hasta el momento, dado que mi tesis de psicóloga, que se titulaba ¿Clínica del juego?, me permitía señalar el juego como fundamento de la creación y la expresión artística, y resaltar su articulación con la educación, en particular con la educación infantil. Recordé la maravillosa propuesta de Zayda Sierra con su juego dramático y sus modos de proponer las microprácticas que se hacían en ese entonces.
Leyendo estas palabras efectivamente reconozco que recordé mucho, pero también aprendí mucha de esa historia que sólo se ve, como diría con Gadamer, desde una prudente "distancia histórica".
Gracias profe Dianita. Estoy segura que fue una experiencia de aprendizaje esta celebración. Un abrazo

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