Di-versiones en mis aprendizajes

martes, 30 de julio de 2019

Apuntes para leer con ojos ajenos (12)

Dudar del mandato. El patriarca en Manuel Mejía Vallejo. Por: Eliana María Urrego Arango
Volvió de un sólo golpe de conferencia el recuerdo de ese señor alto, bonito, gallardo, elegante, fumador, y creo que hasta gracioso. Volvió el recuerdo de la Biblioteca Pública Piloto y las conversaciones amenas de los amigos en público, tal como Juan Luis Mejía se declaraba con respecto a él. Volvió un deseo de leer a Mejía Vallejo, ahora con los ojos de esta adultez que me alborota el alma cada que voy a la cita de Lectores y Lecturas. Manuel Mejía Vallejo ese era ese señor al que me refería y Eliana María Urrego Arango la conferencista.
Cuando entré me advirtieron: es psicóloga. Qué bien, dije con algo de extrañeza por el comentario y puse su título en la silla del lado para que no me estorbara. De hecho casi he tomado la decisión de no llegar temprano a la lectura del currículo del conferenciante, a la presentación del Lector de turno, pues quiero jugar a escuchar al otro sin currículo, sin presentación, sin historia. No quiero saber si su lectura es hija de un doctorado, o hija del sillón de la sala, o de la cafetería de un parque central en un pueblo lejano.
Cuando veo a Eliana con su vestido rojo de manga sisa y su cabello rizado me gusta su figura. Creo que nos conocemos, creo que hemos coincidido en algún momento de nuestras vidas, pero no logro recordar. Me da vergüenza preguntarle. Pero se que hubo un momento largo de mi vida en que coincidimos en alegrías y amigos. Por este lado no diré nada más. Me gusta su dramaturgia y expresión corporal para exponer. Es como si tuviera una juventud detenida, abrazada, encarcelada. La voz, la frescura, la poca postura de doctora es encantadora. Se habla a así misma con ese dejo que tenemos los antioqueños y que Carlos Mario Aguirre caricaturiza tan graciosamente en sus obras de teatro.
Su pregunta es por los hombres de las novelas colombianas y las figuras masculinas, por eso de ¿Qué es ser un hombre? Recordé que en mi formación como psicóloga me pregunté por lo femenino y curiosamente apenas hoy caigo en cuenta que jamás pensé que podía preguntarme por lo masculino. Como si lo masculino estuviera muy claro y el gran enigma fuera sólo lo femenino, tal como aprendí a la sombra de la letra de Freud, Lacan y mis profes (hombres) de psicoanálisis .
Eliana invita a la conferencia al coronel Aureliano Buen Día, personaje de Gabriel García Márquez y Maqroll el Gaviero, personaje de Álvaro Mutis. Dice que son dos obras de dos hombres hablados por sus hombres. Encuentra en ellas y en las de Mejía Vallejo una visión del hombre latinoamericano, una presencia masculina que va mostrando características de hombres derrotados, con proyectos fracasados, provenientes de pueblos, vinculados a cantinas y prostíbulos, homosexuales algunos, cuchilleros casi todos, figuras de gamonales o de hombres sin lugar... Hombres que responden al mandato de la cultura y de la familia antioqueña para la cual el valor principal y más importante es la riqueza, tal como lo afirma ella de la mano de la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda quien arriesga la tesis de que la organización de la familia antioqueña parte de la riqueza como valor.
Eliana habla de su tesis doctoral escrita a partir de Balandú y el espacio imaginario creado por Manuel Mejía Vallejo. Menciona otras tres obras (las cuales salgo a buscar como loca y a leer reseñas o estudios sobre cada una de ellas): El día señalado (Premio Nadal 1963); Aire de tango y la Casa de las dos Palmas. En ellas hay plasmada una imagen cercana de la violencia en Colombia, de cómo la venganza hace parte de un círculo imposible de evitar; habla de los hombres y del patriarca, de las generaciones que le siguen (los Herreros) para explicar con ellas como cambia el mandato entre generaciones coincidiendo con ello el tránsito que se da desde la tenencia y el cuidado de la tierra hasta el cambio de valorar la industria como lugar para conseguir fortunas, el poco valor que empieza a tener el poder y la pregunta por la "maldición" para quienes no logran sostener el patriarcado. Un patriarcado que se va también desfigurando con el alcohol y del cual emerge una especie de antecedente del narcotráfico.
Hay claro está, pocas alusiones al rol de las mujeres, a sus pocas voces en las obras de los hombres, y emerge la mujer que ve más de la cuenta y justo se queda ciega, la mujer maltratada, la que es silenciada, la mujer bruja o la gran cuidadora que se pregunta por la decencia y cierra para siempre "el baúl de la buena esperanza".
Es delicioso escucharla. Ella lee, se va para los libros y las citas y vuelve con sus preguntas, sus respuestas, sus conclusiones. Mientras eso sus manos danzan al son de sus palabras acompañadas de una mirada abrigadora para el público. Llega entonces la segunda parte, la de la conversación. Lo mejor... ese público que escucha y configura sus preguntas y la oportunidad de ella de ampliar su exposición tan deliciosa.

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