Di-versiones en mis aprendizajes

martes, 26 de agosto de 2014

Del proyecto PARA LA GUERRA NADA

Es sumamente hermoso el proyecto artístico creado por Marta Gómez y Julio Serna, llamado PARA LA GUERRA NADA en los dos vídeos que hay hasta el momento en la web.
Sin más palabras....

jueves, 21 de agosto de 2014

En el bazar de la educación

Esta nota la escribí hace ya casi cuatro meses y por alguna razón no la había publicado. Hoy por supuesto decido hacerlo. Está bastante influenciada por la molestia que me causó leer algunas de las aseveraciones hechas por el científico colombiano Rodolfo Llinás en el marco de la Cumbre Líderes por la Educación, pues aluden a la figura del maestro. (Publicado el 29 de abril del 2014)
Empezaré primero por otros lados, que me ayudan a acercarme a esta noción esquizoide de los discursos sobre "LA educación".
Ya me he referido en este mismo blog a la experiencia que tuve hace algún tiempo, con muchas personas del Ministerio de Educación Nacional de Colombia, y en alguna oportunidad, con personas de otros Ministerios de Educación de Iberoamérica. Resalto el tema de las personas porque allí conocí muchas de ellas que eran maravillosas, trabajadoras, sencillas y bastante comprometidas con el pedacito de realidad educativa que le correpondía trabajar. Claro, también conocí otras con el típico mal de lo que algunos llaman "la desidia del funcionario público", aunque en realidad esas fueron muy pocas y no fueron parte de mis amigos.
Se que esto parece tonto y bastante ingenuo (de hecho lo es), pero esta experiencia me permitió tomar distancia de la absurda absolutización ingenua que se hace en relación a "EL" Ministerio de Educación.
Comprendí que este está compuesto quizás por mucho más 40 o 60 grupos humanos distintos, casi siempre lejanos entre sí, preocupados por asuntos diversos que se cobijan bajo el nombre de una sola institución.
Afuera es común escuchar que "EL" Ministerio de Educación, dijo esto o lo otro. Nada más distante de la realidad de los pasillos y las oficinas donde laboran todas estas personas, o de los gestores que viajan por los territorios y los tantos operadores y demás grupos que hablan en nombre de esta institución. No existe "EL" Ministerio. Hay si, un(a) ministro (a) tratando de poner en concierto tantos grupos humanos y de hablar coherente y "unificadamente" en nombre de la "institución", que en muchas ocasiones (casi en todas), les es ajena a sus propias pasiones y convicciones y a su experiencia personal y profesional. El asunto es mucho más esquizoide de lo que pensamos.
Creo que parte de los continuos y enormes equívocos que se generan en el seno de las políticas públicas sobre educación, radican en la manera como se escuchan a estos múltiples grupos humanos y en el modo como todos ellos se ponen en conversación con el "mundo exterior", que es donde realmente se juegan y evidencias los problemas reales de los contextos, que son los que en suma ponen en conflicto "lo ideal" y "lo real" de la educación.
Por ejemplo, es claro que las conversaciones entre primera infancia o educación básica, no son muy frecuentes con la educación media y superior. Tampoco con la formación para el trabajo o con los demás actores (demasiados además) que trabajan por la educación, ya sean públicos o privados (Facultades, sindicatos, universidades e institutos, Secretarías de Educación, ONGs, empresarios, científicos, periodistas...)
Demasiadas voces, demasiadas demandas, demasiados juicios, demasiados proyectos, demasiados funcionarios, demasiado dinero, demasiados indicadores, demasiados proyectos estratégicos para terminar en lo mismo, demasiados grupos de investigación que no aportan soluciones reales, demasiados pocos resultados, demasiados demasiados sobre educación. Todos opinamos. Todos enjuiciamos.
El problema es que todo ello va a parar al maestro como foco de atención. Algún culpable habrá que encontrar para que no se de rendimientos en las mediciones nacionales e internacionales. Como si sobre él (sujeto-maestro) no recayera ya la enorme responsabilidad de aplicación de las políticas públicas sobre educación en la medida en que "vayan saliendo", de hacer evidentes los planes de desarrollo nacional, municipal e institucional; de "desarrollar" competencias en sus estudiantes según le señalan las investigaciones de las Facultades de Educación o los demás programas de Educación Superior. Le exigen tener un super dominio en los conocimientos de sus áreas disciplinares; le piden que sea capaz de dar respuestas eficientes ante las exigencias implícitas y explícitas de llenar los vacíos familiares y que sea un actor clave en la resolución de conflictos sociales, tanto en el aula de clase (con 40 alumnos o más) y en su comunidad, porque si hay maltrato entre los alumnos es también una responsabilidad del maestro que la prensa y los padres se los van a recordar. En fin, a cualquiera le da por hablar de educación (incluyéndome) y de exigirle "lo imposible" a los maestros, que como bien afirma Freud, uno de los imposibles es la tarea de "educar".
Como si la figura del maestro, su rol, su responsabilidad como persona y como profesional, pudiera ser manoseada por cualquiera que finja de experto en educación enviando al maestro al bazar del juicio público y la degradación. Emergen por doquier los "deber ser" que no salen a la luz para la gran diversidad de otros profesionales. Ojalá en este país tuviéramos un deber ser mayor sobre los políticos y la política, o para los científicos e investigadores de gran calado, sean o no de educación.
Ojalá aprendiéramos a respetar más a los maestros y las maestras que si están dentro de las aulas con-viviendo durante meses y años con 40 estudiantes o más a la vez, atendiendo las urgencias y demandas constantes de su institución, tratando de atender y entender el deseo insaciable de los padres de familia o de las Secretarías de Educación y llevando a cuestas pre-ocupaciones, frustraciones, logros o experiencias que invaden su casa, sus amistades, sus eventos sociales y los demás espacios en los que suelen ser expuestas sus públicas miserias por ser un "educador".

miércoles, 20 de agosto de 2014

Tiempo suficiente

En el 2003 entregué mi tesis doctoral titulada Arte y Malestar en Colombia desde la segunda mitad del siglo XX. Han pasado ya 11 años de entregada, tal vez 12 o 13 de escrita.
Hoy vuelvo sobre ella motivada por tres asuntos bastante fuertes para mí, en los que por una extraña y maravillosa razón tengo "tiempo suficiente" para volver a leer con pasión y dedicación; una pasión y dedicación como la que tuve al realizar mi tesis doctoral o la que viví durante la época de mi pregrado en psicología, donde pasaba noches enteras tratando de descifrar esos tres grandes momentos claves del psicoanálisis freudiano, en las que las nuevas relaciones y consecuencias de la clínica a lo largo de su vida, obligaron a Freud a reformular sus propias teorías por más sólidas que las hubiera edificado.
Se trata pues, del encuentro con un excelente texto llamado "El arte y la fragilidad de la memoria" publicado en enero del 2014 por el Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia. Arte-historia-memoria y olvido son los hilos con los que se teje el texto.
Coincide mi lectura de este libro, con una conferencia que Joan Carles Mélich dio en Medellín la semana pasada (segunda semana de agosto 2014), a propósito de un curso de posgrado sobre Filosofía de la educación.
Finalmente, quizás también coincide con mi permanente interés por escribir sobre la relación juego- arte-educación, en la que, que como diría con Freud, "más allá del placer", o del “aprendizaje” y el “deleite”, más allá de la contemplación “desinteresada” como diría Kant, que pueden ofrecer el juego y el arte, también está la representación del dolor, la angustia, el padecimiento y sufrimiento humano...
Quizás es por eso que desde hace un poco más de tres años, esté insistiendo en leer a Mélich en clave de "juego-arte” tejido con “ética-educación", buscando en ambas parejas de conceptos las experiencias que les son comunes.
Por eso el disfrute intenso con el que lo he escuchado en silencio, suspendiendo mis juicios y comentarios, excepto en este blog en donde consigno el revolcón de mis ideas, mis recuerdos y mis reflexiones.
Pues bien, la alusión a la memoria planteada en ambos textos (tomando la conferencia de Mélich como texto), y esa relación que subyace entre arte, historia, ética y educación me llevan de nuevo a acercarme a ese momento de mi vida donde por primera vez vi, por medio del arte, los abrumadores y desgarradores actos de violencia, que antes en medio de ella no podía ver del mismo modo, pues la cercanía también enceguece y ensordece.
La distancia geográfica y también temporal, corporal en suma, me permitieron en ese momento acercarme a los artistas colombianos que han ofrecido su "obra" como una especie de "decir" para alejarse del "acto", o lo que Gustavo Dessal llamaría "el síntoma que es donde la memoria se refugia para subsistir. Prestando oídos al síntoma, que habla con la voz del inconsciente, es como el psicoanálisis ofrece una alternativa, una salida al impasse del sufrimiento subjetivo y al malestar de la civilización". Yo creo que muchos de nuestros artistas han dado una "respuesta en la vía de lo que J. Lacan llamó un "dar a ver", como operación que activa la reflexión en un sujeto.
Cuando Mélich invitó al público a leer, el poema Fuga de la muerte de Paul Celan y más adelante lee en su conferencia voz alta en medio de un silencio casi sepulcral, un fragmento de "Si esto es un hombre" correspondiente a la conocida trilogía de Primo Levi, no pude evitar una vuelta a la lectura de mi tesis y a recordar mi encuentro con los textos de Primo Levi que me marcaron momentos de soledad aún estando plenamente acompañada, y en un tiempo en el que estaba tratando de acercarme a las entrañas de las obras de Débora Arango, Beatriz González y Doris Salcedo, esas excelentes artistas colombianas, objetos de amores y desamores por los "críticos de arte".