Di-versiones en mis aprendizajes

jueves, 5 de octubre de 2023

Carta a Wade Davis

 

Octubre 05 de 2023

Querido Wade Davis. 

Un verdadero placer conocerte.

Hace un  dos meses volví a un pueblo de Antioquia llamado San Roque y pasé un fin de semana maravilloso con Leonardo y Mariela, dos excelentes conversadores. Qué personajes tan maravillosos y gentiles. De ellos me traje tres regalos. El libro de Leonardo sobre la historia de su pueblo natal, el libro del Ferrocarril de Antioquia o el despertar de un pueblo, editado por la Academia Antioqueña de Historia en 1974,  y la sugerencia de tu libro Magdalena. Historias de Colombia.

En la Fiesta del libro de Medellín, realizada  en septiembre 2023, adquirí con emoción tu libro, todavía más atraída por el comentario que deja Abad Faciolince en una cinta de portada y que dice que con él "podemos enamorarnos de Colombia después de tantas amarguras".

Bueno. Pues esta trilogía de libros me llevó a pasear por varios momentos de mi vida, así que en cierto modo descubrí algo de autobiográfico a partir de tu escritura.

Nunca hasta hoy fui consciente de todos los lugares aledaños al río Magdalena que he podido conocer a lo largo de mi existencia, desde Bocas de Ceniza hasta casi llegar a su nacimiento en el estrecho del Magdalena. Ta agradezco el viaje a través de mi historia.

Me sorprende gratamente la manera como inicias el libro. Como una invitación a salvar el río, alma de Colombia. Escribes igual al río, con suavidad, con furia, con crecidas, con inundaciones, con profundidades. O tal vez, simplemente, así te leí. 

Te cuento que mi primer contacto físico con el Magdalena fue en pleno macizo colombiano,  conociendo a San Agustín y Tierradentro. Había olvidado en parte esa bella experiencia de tan importante lugar  arqueológico de Colombia. Me hiciste recordar los recorridos por el Chaquiro, el Tablón y la Pelota, y no recuerdo cuál o cuales fueron a lomo de mula o de táparo, porque jamás aprendí a cabalgar.  El guía, que para ese entonces sus colegas le decían el pollo ya que no tenía ni un sólo diente, nos llevó al Estrecho del Magdalena al cual recuerdo como una quebrada profunda entre paredes de piedras oscuras. 

El segundo contacto que recuerdo lo tuve en Puerto Berrío y ahí tuve mi primera tonta decepción geográfica, pues al verlo exclamé ¿Y esto es el Magdalena? Lo había imaginado sin orilla contraria, algo así como un mar. Pero tú me enseñaste a respetar y querer el río Magdalena.

Me asombra tu narrativa ilustrada y documentada, con esa manera particular de  hablar de nuestra pluralidad biológica, la riqueza hídrica, las culturas arrieras como mi familia materna. También me asombran tus acercamientos a la violencia que nos constituye como nación desde la época de la conquista hasta la época del narcotráfico y todas diferentes fuerzas armadas que han doblegado a los ciudadanos de este país por generaciones. Tratas con respeto la historia de los pueblos aborígenes y sus luchas contra las barbaries de la conquista española. Leí con agrado las historias fundacionales de las ciudades pues te imaginaba en las bibliotecas bailando entre el pasado remoto y tratando de imaginar futuros cercanos.

Gracias por tu escritura bella y por mostrar una Colombia diferente y hermosa.

lunes, 10 de julio de 2023

Aroma, Tiempo y Vejez

 10 de julio de 2023.

Me encuentro a bordo del libro El Aroma del Tiempo

Qué  título más hermoso. Su autor: Byung-Chul Han. 

Lo he leído y subrayado con gusto y pasión, como acostumbro hacerlo en mis lecturas normales. Vuelvo sobre él buscando las demoledoras afirmaciones sobre "morir a tiempo" evocadas desde el Zaratustra de Nietzsche y el Ser y Tiempo heideggeriano. 

¿Cuál es el tiempo adecuado para para morir sin perder la dignidad de una vida ya vivida? 

Los asilos de ancianos, supongo, están llenos de preguntas sin respuestas sobre la vida larga y la tardanza de la muerte. ¿Quién, con valor, puede responder cuándo es suficiente, cuándo su propia vida ha dejado de narrarse para  convertirse en duración vacía como las aterradoras noches de insomnio citadas por Adorno? Tal vez el suicida o el enfermo que sufren de manera indecible son capaces de configurar un cuándo. 

Pero pienso que no es lo mismo en la vejez. En este momento de la vida se conjugan para muchos, como para mi padre, un sinnúmero de desgracias personales, como el olvido de la propia historia desde el vaciamiento lento de la memoria, la desfiguración de la identidad de sí mismo ante sí mismo, el derrumbamiento de una imagen corporal que abandona para siempre la mirada joven y fuerte de sí, tal como fue explorada desde la intransferible narrativa vital. 

Cuando la vejez se torna en duración aterradora se carga de ausencias y borramientos, regresan sin permiso los fantasmas o espectros de lo que ya no está o incluso, de lo que nunca ha sido.  Se declara el miedo acompañado de la incapacidad de estar en casa tranquilo y a salvo. Todo va a parar al desierto citado por Zygmunt Bauman, donde abunda la incertidumbre, la angustia y la inseguridad. La memoria deambula, se pierde y se vuelve a recobrar, episódicamente, sin ningún rumbo posible, porque ya no hay una narrativa personal consistente que pueda articular lo que queda de vida.

Algo de la contemplación, algo de la serenidad, algo del saber detenerse a disfrutar insiste en mi padre aunque de manera fugaz. Su mirar, su sentir, su disfrutar silencioso, su lentitud,  deja compasivamente algo valioso a la vejez.  ¿Pero en qué porcentaje?

Poco queda en su lenguajear. Las palabras se le escapan, huyen de él porque ya no hay una historia que contar. Es como si todo hubiera sido contado, tanto lo importante, como lo trivial. Sólo algunos recuerdos se niegan a perderse en el desierto. Ahí están para ser contados una y otra vez, casi siempre a destiempo, cuando nadie lo espera, o cuando ya todos lo saben de tanto ir y acariciar el mismo recuerdo. Me horroriza esa vejez vacía y terca, ese aferrarse a nada en el que se extravían la risa y la caricia, la dulzura de momentos vividos cuando se experimentaban fragmentos de felicidad. Me espanta esa pérdida de sí.

Pero bueno... leyendo el Aroma del tiempo pienso también en el aroma de la infancia, ese momento de la existencia que siempre tiene tiempo para...