Por esas cosas maravillosas de la vida uno conoce gente que le ayuda a pensar en los temas que le apasionan. En este caso se trata de una mujer encantadora que tuve la oportunidad de conocer en el III Encuentro Internacional de Ludotecas y Educación que se llevó a cabo del 1 al 3 de septiembre en la biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá, y con quien compartí el gusto de hablar sobre los temas del juego y el desarrollo humano.
Hoy, al abrir mi correo encontré una entrevista sobre los videojuegos que ella, Imma Marín de Barcelona, comparte conmigo y otras dos amigas más: María Regina Ofële de Argentina y Cecilia González de el Salvador. Las cuatro (incluyéndome por Colombia), venimos acariciando desde finales del año pasado el sueño de trabajar conjuntamente el tema del juego mediado por las tecnologías de información y comunicación, y en especial buscamos acercarnos, entre otros, al tema de los videojuegos desde una perspectiva investigativa que nos de luces para pensar el lugar de éstos en la educación. La idea es reconocer algunos asuntos desde los cuatro paises mencionados.
La entrevista que Imma ha compartido se encuentra bajo el sugestivo título: "no me molestes mamá que estoy aprendiendo".
La entrevista tiene asuntos interesantes en relación con "la educación para el futuro" (aunque creo que toda educación siempre es para el futuro). De entrada uno la lee y escucha, y encuentra ideas sugestivas que generan puntos de vista interesantes sobre los nuevos retos que debe enfrentar hoy la educación. Así mismo, los planteamientos que Imma hace en este video nos muestra que los videojuegos implican diversión, reto, nuevas posibilidades, comunicación e interacción con otros, aprendizaje, retos, desarrollo de competencias, libertad, creatividad, etc.
Pero quizá lo que más me llama la atención de esta entrevista, son los comentarios hechos por los lectores pues producen un quiebre en esa ilusión primera que generan las preguntas y la presentación de Eduard Punsets y las respuestas de Marc Prensky a cada una de ellas. Los comentarios son un poco ese "cable a tierra" que aportan los lectores a la discusión que a veces da tintes de bastante optimismo frente al uso de las tecnologías en la educación.
Todo esto me hace recordar una entrevista de radio en la que participé en el programa Aulas al micrófono de la Universidad de Antioquia, Facultad de Educación, en octubre del 2006. En ella le decía a mi amiga y entrevistadora Marina Quintero Quintero, que los niños y jóvenes de hoy "han cambiado" drásticamente en relación a las formas de manejar el espacio-tiempo de unas maneras como parece que no se habían desarrollado antes. Hay una capacidad enorme en los niños y jóvenes para experimentar la simultaneidad y la multiplicidad, y la diversidad está más a la vista, tal como se vive en las redes sociales.
También hay una extraña pero hermosa posibilidad de "modificar" (por ejemplo a través de los avatares), el cuerpo, el rostro, el nombre, la "identidad" personal y cultural, o de reinventar permanentemente las maneras de dar-nos a conocer, como quizás sólo el teatro y el arte lo han permitido a través de la historia, sin que se pisen los terrenos del delirio.
En este sentido, creo que ahora se ve con mayor fuerza aquello que Gadamer señalaba como una de las grandes características del juego, en las que experimentamos más nuestro "ser" en la medida en que seamos capaces de explorar nuestras múltiples posibilidades de "ser". Es como si cada uno pudiera “crear-se” a sí mismo en diferentes roles y activar estos roles en nuevas relaciones. Podemos jugar a ser “otros”, a construir una nueva realidad y a organizarla dentro de un orden propio, a crear mundos nuevos, todo esto hace parte de la esencia del juego. En el juego cada uno de nosotros encuentra potenciadas las posibilidades de ser, es decir, se puede ser bailarina y dentro de un rato ser pintor, científico, nube, pájaro o cuaderno. Se puede "ser" porque el juego permite la posibilidad de crearnos nuevas “realidades” “como si” fueran reales.
Creo que los videojuegos y los "juegos en línea" permiten y potencian una preparación para las múltiples "realidades" temporales (presentes y futuros) de niños y adolescentes, quizá un poco de manera más contundente que como lo ha permitido durante toda la vida del ser humano, el juego en solitario o el juego en los parques, en las ludotecas o en los patios de recreo de las escuelas. No se trata pues de ensalzarlos sino más bien de integralos en los procesos educativos igual que deben permanecer todas las otras formas de juego. Es claro que ha cambiado el medio o la forma o el formato, incluso el espacio de juego ha integrado la virtualidad, pero no ha cambiado ni la capacidad de imaginación humana ni su capacidad de fantasía. Esa es la verdadera realidad en la que debemos estar educando para dar lugar a la creatividad, tan necesaria para proponer soluciones a nuestros problemas reales del presente y del futuro.
Pensando en activar este tema a nivel nacional (en Colombia) estoy invitando a unos grandes amigos que trabajan en la educación pero que se relacionan profundamente con el tema de las TIC, para que nos ayuden a explorar con sus estudiantes este tema en diferentes partes del territorio nacional.
Espacio para opinar y reflexionar sobre la vida, la educación, los tiempos actuales... Marta Inés Tirado Gallego: mitiradog@gmail.com
martes, 11 de enero de 2011
miércoles, 5 de enero de 2011
Comunicación creativa
¿Puede hablarse de comunicación creativa? ¿Cuándo la comunicación es creativa?
En efecto, pareciera que todo acto comunicativo es de por sí un acto creador, máxime si se tiene en cuenta lo que el filósofo alemán Hans Georg Gadamer nos dice en su texto Verdad y Método II: "Cuando se encuentran dos personas y cambiam impresiones hay en cierto modo dos mundos, dos visiones del mundo y dos forjadores de mundo que se confrontan".
Comunicarse con otros es siempre un riesgo interesante que compromete la sensibilidad y la inteligencia.
Nunca se sabe a dónde irán a parar las palabras y los silencios o qué fantasmas desatarán unos y otros en los demás. Nunca sabemos del todo qué tanto decimos desde nuestros gestos, desde nuestras miradas, desde nuestra sonrisa, desde nuestro cuerpo en general. Somos hablados pero también somos interpretados. Nos jugamos la convivencia entre el bien-decir y el mal-decir. Con la comunicación verbal y no verbal, creamos mundos, escenarios, climas... Desatamos amores y desamores, nos acercamos y nos alejamos. Cuando logramos acuerdos es que hemos activado lo común entre el otro y nosotros, es decir, hemos logrado un proceso de comunicación. Nada fácil por cierto, pero hermoso cuando sucede. Se me ocurre pensar en estos momentos en los fenómenos de la fiesta, del juego, de los rituales, de las ceremonias, en los cuales se presentan procesos comunicativos que no necesariamente están mediados por la palabra hablada pero si por una especie de "comunicabilidad universal" como aquella de la que hablaba Inmanuel Kant en sus textos estéticos (Crítica de la Facultad de Juzgar). Allí hay un encuentro con el otro, con el semejante que rompe con la rutina y configura espacios para la creación y las palabras plenas. También pienso en las comunicaciones informales de pasillos donde nos permitimos vivir el mundo al lado del otro y no en contra del otro.
Efectivamente la comunicación creativa es aquella que se produce al lado del otro (no arriba ni abajo, ni lejos, ni demasiado cerca). Para estar al lado hay que saber que el otro es otro y que además se nos parece. Es todo lo diferente a mi y puede llegar a ser casi igual que yo, tan benigno como maligno, tan justo como injusto. La creación en la comunicación radica justamente en el logro de los acuerdos, cuando esos "forjadores de mundo" logran hacerlo de manera conjunta, en la risa, en el amor, en los proyectos o en la vida.
En efecto, pareciera que todo acto comunicativo es de por sí un acto creador, máxime si se tiene en cuenta lo que el filósofo alemán Hans Georg Gadamer nos dice en su texto Verdad y Método II: "Cuando se encuentran dos personas y cambiam impresiones hay en cierto modo dos mundos, dos visiones del mundo y dos forjadores de mundo que se confrontan".
Comunicarse con otros es siempre un riesgo interesante que compromete la sensibilidad y la inteligencia.
Nunca se sabe a dónde irán a parar las palabras y los silencios o qué fantasmas desatarán unos y otros en los demás. Nunca sabemos del todo qué tanto decimos desde nuestros gestos, desde nuestras miradas, desde nuestra sonrisa, desde nuestro cuerpo en general. Somos hablados pero también somos interpretados. Nos jugamos la convivencia entre el bien-decir y el mal-decir. Con la comunicación verbal y no verbal, creamos mundos, escenarios, climas... Desatamos amores y desamores, nos acercamos y nos alejamos. Cuando logramos acuerdos es que hemos activado lo común entre el otro y nosotros, es decir, hemos logrado un proceso de comunicación. Nada fácil por cierto, pero hermoso cuando sucede. Se me ocurre pensar en estos momentos en los fenómenos de la fiesta, del juego, de los rituales, de las ceremonias, en los cuales se presentan procesos comunicativos que no necesariamente están mediados por la palabra hablada pero si por una especie de "comunicabilidad universal" como aquella de la que hablaba Inmanuel Kant en sus textos estéticos (Crítica de la Facultad de Juzgar). Allí hay un encuentro con el otro, con el semejante que rompe con la rutina y configura espacios para la creación y las palabras plenas. También pienso en las comunicaciones informales de pasillos donde nos permitimos vivir el mundo al lado del otro y no en contra del otro.
Efectivamente la comunicación creativa es aquella que se produce al lado del otro (no arriba ni abajo, ni lejos, ni demasiado cerca). Para estar al lado hay que saber que el otro es otro y que además se nos parece. Es todo lo diferente a mi y puede llegar a ser casi igual que yo, tan benigno como maligno, tan justo como injusto. La creación en la comunicación radica justamente en el logro de los acuerdos, cuando esos "forjadores de mundo" logran hacerlo de manera conjunta, en la risa, en el amor, en los proyectos o en la vida.
Videojuegos, juegos "sociales" y educación
Hace poco les contaba a unas amigas que me sorprendió saber que en Medellín, se han diseñado "casinos" para niños en un prestigioso centro comercial como una de las grandes atracciones del mismo. Yo creo que el tema de los videojuegos y de los juegos "en línea" son temas demasiado descuidados, por no decir que desconocidos, por el común de los educadores, y no debería ser así. ¿Qué sabemos de eso? ¿Qué indagamos hoy del tema desde la educación? ¿Hemos pensado cuál es el impacto que eso tiene en los niños y en las niñas en un futuro cercano? ¿Porqué en las aulas de clase donde se forma a los maestros no hay reflexiones serias, sistemáticas y profundas al respecto? ¿No estaremos demasiado embelesados en educar más desde los autores y desde la tradición que desde la realidad que se vive en los barrios, en las ofertas comerciales, en los juegos "en línea" y en los ahora llamados "juegos sociales"? Esta bien que nos ocupemos mucho de trabajar el desarrollo de competencias para el aprendizaje de las áreas básicas del saber humano; que hablamos de convivencia y de sexualidad; que los niños y las niñas reconozcan y respeten la diversidad... el problema es que no nos ocupamos aún de lo que pasa en varios escenarios de la realidad del niño y del joven mientras ellos sí desarrollan otras competencias y otras habilidades que trascienden lo local, que activan el asunto de la identidad personal y cultural, y dan cuenta de unas nuevas formas de comprender el mundo y lo "social".
Yo defiendo el juego como posibilidad de aprendizaje, como desarrollo de la creatividad, como libertad, como horizonte de futuro, como ética y estética, como posibilidad de múltiples relaciones interpersonales... Pero aún no comprendo cómo es posible invitar a los niños pequeños al mundo del juego para transformarlo en "vicio" bajo la oferta de un casino en el que se ganan chocolates y muñecos...
Tanto que en este pais se habla de "disminuir las brechas"... y sin embargo creo que jamás fue tan grande la distancia entre el juego del niño y lo que el adulto sabe del mundo "real" de sus juegos.
Urge que las ciencias sociales y la educación pongamos la mirada sobre lo que pasa en las ofertas de juego de nuestrsos centros comerciales y sobre la oferta de juguetes para los niños y los jóvenes de hoy.
Yo defiendo el juego como posibilidad de aprendizaje, como desarrollo de la creatividad, como libertad, como horizonte de futuro, como ética y estética, como posibilidad de múltiples relaciones interpersonales... Pero aún no comprendo cómo es posible invitar a los niños pequeños al mundo del juego para transformarlo en "vicio" bajo la oferta de un casino en el que se ganan chocolates y muñecos...
Tanto que en este pais se habla de "disminuir las brechas"... y sin embargo creo que jamás fue tan grande la distancia entre el juego del niño y lo que el adulto sabe del mundo "real" de sus juegos.
Urge que las ciencias sociales y la educación pongamos la mirada sobre lo que pasa en las ofertas de juego de nuestrsos centros comerciales y sobre la oferta de juguetes para los niños y los jóvenes de hoy.
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