Di-versiones en mis aprendizajes

jueves, 5 de octubre de 2023

Carta a Wade Davis

 

Octubre 05 de 2023

Querido Wade Davis. 

Un verdadero placer conocerte.

Hace un  dos meses volví a un pueblo de Antioquia llamado San Roque y pasé un fin de semana maravilloso con Leonardo y Mariela, dos excelentes conversadores. Qué personajes tan maravillosos y gentiles. De ellos me traje tres regalos. El libro de Leonardo sobre la historia de su pueblo natal, el libro del Ferrocarril de Antioquia o el despertar de un pueblo, editado por la Academia Antioqueña de Historia en 1974,  y la sugerencia de tu libro Magdalena. Historias de Colombia.

En la Fiesta del libro de Medellín, realizada  en septiembre 2023, adquirí con emoción tu libro, todavía más atraída por el comentario que deja Abad Faciolince en una cinta de portada y que dice que con él "podemos enamorarnos de Colombia después de tantas amarguras".

Bueno. Pues esta trilogía de libros me llevó a pasear por varios momentos de mi vida, así que en cierto modo descubrí algo de autobiográfico a partir de tu escritura.

Nunca hasta hoy fui consciente de todos los lugares aledaños al río Magdalena que he podido conocer a lo largo de mi existencia, desde Bocas de Ceniza hasta casi llegar a su nacimiento en el estrecho del Magdalena. Ta agradezco el viaje a través de mi historia.

Me sorprende gratamente la manera como inicias el libro. Como una invitación a salvar el río, alma de Colombia. Escribes igual al río, con suavidad, con furia, con crecidas, con inundaciones, con profundidades. O tal vez, simplemente, así te leí. 

Te cuento que mi primer contacto físico con el Magdalena fue en pleno macizo colombiano,  conociendo a San Agustín y Tierradentro. Había olvidado en parte esa bella experiencia de tan importante lugar  arqueológico de Colombia. Me hiciste recordar los recorridos por el Chaquiro, el Tablón y la Pelota, y no recuerdo cuál o cuales fueron a lomo de mula o de táparo, porque jamás aprendí a cabalgar.  El guía, que para ese entonces sus colegas le decían el pollo ya que no tenía ni un sólo diente, nos llevó al Estrecho del Magdalena al cual recuerdo como una quebrada profunda entre paredes de piedras oscuras. 

El segundo contacto que recuerdo lo tuve en Puerto Berrío y ahí tuve mi primera tonta decepción geográfica, pues al verlo exclamé ¿Y esto es el Magdalena? Lo había imaginado sin orilla contraria, algo así como un mar. Pero tú me enseñaste a respetar y querer el río Magdalena.

Me asombra tu narrativa ilustrada y documentada, con esa manera particular de  hablar de nuestra pluralidad biológica, la riqueza hídrica, las culturas arrieras como mi familia materna. También me asombran tus acercamientos a la violencia que nos constituye como nación desde la época de la conquista hasta la época del narcotráfico y todas diferentes fuerzas armadas que han doblegado a los ciudadanos de este país por generaciones. Tratas con respeto la historia de los pueblos aborígenes y sus luchas contra las barbaries de la conquista española. Leí con agrado las historias fundacionales de las ciudades pues te imaginaba en las bibliotecas bailando entre el pasado remoto y tratando de imaginar futuros cercanos.

Gracias por tu escritura bella y por mostrar una Colombia diferente y hermosa.

lunes, 10 de julio de 2023

Aroma, Tiempo y Vejez

 10 de julio de 2023.

Me encuentro a bordo del libro El Aroma del Tiempo

Qué  título más hermoso. Su autor: Byung-Chul Han. 

Lo he leído y subrayado con gusto y pasión, como acostumbro hacerlo en mis lecturas normales. Vuelvo sobre él buscando las demoledoras afirmaciones sobre "morir a tiempo" evocadas desde el Zaratustra de Nietzsche y el Ser y Tiempo heideggeriano. 

¿Cuál es el tiempo adecuado para para morir sin perder la dignidad de una vida ya vivida? 

Los asilos de ancianos, supongo, están llenos de preguntas sin respuestas sobre la vida larga y la tardanza de la muerte. ¿Quién, con valor, puede responder cuándo es suficiente, cuándo su propia vida ha dejado de narrarse para  convertirse en duración vacía como las aterradoras noches de insomnio citadas por Adorno? Tal vez el suicida o el enfermo que sufren de manera indecible son capaces de configurar un cuándo. 

Pero pienso que no es lo mismo en la vejez. En este momento de la vida se conjugan para muchos, como para mi padre, un sinnúmero de desgracias personales, como el olvido de la propia historia desde el vaciamiento lento de la memoria, la desfiguración de la identidad de sí mismo ante sí mismo, el derrumbamiento de una imagen corporal que abandona para siempre la mirada joven y fuerte de sí, tal como fue explorada desde la intransferible narrativa vital. 

Cuando la vejez se torna en duración aterradora se carga de ausencias y borramientos, regresan sin permiso los fantasmas o espectros de lo que ya no está o incluso, de lo que nunca ha sido.  Se declara el miedo acompañado de la incapacidad de estar en casa tranquilo y a salvo. Todo va a parar al desierto citado por Zygmunt Bauman, donde abunda la incertidumbre, la angustia y la inseguridad. La memoria deambula, se pierde y se vuelve a recobrar, episódicamente, sin ningún rumbo posible, porque ya no hay una narrativa personal consistente que pueda articular lo que queda de vida.

Algo de la contemplación, algo de la serenidad, algo del saber detenerse a disfrutar insiste en mi padre aunque de manera fugaz. Su mirar, su sentir, su disfrutar silencioso, su lentitud,  deja compasivamente algo valioso a la vejez.  ¿Pero en qué porcentaje?

Poco queda en su lenguajear. Las palabras se le escapan, huyen de él porque ya no hay una historia que contar. Es como si todo hubiera sido contado, tanto lo importante, como lo trivial. Sólo algunos recuerdos se niegan a perderse en el desierto. Ahí están para ser contados una y otra vez, casi siempre a destiempo, cuando nadie lo espera, o cuando ya todos lo saben de tanto ir y acariciar el mismo recuerdo. Me horroriza esa vejez vacía y terca, ese aferrarse a nada en el que se extravían la risa y la caricia, la dulzura de momentos vividos cuando se experimentaban fragmentos de felicidad. Me espanta esa pérdida de sí.

Pero bueno... leyendo el Aroma del tiempo pienso también en el aroma de la infancia, ese momento de la existencia que siempre tiene tiempo para...



martes, 22 de junio de 2021

miércoles, 26 de mayo de 2021

La vida es sagrada

Toda mi admiración y respeto para estos jóvenes valientes y soñadores de hoy que son capaces de salir a las calles de todo Colombia a luchar de manera pacífica por la conquista de su libertad, la dignidad y la reivindicación de sus derechos humanos. ¿De qué estoy hablando?
De algo tan simple como tener derecho a una cobija, un techo, una comida o tres al día; tan simple como ir a la escuela o a la universidad; como poder trabajar, poder jugar, ir al cine, al teatro, al concierto; tan simple como un poema al amor o un café al despuntar el día, como tener un gato o un perro, o un canario. Como tener derecho a envejecer cuidando un pequeño jardín de patio. Algo tan simple como no tener que despedir tempranamente a la familia, ni tener que salir corriendo por la vida. Tan simple como ser un niño o una niña, un joven, un adulto, un anciano y ya está. Así de simple. Así de sencillo como lo es para unos pocos. Tan simple que se pueda viajar por un país en paz, sin cargar las rabias, los odios, los miedos o la inseguridad personal.
Mi admiración por el arte en su acompañamiento creativo en las movilizaciones de Colombia; por todos los profes que acogen hospitalariamente los miedos de sus estudiantes y colegas para convertirlos en reflexiones y fortalezas; mi admiración por las organizaciones sociales y de derechos humanos que hacen presencia; por los profesionales de la salud y las misiones médicas que estan alertas apoyando el cuidado ciudadano; por los periodistas responsables y éticos que cuidan la palabra para no desencadenar efectos nefastos y falsos con noticias tendenciosas, calculadas, tergiversadas o falsas. Mi admiración por la misma fuerza pública cuando es capaz de ser contenida en su poder y respetuosa de la vida de sus otros conciudadanos; por los empresarios grandes y los pequeños comerciantes que también manifiestan sus sentires y problemáticas sociales; por los padres de familia, por la población civil en general, por mi familia y amigos, por mi en este silencio que me sobrecoge.
Mi respeto y admiración por todos los que hemos aprendido que la vida, cualquier vida, es sagrada. Que conservamos como principio de nuestra existencia, el mandato máximo de no matar, no violar, no torturar, no desaparecer, no desplazar, no masacrar, no excluir, no vulnerar. A los que creemos que en otros verbos se nos va el aprendizaje de nuestras vidas, como incluir, apoyar, solidarizar, creer, respetar, cuidar, soñar, educar, vivir, disfrutar.
Pienso que si Colombia logra superar esta enorme crisis social, a estos jóvenes de hoy y a la infancia venidera les quedará por herencia una enorme responsabilidad. Seguramente deberán construir otra noción de solidaridad, otras formas del cuidado de si y del otro; otra concepción de ciudadanía y paz; otras formas de manejar las redes sociales con responsabilidad para que hagan valer la consigna de que la vida, la dignidad y la libertad son los pilares de una sociedad.
Lo que hoy les entregamos nosotros, los adultos y mayores, ha dejado de operar. Será una nueva tarea para la educación, la salud, la religión, la política, la comunicación, y para todos los que somos hoy y los que vendrán. Tendremos que desmarcar el odio. Borrarnos del cuerpo y del alma el color partidista enseñado año tras año, generación tras generación. Sacarnos esta rabia que ahoga, este miedo que paraliza, esta palabra que ya no opera. Y sin embargo, dialogar, configurar juntos un nuevo sueño de país, creer que es posible una nueva "oportunidad sobre esta tierra".

lunes, 24 de mayo de 2021

Apuntes para leer con ojos ajenos (7)

La séptima conferencia de Lectores y Lecturas estuvo a cargo del estudiante del Instituto de Filosofía: Lucas Maya Correa. Fue titulada: Friedrich Nietzsche (Aurora). El descenso a las profundidades de sí.
. Fecha de la conferencia: abril 12 de 2019.
Esta conferencia ya tiene dos años de haberse dado. La comencé a escribir y luego la abandoné, en la parte que iniciaba el diálogo con el profe Selnich. Hoy la retomo como una buena y agradable tarea. Sé que la debo volver a escuchar para re-escribirla o quizás para dejarla tal como la inicié y quedarme con el digno sentimiento de la falta. Así la escribí en su momento.
Suelo llegar 10 o 15 minutos antes para preparar la escucha. Mientras se inicia la conferencia yo pienso que para mi, Nietzsche no es un extraño. El primero en presentármelo curiosamente fue Freud en mis primeros años de lecturas psicoanalíticas, ya que él afirmaba muy tempranamente, que no quería leer a Nietzsche porque ambos pensaban del mismo modo, llegaban a similares conclusiones y eso le "estorbaba". Esa afirmación freudiana se transformó para mí en un completo reto. Imaginaba que ambos eran como dos pilares antiguos que se miraban frente a frente viendo pasar ante sí un mismo mundo, una misma época, unas influencias similares. Con las primeras lecturas, algunas de ellas incomprensibles en su momento, supe que ambos en cierto modo "se jugarían el resto de su vida" a introducir cambios en las maneras de pensar lo humano y la cultura. Y me preguntaba: ¿podrían realmente no leerse mutuamente? y ¿quien influenciaría a quién sin conocerse, sin haberse visto, sin haberse "leído"? ¿eso podría ser posible en dos hombres tan influyentes para la época? ¿Quién llegaría más lejos, si es que en esto existen las distancias? O quizás en el umbral de sus vidas ¿se encontrarían sus teorías? Buena tarea nos quedó a los lectores.
Recuerdo que a lo sumo yo cursaba el 5° semestre de mi pregrado en psicología. Para ese entonces ya las cartas estaban echadas. Había que leerlos a ambos como representantes de una época del pensamiento humano. A Freud me gustaba leerlo desde la edición de Biblioteca Nueva, es decir, desde la traducción que hizo Luis López Ballesteros porque la siento más poética y más bella en sus deliciosos tres tomos (cuarta edición, como es la mía). La versión de Strachey en cambio, publicada por Amorrortu, en sus 25 tomos me parecía demasiado fría y calculada, demasiado académica para mi gusto, aunque estupenda para ver las relaciones entre los textos, los conceptos y teorías. A veces me enojaba un poco sentir que ya esos 25 tomos me llegaban leídos, interpretados, esculcados, vinculados entre si. Como si ya me hubieran hecho la tarea, y lo que yo quería era leer a Freud desde Freud. A Nietzsche en cambio lo leía desde mis pequeños libros de bolsillo con hojas de papel amarillo, que para mi época y mi presupuesto eran los únicos de los que podía disponer. Más tarde, conté con la suerte de leer a Nietzsche en relación a Dostoievski. Pasé por sus obras, me detuve en ellas aunque no tanto como lo hubiera querido, viajé hasta las Memorias del subsuelo para volver confundida y desolada, llena de preguntas nuevas para mi acercamiento a la filosofía y al psicoanálisis freudiano.
Había que saber hasta dónde llegaron Freud y Nietzsche. Comprendí tempranamente que los caminos no iban a ser tan similares, ni tan fáciles y que Moral y culpa; padre y superhombre, cultura, religión, instintos o pulsiones; voluntad y facultades del yo; lenguaje y ser humano; hacer y ser, subsuelo, inconsciente, ficción, la palabra, nombre ... serían entre muchos, matices de un mismo color en principio casi indescifrables de las teorías nacidas en cada uno. Aprendí que ambos exploran, socavan, van a las profundidades, se internan, modifican, amplían los conceptos a lo largo de sus vidas. Por eso leerlos no era suficiente. Había que estudiarlos, darles tiempo, acomodarse a sus modos de exponer sus pensamientos.
Como es costumbre, regreso de mis recuerdos para concentrarme en la conferencia de Lucas y al escuchar la presentación que hacen de él, pienso que me encanta saber que estaré ante la frescura de un estudiante avanzado de filosofía con un recorrido interesante en el mundo académico. La impresión que me deja ese primer encuentro con Lucas es que debe ser un hombre honesto, agradable, discreto, poco pretencioso; estuvo bastante sudoroso y de saliva pesada, pero también bastante claro en su exposición. Lo percibí como un hombre humilde capaz de confesar a cada rato que algo lo supera, que aún no ha pensado esto o aquello... Me gusta mucho el recuerdo que invoca de su profesor de filosofía (como si no hubiera tenido sino uno) a quien cita con admiración.
Judit se confiesa preocupada por no contar con mucho público. A Lucas eso no parece importarle. En su exposición recurre a varios aforismos de Aurora para identificar el "problema" que Nietzsche explora allí y del cual él se quiere ocupar; afirma que se trata de la moral, del desinterés de sí (aforismo 9), de lo justo y lo injusto. Pregunta: ¿Qué significa socavar los fundamentos de la moral? Para responderse propone un entramado de conceptos tan complejos como subsuelo, profundidad, superficie, descenso, túnel, desinterés, renuncia, socavo, desmantelamiento. La moral, dice, impide la autocontemplación porque ella exige "deshacerse de la moral". La moral, que debería llevarnos a la con-vivencia en sociedad, lo que lleva consigo es el sacrificio de si, el desinterés, la renuncia...
Lucas insiste en que para hacerse sus preguntas, debe "volver la vista atrás y mirar hacia adelante", en la lectura de Aurora. Pero no apela sólo a Aurora sino también a otros textos como Genealogía de la moral, el Crepúsculo de los ídolos, Ecce Homo, Verdad y mentira en sentido extramoral, La gaya ciencia... Y pregunta de nuevo ¿en que sentido la adopcion de una moral, implica la renuncia de si y por qué? Acude para ilustrarlo a la "fábula de los corderos y las grandes aves rapaces" de la Genealogía de la moral. Se detiene en ella un buen rato. Fuerza, pulsión, actuar definen el hacer. Y señala con Nietzsche: "El hacer lo es todo". Lo bueno y lo malo depende de quién hace la pregunta y desde dónde la hace. Es un modo de valorar que se convierte en medida, en ideal. Por tanto, bueno sería aquello que resulta útil y malo lo que resulta dañino. Pero, agrega Lucas, el hacer no lo es todo pues también va con ello el ser. Ser cordero o ser ave rapaz lo define todo pero en clave de renuncia al hacer.
Del Crepúsculo de los ídolos trae a colación la sección titulada Los cuatro grandes errores para analizar la relación causa y moral, y la voluntad como causa; para ilustrar la concepción del bien y del mal vuelve a la fábula antes mencionada indicando qué es lo que causa que el cordero se sienta cordero y actúe como tal, y el ave rapaz haga lo mismo. Qué de la conciencia de si, de la creencia en el yo, hacen pensar en la supuesta libertad de actuar de cada uno.
Recurre a la noción aristotélica de ser humano y su relación al lenguaje que da cuenta del yo, para advertir con Nietzsche que el concepto de ser humano es una ficción, el ego, el yo, son en sí mismos una ficción que eliminan la singularidad. Por eso hay que socavar el concepto de yo, que es distinto a lo que es el individuo. ¿Y entonces qué se ve luego del socavamiento del yo? ¿Qué significa el sacrificio de si? Habla del desarrollo del lenguaje y el desarrollo de la conciencia. Afirma que cuando un individuo busca conocerse a sí mismo, encontrar su individualidad, su particularidad, lo que encuentra es su ser social que habita en él. La conciencia (no la razón) no pertenece a lo individual del hombre, sino a su naturaleza comunitaria y gregaria, a todo lo no individual que tiene en sí. Lo individual es lo cerrado. ¿Luego de socavar la conciencia de si qué es lo que uno ve, o a quién ve? Las palabras no alcanzan a dar cuenta de ello, es decir, no alcanzan a traer a la conciencia el subsuelo de sí. Aforismo 115 de Aurora para hablar de un fondo que no se alcanza a ver, mucho menos a través del lenguaje. Lo interno, lo profundo se escapa a las palabras y aún así tejen nuestro ser y nuestro destino. Me pregunto si Lucas habrá leído el psicoanálisis freudiano para que también encuentre las relaciones tan estrechas entre ambos autores, para que sepa que las profundidades también emergen en forma de sueños, de lapsus, de síntomas...
Más tarde entra a conversar el profe Selnich. Y entonces pienso que esta conferencia va a tener algo bastante parecido a la danza, no sólo porque conozco al interlocutor de Lucas sino porque, como en la danza, algo nuevo sucederá, como sucede en los textos de Selnich. Dejo pendiente esta danza para después.

viernes, 14 de mayo de 2021

Derechos y sangre

Derechos y sangre
¿Hasta cuándo? ¿Cuántos muertos, cuántos heridos, cuántas violaciones sexuales, cuántas movilizaciones, cuántas mingas, cuántos desaparecidos, cuántos artistas, cuántos jóvenes expuestos, cuánta “fuerza pública” afectada, cuántas “camisas blancas” enfrentadas, cuántos grafitis y pancartas en las calles, cuántos pulmones sacrificados, cuántas protestas, cuántas carreteras bloquedas, cuánto desabastecimiento, cuántas balas, cuántos llantos, cuántos padres sin sus hijos, cuánta sangre más será derramada?
¿Existe una cifra “suficiente”? ¿Algún día la copa del horror será colmada?
Creo que la historia nos lo ha mostrado: Derechos y sangre están conectados. Mientras más honda la herida de la injusticia, la pobreza, la desigualdad… más hondo se vuelve el dolor de patria.
Pero como el dolor es de todos y no sólo de unos pocos, así no más, de la noche a la mañana, emerge una rabia desbordada y unos contra otros, que pudieron haber sido hermanos, se miran desafiantes custodiando cada uno, a bala y sangre, a camioneta y camisa blanca, a palos de minga y gritos de estudiantes, los derechos humanos.
Resiste es la palabra más fuerte que se dice a diario. No hay otra tan valiente, tan decidida, tan potente... Es una palabra con tiempo. Y no sabría decir si es una fortuna o una desgracia.
El problema es que todos resisten, con rabia creciente, con miedo inexpresado, los de un lado y los del otro, y todos juntos vociferan, putean, actúan, amenazan, matan…
Esos todos están demasiado cerca, mucho más de lo que yo quisiera. Están en mi casa, en mi calle, en mi barrio, en mi ciudad, en mi país, en otros vecinos que izan banderas en sus otras calles, con otros idiomas, buscando quizás sus propias gotas de sangre.
Esos todos otros están en mi familia, mis amigos, mis colegas, en los estudiantes que conozco y en los que jamás he visto pero los escucho, están en los profes que salen a las calles y los que se quedan en sus casas. Están en los vecinos, en los diarios y en las redes sociales.
Todos esos otros no tienen un color único, ni puro; tienen muchos matices, planos y plenos unos, degradados otros. A veces tampoco el color es propio, ha sido impuesto de generación en degeneración y ni siquiera saben nombrar su color. No se saben ni cálidos ni fríos.
También están en el gobierno, en el “Estado”, en este que es de “Derecho”. Ellos también resisten, allaaaá, lejoooos, seguroooos, tranquiloooos, con la convicción de que muy pronto todo se habrá calmado.
¿Pero y si no? ¿Y si esta vez no? ¿Qué pasará entonces? ¿Quedará sólo el derecho a la muerte? Estamos ante un Estado del Horror.
¿Y la pandemia? ¿La olvidamos? ¿Olvidamos el esfuerzo enorme que se libra en los hospitales? ¿Y si además de la sangre es este oxígeno sucio que respiramos?
Siento una tristeza incalculable. No hay extremos dónde pararse. No hay tampoco puntos medios en dónde estar a salvo de este dolor de patria.

jueves, 13 de mayo de 2021

Para leer con ojos ajenos (16)

Piedad Bonet. Mis afinidades electivas. (Fecha de la conferencia: Agosto 9 del 29019. Escrito el sábado 5 de octubre del 2019.)
Comenzamos una segunda serie de conferencias de Lectores y Lecturas de la UdeA en el segundo semestre del 2019. Estoy emocionada. Judit Nieto la había reservado como una joya en la lista de las Cátedras planeadas, presentándola como la conferencista estrella. Me creó la expectativa de saber qué sería lo que me causaría esta Piedad en la cercanía de su voz y sus gestos, en su corporalidad misma. Me encantó el vaivén de sus palabras entre lo cotidiano y lo leído, y la manera como crea puentes entre su infancia y su adultez, entre sus tiempos... de lecturas.
Conocí por primera vez a Piedad Bonet en el 2013 en un Conversatorio que le propuso Alfaguara a Héctor Abad Faciolince, a propósito del libro de Bonet "Lo que no tiene nombre". Esa conversación me impactó mucho por la introducción tan respetuosa y delicada que le hizo Héctor, desde la lectura de las primeras páginas de este magnífico libro. Lo recuerdo a él leyendo fina y delicadamente, de manera suave como si quisiera cobijarla con su voz para darle más calor a su alma que se negaba a llorar en público ante esa avalancha de recuerdos tan dolorosos. Era claro que no quería hacerle daño a su autora invitada. Le cuidaba su dolor para no ahondarlo, para no enlodarlo con una palabra mal dicha o una pregunta demasiado inesperada. La cuidaba con su mirada, su tono, su voz que a ratos le temblaba en su quietud de lector, pero también de padre. Porque Héctor entabló con Piedad un diálogo desde el alma profunda por el dolor de la pérdida del Daniel de Piedad y el miedo a perder a su Daniela, la de Héctor. Ambos, como dice Piedad, "unidos por el duelo", y por una herida abierta como la del "El olvido que seremos" de Héctor, a propósito de la muerte brutal de su padre, del mismo nombre, quien pese al tiempo no ha dejado de ser herida profunda en el corazón de la UdeA. Aún encuentro en la vereda donde vivo, viejos amigos de él, que parecen llorarlo a mares en sus recuerdos, que lo extrañan y lo entrañan junto a Leonardo y Luis Fernando, sus otros amigos asesinados.
Conocí a Piedad ese día hablando del suicidio y del sentido trágico de la existencia. Recordé que en mis primeros semestres de Universidad hice un trabajo sobre el suicidio para un curso que se llamaba "Psicoanálisis y muerte". Lo había olvidado del todo. Recuerdo haber ido a Medicina Legal a buscar en los archivos, uno a uno, como si los informes oficiales no me fueran suficientes. Quería saber de la muerte decidida, voluntaria. La había buscado a través de la literatura para lo cual E. M. Cioram se había convertido casi en una brutal necesidad. Caían a mis manos desolaciociones como las de Harry Haller de Hesse, o los poemas y novelas de Silva, la canción a Alfonsina Storni y ya no sé cuántas más dolorosas hermosuras pude encontrarme en esa época. Más sin embargo mi pregunta requería al parecer un mayor acercamiento a lo "real". Algo quizás menos literario o menos filosófico que me sobrecogiera y me aventara lejos de mis preguntas suicidas en la intimidad. Cioram dice que todos en algún momento hemos pensado en el suicidio. Concuerdo con él. La manera como tramitamos nuestro paso por la vida o por la muerte es lo que hace justamente el rasgo personal o la simple historia de cada cual. ¿Sería eso realmente lo que buscaba? Me recordé al borde del estallido. ¿Era el suicidio de aquella época, un recurso, un abandono, un "empuje" o una esplendorosa posibilidad?
Cuando escuche a Piedad esa noche, no imaginé que cuatro años y medio después también yo me uniría al dolor de los Danieles cuando mi querido sobrino Daniel, al igual que el suyo, también se mató. Recuerdo que por recomendación de Nacho, compré el libro "Lo que no tiene nombre" y me deshice en llanto sentada en Abril, la cafetería de Extensión de la UdeA. Leía ávidamente con la esperanza de que me salvara un poco de esa tristeza recién estrenada, de menos de medio día, donde uno no sabe si preguntar, responder o callar. Lloraba como lavando el alma. Tres meses después le concedí a mi Dani el derecho a no tener que cumplir cien años. Podía irse cuando quisiera, que yo estaba ahí para decirle gracias. Y le concedí "permiso" (que por supuesto él jamás pidió), con el corazón abierto, sin censura, públicamente, sin técnicas. Nada de eso me importó. Era una palabra "debida" entre él y yo, o tal vez entre esta Marta que soy y la que debí haber sido con él, en lo que jamás comprendí de sus tiempos de vida.
Seguí escuchando la conferencia. De nuevo encontraba, como en otras cátedras anteriores, una mujer que había sido culta desde chiquita, que contó con bibliotecas y lecturas universales. La escuché hablando de todo aquello que la llevó a ser escritora, del lenguaje cuidadoso que le enseñó su padre, de sus "afinidades electivas" con la literatura y sus descubrimientos en cada uno de los autores que nos presenta para dar cuenta de sus legados encontrados, esos que la hacen a ella, que la atraen, la nutren o la aburren. Del "acto íntimo de leer" y las delicias de la soledad con un libro. De las manera como se pone en contacto con los sentimientos de otros. Y mientras tanto, alguien del público le pregunta por la lectura apresurada de los libros prestados de las bibliotecas públicas, asunto que yo tampoco había pensado, pues mi biblioteca fue la Biblioteca Pública Piloto y la Biblioteca de la UdeA. Claro y los poquísimos libros de la biblioteca de la pieza de atrás en mi casa de infancia. No había pensado en el encanto que tienen los libros prestados, por su relación al tiempo de ese otro que espera la dovolución para también prestarlo; no me había detenido en la imposibilidad que traen de trazarlo, marcarlo, dibujarlo, subrayarlo por su calidad de ajenos. Tal vez a estas alturas yo no lo soportaría porque aún necesito gastarme el libro con el cuerpo y con el pensamiento. Necesito tenerlo "a la mano" pintarlo de colores, subrayarlo, preguntarlo, callarlo, hurgarlo en sus referencias.
Al finalizar salí corriendo a comprar varios libros de su autoría. Encontré Imaginación y oficio. Conversaciones con seis poetas colombianos, Donde nadie me espere y 40 poemas. Comencé a leerla con placer, con avidez. Me atrapa de ella la emergente cotidianidad de su escritura.
En Imaginación y oficio, por ejemplo, me gusta leerla en sus preguntas a los entrevistados. Y digo para mi: ¿Porqué esa pregunta y no otra? ¿por qué no se queda ahondando las respuestas? ¿Cuál es el afán? Yo me hubiera visto atrapada en anécdotas hermosas, en frases profundas, en silencios lacerantes o en omisiones de sus entrevistados. Estoy segura que hubiera perdido el hilo de la conversación. Algunos de ellos, sino todos, se habrían dado cuenta de mi desvío del camino de la palabra. Claro, es que siempre he amado los parques, incluso más que el camino. Entonces sé que yo habría quedado atrapada en el juego de la deriva. Seguro no hubiera sabido entrevistar.
Y En donde nadie me espere, vuelvo a sobrecojerme. Parece como si Gabriel, su personaje, viniera de nuevo a tocar mi historia. Necesitaré leerlo y releerlo para encontrar a Piedad y deshacerme de mi.

jueves, 6 de mayo de 2021

Vuelvo a mi viejo blog

Hoy decido volver a mi viejo blog para pagarme algunas deudas con mi escritura íntima.
Hay textos derivados de mi disfrute por las cátedras de lectores y lecturas de la UdeA que no publiqué en su momento, quizás con la idea de complementarlos y terminarlos como hubiera querido, o quizás, porque me dejé atrapar en las tareas de mi trabajo. Por fortuna ya estoy afuera, sin horarios, sin reuniones, sin responsabilidades, sin ocupaciones ajenas, sin una institución para representar. Creo que a eso se le llama jubilación.
Sacaré mis textos de las sombras. Lo haré tal cual fueron escritos en su momento. ¿Por qué no los publiqué? No lo sé.
Tal vez los sentí en una especie de infancia. Si los he de terminar será en otro momento. De ahí que pondré la fecha de escritura y me daré tiempo. En definitiva es mi blog íntimo, mi pequeño diario, mi escritura loca y antiacadémica. Es el respaldo de mi memoria para saber qué pensé y sentí en cada momento. Aquí estoy de nuevo ante mi misma.

viernes, 12 de marzo de 2021

La vida a pantallazos

Hoy escribiré sobre pantallas, cultura y educación. (Agosto 20 del 2020).
Hay quienes pasan sus días envolviéndose y desenvolviéndose a sí mismos entre pantallas azules para "ocupar-se" de otros mientras descuidan la sabiduría de su propia soledad, del cuidado de sí, de su intimidad; se azulean para no escuchar lo próximo, la tristeza, el vacío, el cansancio, el horror, la indiferencia que va deshabitando lo humano.
¿Cuántas pantallas son suficientes para sobre-vivir en tiempos de pandemia? Dos portátiles, una tablet, un teléfono celular, un reloj que cuenta pasos y otros dos esperando ser activados, el televisor de la sala y el de la habitación. Las aplicaciones se sirven como un buen plato en una buena mesa. Las hay para dar clases, para videoconferencias, para hacer cuestionarios, para hacer evaluación, para navegar por redes sociales, para vivir plenamente "el síndrome del ordenador". A muchos, la vida se les fuga a pantallazos. Y lo hacen en nombre de la educación, en nombre del cuidado de "los otros", en nombre de deber cumplido. Ah, las pantallas. Verdaderos puntos de fuga disfrazados de ayudas y salvación.
Éstos pantallosos luchan por instalar la luz azul en las vidas y las conciencias de los jóvenes, y con desespero ofrecen el curso nuevo, el "webinar" que será un éxito sobre cualquier cosa y educación.
Otros, más cautelosos quizá, más miedosos o un poco menos suicidas en la luz azul que se preguntan sin encontrar respuestas, qué significa eso de habitar-se en las pantallas como parte del proceso actual de maquinización. Y entonces, creyendo ser mejores que los pantallosos, van y buscan remedios, contras, algo que los acerque más a la intimidad, a la vida. Se pasean por los libros impresos para conservar el ejercicio del tacto y del olor. Caminan... brevemente, pero caminan para no perder la costumbre de transitar por sí mismos o por lo que queda del mundo antes del coronavirus. Para que "cuando salgamos de esta" no hayan perdido sus pasos, sus maneras de encontrar senderos nuevos, ni la mirada, el abrazo, el olor o el sabor. A estos pobres, les toca abrazarse a sí mismos si quieren sentir algún calor. No hay de otra. Toca sobre-vivir solo o con episódicas compañías del afuera. No hay de otra que escaparse a ratos a buscar otros amigos azules, igual de solos, igual de tristes.
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Hay quienes en cambio no tienen la posibilidad de empantallarse. A pesar del imperativo social de la pandemia, de hacer la vida a través de un computador, muchos no pueden hacerlo. No hay reloj, tablet, ni portátiles, a lo sumo un rayado y viejo teléfono y un viejo televisor.
A los maestros les toca invertarse nuevas estrategias. Y la pobre educación es manoseada por todos, irrespetada, desprestigiada, ¿Qué tan positivo es habitar las pantallas? Pienso en los niños, pienso en los juegos. Cómo cambian los juegos de la infancia. Hemos ido cambiando del empantanarse al empantallarse.

martes, 14 de abril de 2020

Pensamientos en cuarentena (2): Quédate en casa

La consigna "Quédate en casa” produce un sentimiento de soledad imposible de esquivar.
Los vecinos se convierten en espectros y se llevan consigo los abrazos y las risas, las breves conversaciones en las que se pregunta sordamente "como estás", sin esperar respuesta alguna.
Desaparece el viaje, la caminata, el "disculpe usted, no lo vi por andar de carreras".
El restaurante cierra, el café también y la pequeña tienda de la esquina conserva la esperanza de que alguien llegará. Pero nadie llega. Todos se han ido. Todos tienen miedo. Bueno, casi todos. Algunos salen de sus pequeñas y asfixiantes casas. Otros ni siquiera la tienen. No pueden cumplir, aunque quisieran, el imperativo de asilamiento, confinamiento, reclusión...
Los parques están huérfanos de niños, de juegos y de gritos, de alegrías y competencias. Allí, como en las escuelas vacías, se vuelve más triste la soledad y más fuerte la incertidumbre.
El habitante de calle se calla todavía más. No hay a quien pedir, no hay razón para caminar. Al parecer la muerte viene y todos tienen miedo, pero él no, porque ella y él son amigos entrañables; ella se acuesta con él en las aceras, pasa todas las hambres a su lado, lo acompaña a acariciarse sus heridas y le borra sus recuerdos para que no le duela tanto la vida.
El atracador y el asesino también se quedan solos. Ellos, igual, deben quedarse en casa. ¿Pensarán en lo que han hecho? ¿Tendrán síndrome de abstinencia de su "maldad"?
La ciudad se mira estupefacta. No entiende qué pasó, ni por qué la han deshabitado. Nadie sabe si es sueño o pesadilla, si mañana despertaremos igual, o tal vez como antes, lo cual también será otra pesadilla.
El aire se limpia del exceso de "humanidad"; se quita de encima la suciedad de su "progreso" y respira... Por fin el humano la deja en paz. Respira... los animales reaparecen en la ciudad. Los pájaros cantan. El mar danza en las crestas de sus olas y el azul es más azul. La niebla que tapaba los colores se ha desvanecido y allí están ellos, hermosos como debían ser, sin sus mugrientos ropajes color gris-café-negroso.
La soledad se levanta y nos mira. Se sienta a nuestro lado, se mira en nuestro espejo. No se puede huir de ella durante el largo día y menos en la cautelosa noche.
Como antes, te tomas una foto para mandarla a tus amigos, pero ella está detrás, respirándote, sintiéndote, asfixiándote, sombreándote. También lo está la muerte, esa señora paciente y fuerte. Ahora la vida humana es débil y frágil.
Y preguntarás: ¿Pero porqué la muerte si nos hemos quedado en casa? ¿Porqué la soledad? ¿No es acaso la casa, el lugar dulce, el hogar caliente, el refugio que da tranquilidad?
Quedarse en casa para muchos no se siente como una opción de vida, sino como una condena, un abismo, un sepulcro, una oquedad. La convivencia en los barrios más pobres explota en infiernos infinitos. Son 8 o más personas en 54 metros, por 24 horas, día tras día, hambre tras hambre, miedo tras rabia, y sufrimientos de humanidad. Varias generaciones juntas sin encontrar palabras para conversar. ¡Qué va de cuarentena, dicen algunos! La calle es complemento de nuestro hogar. Y entonces nosotros, los "buenos", los "solidarios", los que "sabemos y comprendemos", los tildamos de irresponsables, de incapaces de compasión y fraternidad. Pero para ellos la cosa siempre es mucho más grave, algo que jamás se podrá comprender desde el taller, la biblioteca, la enorme casa y el tibio hogar.
Y los maestros ruegan, suplican, buscan, se deshacen en estrategias para tratar de educar desde la "virtualidad". Desalojados de la "presencialidad" se agarran a las pantallas, como si ellas los pudieran salvar. Se cansan, se rinden, se desploman en las noches. Pero vuelven a empezar. Dicen si y dicen no el día entero. Pero siguen, a pesar de ellos mismos, siguen en su labor de educar.
También el arte y la cultura en sus múltiples expresiones nos salvan a ratos de la soledad.
Es claro. Mi soledad está desprovista de violencia. Pero hay muchas otras formas de soledad.
Quédate en casa.
Quédate en casa.
Quédate en casa.

domingo, 12 de abril de 2020

Para leer con ojos ajenos (17)

Cátedra Lectores y Lecturas: Inés Posada Agudelo. Jorge Luis Borges. La poesía de una idea. Agosto 2019
La autora inicia su conferencia aludiendo al miedo que le produce “la soledad de este lado de la mesa”.
Pensé de inmediato que sería un bello título para una novela. ¿Cuántas veces en mi vida he tenido esa misma sensación? Recuerdo mi primer "lado de la mesa". Se trataba de mi pupitre de infancia. Un señor de traje demasiado gris, me daba instrucciones para hacerme la foto del kínder. Exigía a todos la misma posición, la misma mirada, la media sonrisa ordenada, el mismo pupitre... Ojalá hubiera buscado capturar el inicio de mis estudios, mi perplejidad, mi asombro o mi miedo en ese lado de la mesa. Hoy pienso en él y me pregunto cuántas veces se está en la vida a un lado o al otro, viviendo la misma soledad, el mismo espanto, el mismo desconcierto. Concluyo brevemente que nada garantiza la compañía, y vuelvo entonces a la conferencia.
Inés, mi tocaya, de voz apacible y piel bastante blanca-rosa, a quien me acerco por primera vez, recomienda entrar gradualmente a Borges. Quiere regalarnos “el amor de Borges”, es decir, "su" amor por Borges.
Pensé lo más ocultamente posible, que ella me iba a interrumpir muchas veces en esta conferencia. ¿O será al contrario? ¿Soy yo la que la interrumpo? Sólo van tres minutos y ya me ha lanzado de bruces a mi infancia. Yo escribo mientras la escucho. Habla de la dificultad que resulta para algunos la lectura de Borges por sus poéticas del tiempo y el espacio, por su ser hombre de letras, por sus ideas metafísicas y filosóficas.
Vuelvo a balancearme entre mis recuerdos para traer a la memoria aquel momento en que por primera vez me encontré a Yourcenar, con sus hermosas Memorias de Adriano. Recuerdo haber iniciado el capítulo 1 varias veces. Y sin saber por qué, ella siempre me expulsaba. La sentí soberbia, arrogante, egoísta. Me negué tajantemente a que no me dejara entrar en su obra pues la sabía de letras largas y profundas. Volvía una y otra vez a tocarle la puerta, hasta que un día, no sé cómo, ella abrió, y desde entonces me enamoré de su escritura. Dibujé en la primera página un mensaje con forma de señal de tránsito que decía: “Prohibido leer más de dos hojas diarias”. Sabía que con ella no podía correr porque me abandonaría de inmediato. Igual que Borges. A esas alturas de mi vida yo ya había aprendido a amar la lentitud en la lectura y el deleite de detenerse. Podía llevar conmigo un solo libro durante semanas, como un amigo secreto que se lleva pegado al cuerpo para que nos susurre lo más inesperado, cualquier palabra, cualquier idea que nos con-mueva por dentro y nos transforme, cualquier imagen o gesto que nos cambie.
Pues bien, volviendo al Borges de Inés, ella recomienda entrar a él por el camino de su poesía; afirma que él “lo descoloca a uno”, “lo asalta”, por su actitud pensadora, por la belleza que hace sentir, por su corazón de niño, por sus gestos hacia el misterio y hacia lo bello, por la relación con la ceguera, por ser poeta y provocador. Borges, dice ella, le enseña a uno a leer. Él adjetiva con palabras precisas, porque es “sentencioso” y lo pone a uno a pensar cosas; ella lo ama por sus palabras matizadas y llenas de poesía, sus gestos poéticos que llevan a leer las cosas pequeñas, en los rincones del pensamiento.
Cita el poema El Tango para hacer énfasis en su hermosa metáfora que dice que estamos hechos de polvo y tiempo. Y afirma que la pasión de Borges está centrada en el tiempo, la memoria, la identidad, el olvido, la causalidad: la imposibilidad humana de vivir la simultaneidad, la conexión existente entre todas las cosas.
Inés también confiesa su amor por Whitman porque, dice ella, habla “de todo”. Toca todos los temas, entrega el efecto de las ideas actuando sobre la vida. Y luego afirma con Borges, que uno no debe escribir en el momento de la emoción. Hay que esperar que la emoción decante. Pensar. Y añade, para Borges pensar es emocionante, entretenido, es el placer de la inteligencia.
Yo vuelvo a fugarme y pienso que para mi pensar en medio del fulgor de la emoción es en cambio una fortaleza, como una especie de droga que exalta y aviva el ánimo, que despierta el gusto, que activa las relaciones más inesperadas y sorpresivas. La emoción me hace temblar el pensamiento como en un estado febril donde se agolpan las ideas, como en un juego, como en una danza, como en un concierto. Y para mi eso está bien. Me gusta sentir la viveza y sensibilidad del pensamiento. Tal vez por eso me gusta escribir en este blog sobre lo que me hace pensar y sentir una conferencia. No despliego autores. Me quedo con el sentimiento del pensamiento.
Ella admira a los filósofos por su capacidad de no perderse en el camino, mientras a sí misma se describe desordenada.
Afirma que si tuviera que elegir un poema, elegiría el Sur y agrega: las palabras monosílabas son muy bonitas. Estoy de acuerdo con ella. El AÚN para mí es quizás la palabra más hermosa del Castellano por todo el tiempo que es capaz de albergar.
Inés dice que para Borges, el Sur es un punto ontológico. Aún así, termina la conferencia con el poema Las causas
Doris Aguirre, su comentadora y provocadora del diálogo, señala los múltiples caminos para abordar la obra de Borges, el amado, el odiado, el "sin tintas medias" y agradece el fervor en la lectura de Inés. Afirma que a Borges hay que pensarlo desde las poéticas: del espacio, del tiempo, de la sensación y las sensibilidades. Y comenta que Borges habla del arte como espejo que nos revela nuestra propia cara. Pregunta por las fronteras entre los géneros literarios (14 libros de poemas, 6 de cuentos, 12 libros de prólogos y de ensayos) e invita a Inés a hablar de los prólogos y del Borges maestro. Inés afirma que los prólogos de Borges son realmente las puertas de entrada y a la vez son preciosas clases de literatura en los cuales además enseña el valor del amor por algo, el placer del texto, la libertad, las pasiones y los odios.
Queda mi pensamiento deslizándose sobre las dudas desde el primer momento en que fue leído en la conferencia el fragmento del poema Amanecer que dice:"...las ideas que no son eternas como el mármol sino inmortales como un bosque o un río". Este fragmento me increpa y me avergüenza pues me pregunto si mi joven lectura del cuento El Inmortal fue tan ingenua que no alcancé a captar realmente el tiempo del que parece hablar Borges en oposición a lo eterno. ¿Inmortal y eterno se contraponen? Tal vez, parece estar claro, es que el segundo ni siquiera contempla la muerte. ¿O sí? Y como dice el cuento de Borges: "Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal".

sábado, 11 de abril de 2020

Pensamientos en cuarentena

Llevo encerrada, en modo auto-aislada 27 días continuos sin salir a nada de manera presencial pero transitando como loca por los libros, los chats de los amigos, las redes sociales y los lugares comunes de mi trabajo.
He seguido de cerca muchas conversaciones, opiniones, informes sobre la pandemia ocasionada por el COVID 19. Al día de hoy van 1.688.985 personas infectadas, 104.831 muertos, 383.319 recuperados y 1.200.835 "casos activos". Todas son cifras desconcertantes. (Ver: The Coronavirus App)
Me he encontrado a mí misma aprovechando secreta y descaradamente esta catástrofe para por fin estudiar geografía y saber dónde queda éste o aquel estado, sumada a una extraña compulsión por revisar a diario cuantos infectados lleva el mundo, en cuántos días, cuántos se han muerto y cuántos se han recuperado. Aún no logro entender por qué acudo a esas estadísticas si sé que las cifras me dejan suspendida en un tiempo individual que pasa demasiado lento y que además, anuncia el tiempo sin tiempo ante el que estamos como humanidad. Tal vez se trata del asombro, tal vez del miedo. La velocidad en los cambios es vertiginosa. La tríada infectados-muertos-recuperados nos obliga a replantear a diario nuestra idea de mundo, donde nada está seguro, ni siquiera las palabras significan lo mismo de un día para otro. Los sinónimos se deslizan como queriendo percibir diferentes relidades.
Un coro planetario canta con dolor la misma preocupación, la misma súplica, la misma plegaria: “Quédate en casa”. La razón… es que la muerte anda suelta haciendo de las suyas. Y con apoyo de las tecnologías todos sabemos de las masivas muertes ajenas.
Pasamos del chiste al miedo y del miedo al horror, al sufrimiento. El chiste intenta liberarnos del miedo y se convierte lentamente en un excelente aliado de la salud mental. Viene de Asia y de Europa, y se entiende perfecto en cualquier parte de América. El chiste y la risa son un lenguaje universal, tan potentes como el sufrimiento y el dolor. Ahora todos andan juntos. Han estrechado su amistad. Se turnan durante el día. La risa funciona antes de la muerte de las personas cercanas o amadas. En ese momento la risa calla y se hunde en un silencio literalmete sepulcral. Después habita solo la desolación. Y lo que empezó con una mirada a lo lejos, de algo que les pasaba a otros, es algo que hoy nos pasa a todos sin importar si somos niños, maestros, gobernantes o asesinos.
Qué cortas se han vuelto las distancias. De pronto, como siempre debía ser, todos somos uno. Y nos cuidamos los unos a los otros, y nos enfurece que otros en cambio no se cuiden a sí mismos. De pronto todos somos un solo continente. Los mapas de los territorios no desaparecen pero emerge una mancha estadística por encima de ellos que nos unifica, no como razas, ni como pueblos, ni como culturas, sino como humanidad. De pronto, más allá de los mapas emerge también el espacio de la intimidad abierta como una flor, como el olor de una sopa caliente para todos. Y conocemos las salas, las alcobas, las bibliotecas de amigos y desconocidos. Todos mostramos a través de una pantalla cómo vivimos y qué objetos valoramos en la intimidad de nuestro hogar. Como se trata de una emergencia mundial, no importa, no desconfiamos, nos mostramos. Algunos rostros, mucho de ellos, se presentan limpios y sin máscaras, con un brillo inusual y hermoso sin maquillajes. Algo de las bondades colectivas retoñan. Recuperamos la confianza en el otro como prójimo (próximo) y volvemos a hablar de familia, amigos, hogar, humanidad. Nos acompañamos para seguir viviendo. Creamos la ilusión de una cercanía suficiente para compensar la soledad de los abrazos y las caricias, las delicias de saludar sintiendo la mano, el cuerpo y las risas de los demás que han dejado de ser "de-más".
La cultura en sus diversas expresiones se ofrece como alternativa para no morir de soledad, para aliviar pesadumbres y malestares sociales. Y los museos se abren al igual que las bibliotecas, el músico toca desde su estudio, el poeta comparte sus pensamientos, los maestros continúan con sus clases a tientas desde la virtualidad.
Ah, la virtualidad. Cuántas cosas habrá qué decir de ella, para la educación, para la cultura, para la dominación y la domesticación. Cuántas cosas nos quedan apenas por empezar a pensar. Aún no sabemos decir a ciencia cierta qué tan positivo o negativo es esto que nos está pasando como humanidad. Aún no sabemos si de verdad hemos cambiado, si realmente el mundo será otro cuando salgamos del "tele" mundo, de la pos-moderna caverna sin Platón.

martes, 30 de julio de 2019

Apuntes para leer con ojos ajenos (10)

La vocación de escritor, de un ferviente lector. José Lezama Lima. Por: Eufrasio Guzmán
Esta vez comenzaré con el final, es decir, contaré qué pasó varias semanas después de finalizada la conferencia. Sabía que en alguna parte de mi biblioteca había un libro no leído de Lezama Lima. No me preocupé mucho por encontrarlo en principio. Pero poco a poco se fue volviendo como un pequeño imperativo. A ratos sentía que ardía en deseos de encontrarlo. Pero el ardor se me quitaba. Daba una primera revisión a mi biblioteca (repartida en varios lugares de la casa) y nada. ¿Dónde puede estar? Quizá no tengo nada de este autor me decía a mi misma y me desentendía de nuevo. Si lo encuentro, creo que quiero leerlo con suavidad y lentitud. Al cabo de volverme a acordar y olvidarme de nuevo, y volverlo a buscar... lo encontré entre muchos otros libros que sé a ciencia cierta que me están esperando para cuando me termine de llegar mi tiempo de ocio sagrado, en el que aspiro a leer de nuevo muchos textos ya leídos (en especial a Freud con la mirada de vejez que ahora tengo) y a descubrir otros que jamás ni siquiera desempaqué. Falta poco. Creo que es ya casi, es en breve, como le llegó al Quijote su momento sagrado de leer hasta "enloquecer".
Eureka. Lo encontré. Es un libro maravilloso de pasta gris verdosa. He de confesar que tal portada fofa y fría no invita a la lectura. Pero su titulo sí. Se llama ALBUM DE LOS AMIGOS. Ese sí que es un bello título una vez se abre el libro y emergen el colectivo de amigos. Fue un regalo de Jana Cazalla, mi tutora de tesis doctoral en el 2003. Lezama nada tenía que ver con mi doctorado. Fué sólo un regalo que guardé con afecto, y que fue producido en mi querida ciudad de Valencia, España, en la Universidad Politécnica de Valencia. Los investigadores de este bello trabajo son Diana María Ivizate González e Iván González Cruz.
El libro recoge un magnífico epistolario y revela los escritos a puño y letra de amigos, admiradores y extraños de Lezama a lo largo de su vida. Compila pequeñas reseñas, declaraciones de amistad profunda, letras y caligrafías del afecto y la admiración, dibujos, líneas y trazos como de esos que se hacen bellamente en servilletas en momentos sagrados de ocio o de fugaces conversaciones en cualquier cafetería. Son 319 páginas sin igual. Me pregunto: ¿Dónde está Lezama? En la lectura de sus amigos y extraños. Muchos autores desconocidos, casi todos, y algunos pocos, bastante pocos, me resultan algo más familiares como Julio Cortázar, Ernesto Cardenal, Nicolás Guillen, Gabriel García Márquez. Ah, cuántos deseos tengo de leerlo.
Mientras tanto volveré a la provocadora conferencia. Esta inicia con una lectura del profe Eufrasio, un profe de vieja data del Instituto de Filosofía de la UdeA. Cada que lo veo no puedo comprender porqué me cuesta tanto recordarlo más jóven, más delgado, quizás menos severa su mirada. Es como si la imagen de ahora me borrara del todo su recuerdo por los pasillos del bloque 12 de la Udea.
Bella la manera como el profe cita a sus alumnos; bella la manera de envolvernos suavemente en la mitología, lo apolíneo, el eros.
Alude a Freud y su abandono del lenguaje de la ciencia médica para resaltar acto seguido, cómo ingresa en en el lenguaje de la cultura, del eros y del thánatos, de la tragedia griega. Por supuesto en ese mismo escenario hace entrar a Nietzsche, contemporáneo de Freud, pensador similar y amante de la tragedia para recordar la figura de un toro con cuernos.
Y dice que Lezama piensa la cultura desde Hermes, igual que Giordano Bruno quien también es "hermético", igual que Michel Serres.
Alude a sus propios libros para confesar que Lezama ha sido un mojón para pensar la cultura occidental. Lezama es un autor que se mete en la historia de los dioses, los reinterpreta, los relee, y crea el mitoanálisis. Cita a León de Greif y algunas de sus epifanías.
Afirma que la obra de Lezama tiene mucho que ver con el amor, en particular el amor a la familia. Siente el imperativo de su madre de tener que contar la tragedia de su familia con la muerte de su padre.
Habla de José Manuel Arango como un evaluador de uno de sus textos y lo presenta como un hombre de varios dioses. Afirma: leer la cultura en clave hermética fue muy revelador para José Manuel Arango aunque hizo su obra más densa.
Alude a la amistad, al coro asimilado al canto coral del fútbol donde la multitud se reúne en una sola voz. Y la conferencia se va convirtiendo en un paseo por diversos autores y poetas.
Declara que la dignidad de la poesía es resaltada contundentemente por Lezama quien se refiere al hecho de NO MATAR ya que en él hay una conexión profunda con la vida y con no aceptar los callejones oscuros del realismo. El afrontamiento de la pobreza con la poesía como dignificación de la vida humana, es otra de las lecturas que se hace del pensamiento de Lezama. Así, el arte, la plástica, el ensayo, convertir la poesía en un modo de vida, va a ser el norte y el eje de su compromiso vital. Es la ética del artista: concentrarse en su obra. La poesía como resistencia está asociada a resistir frente a todos los embates que niegan o dificultan la vida. Lezama no es un autor católico. Habla de resurrección pero asociada al ejercicio del arte, la poesía como un elemneto para construir el paraíso que contiene la intensidad. La idea de trascendencia y resistencia frente a la idea de la muerte. Se opone a Heidegger de que somos un ser para la muerte pues cree en la vida, lucha contra el vacío, mantiene una confianza profunda en la expresión poética. El canto a la casa, como la que vivía en su casa, se podía ver la luz, la casa es un triunfo del ser humano frente a la avasayante presencia de la selva.
Nace entonces mi curiosidad por ver que aparece en wikipedia a la que yo no satanizo sino que la veo como un bául lleno de cosas útiles e inútiles, porque en verdad uno se encuentra allí aproximaciones y sugerencias que resultan muy poderosas y sugestivas si uno quiere seguir buscando. Y mi sorpresa mayor es encontrar una cascada de comentarios deliciosos e incitadores para buscar la lectura de Lezama. No sabía que había tanta escritura sobre este autor. Lo celebro.

Apuntes para leer con ojos ajenos (4)

La conferencia a la que aludo hoy es a la de Carolina Sanin sobre Viaje a Pie de Fernando González, cuarta en la serie de encuentros de Lectores y lecturas.
Carolina misma es una invitación a la lectura. Su tono de voz, su escritura, el entramado cuidadoso de las palabras, sus temas, sus preguntas. Me resulta profunda, casi abismal. Cada interrogante suyo me estrella contra el silencio. ¿Cómo hablar, cómo escribir si apenas la estoy escuchando por primera vez, si no he caminado jamás con ella?
Ella habla del Viaje a pie de Fernando González y de todos aquellos que caminan su propia escritura. Introduce pequeños ruidos secos como de gusanos de seda comiéndose las tiernas hojas biches de mis preguntas. Cuando quiere, se detiene para detener el caminar de Fernando y de la nada lo propone en "un presente eterno", en el lugar de la "contemplación".
¿Cómo es posible caminar y contemplar a la vez, ambas expresiones presentadas en el sentido del "recogimiento"? ¿Acaso el recogimiento no requiere de la dulce quietud, de la lentitud, del des-apresurar la vida? ¿Y cómo esa dulce quietud sin embargo, se desplaza, se expande, va, se detiene, recolecta, asciende, baja, se pierde? ¡Qué bella su idea de ascenso al mar! ¿Acaso no ve Carolina que no puedo seguirle el paso? Va demasiado aprisa entre Fernando, Petrarca y Dante. Entre Thoreau y Rousseau... y al final cita a Werner Herzog. Sus palabras ascienden, escalan, bajan, trepan, van al infierno sin tiempo, viajan al purgatorio donde se espera y se redime, donde se tiene tiempo de más, donde hay tal vez una segunda oportunidad.
Presenta al caminante como ese que recolecta cosas, miradas, anécdotas, recuerdos, sabores, sensaciones, ausencias, paisajes, ideas... Claro, ideas. De eso se trata la conferencia. Pero ideas con territorio, con lugar y fecha de nacimiento. Ideas con caminos, aunque Serrat diga y cante lo contrario. Ideas con horizontes como los que plantea Gadamer para la comprensión. Ideas con tiempo, con la noción de día, de amaneceres, de vuelta a empezar. Dormir y despertar, empezar de nuevo para seguir el viaje.
Mientras tanto yo me ausento un momento para preguntarme: ¿Camina también el "habitante de calle"? ¿Busca él ganar ideas o quizá perderse en ellas, o lo que es más, busca perderlas, des-hacerse de las ideas que no sirven para la vida diaria en la calle, en la droga, en la miseria, en el olvido y en la negación? ¿Son ideas o son dolores? ¿Ahí estará la diferencia entre el caminar del filósofo y el deambular solitario, perdido, ausente de sí mismo y olvidado por todos los demás del habitante de calle? ¿Camina el desplazado que va sin ninguna pertenencia y que sale a las tres de la mañana porque le anuncian su inminente muerte? ¿caminan las víctimas? En secreto pienso que que hay entonces un caminar de estrato alto y otros muchos del mundo del subsuelo.
Me sorprende esta especie de viaje a pie por la obra de Fernando.
Carolina despliega una gran baraja de términos asociados al caminar y al tiempo. Por ejemplo el peregrino que camina para redimir su destino, para borrar su historia, para subvertir el tiempo que pasó; el migrante, el turista, el viajero, el paseante, el pasajero, el caminante...
Y ella insiste: son libros de caminatas (no de viajes, aclara ella, aunque justo el libro en cuestión se llame Viaje a pie); son memorias no autobiográficas sino "del pensamiento". Son relatos de viaje que permiten ver-se de lejos aunque en medio de la fascinación por la naturaleza "para encontrase como parte de esa naturaleza"; reconocer el cuerpo y su agotamiento o su resistencia, tal vez es un ver caminar la mortalidad al lado, como su sombra. Preguntarse qué es un día, qué es el momento crepuscular del caminante como si el "giro completo de la tierra" fuera metáfora suficiente para pensar en el tiempo de "una vida".
Me interesa mucho este coqueteo de Carolina con el tiempo. Por eso salgo a buscar sus libros y artículos para esculcarla por dentro. Me encanta el público y sus preguntas.

Apuntes para leer con ojos ajenos (12)

Dudar del mandato. El patriarca en Manuel Mejía Vallejo. Por: Eliana María Urrego Arango
Volvió de un sólo golpe de conferencia el recuerdo de ese señor alto, bonito, gallardo, elegante, fumador, y creo que hasta gracioso. Volvió el recuerdo de la Biblioteca Pública Piloto y las conversaciones amenas de los amigos en público, tal como Juan Luis Mejía se declaraba con respecto a él. Volvió un deseo de leer a Mejía Vallejo, ahora con los ojos de esta adultez que me alborota el alma cada que voy a la cita de Lectores y Lecturas. Manuel Mejía Vallejo ese era ese señor al que me refería y Eliana María Urrego Arango la conferencista.
Cuando entré me advirtieron: es psicóloga. Qué bien, dije con algo de extrañeza por el comentario y puse su título en la silla del lado para que no me estorbara. De hecho casi he tomado la decisión de no llegar temprano a la lectura del currículo del conferenciante, a la presentación del Lector de turno, pues quiero jugar a escuchar al otro sin currículo, sin presentación, sin historia. No quiero saber si su lectura es hija de un doctorado, o hija del sillón de la sala, o de la cafetería de un parque central en un pueblo lejano.
Cuando veo a Eliana con su vestido rojo de manga sisa y su cabello rizado me gusta su figura. Creo que nos conocemos, creo que hemos coincidido en algún momento de nuestras vidas, pero no logro recordar. Me da vergüenza preguntarle. Pero se que hubo un momento largo de mi vida en que coincidimos en alegrías y amigos. Por este lado no diré nada más. Me gusta su dramaturgia y expresión corporal para exponer. Es como si tuviera una juventud detenida, abrazada, encarcelada. La voz, la frescura, la poca postura de doctora es encantadora. Se habla a así misma con ese dejo que tenemos los antioqueños y que Carlos Mario Aguirre caricaturiza tan graciosamente en sus obras de teatro.
Su pregunta es por los hombres de las novelas colombianas y las figuras masculinas, por eso de ¿Qué es ser un hombre? Recordé que en mi formación como psicóloga me pregunté por lo femenino y curiosamente apenas hoy caigo en cuenta que jamás pensé que podía preguntarme por lo masculino. Como si lo masculino estuviera muy claro y el gran enigma fuera sólo lo femenino, tal como aprendí a la sombra de la letra de Freud, Lacan y mis profes (hombres) de psicoanálisis .
Eliana invita a la conferencia al coronel Aureliano Buen Día, personaje de Gabriel García Márquez y Maqroll el Gaviero, personaje de Álvaro Mutis. Dice que son dos obras de dos hombres hablados por sus hombres. Encuentra en ellas y en las de Mejía Vallejo una visión del hombre latinoamericano, una presencia masculina que va mostrando características de hombres derrotados, con proyectos fracasados, provenientes de pueblos, vinculados a cantinas y prostíbulos, homosexuales algunos, cuchilleros casi todos, figuras de gamonales o de hombres sin lugar... Hombres que responden al mandato de la cultura y de la familia antioqueña para la cual el valor principal y más importante es la riqueza, tal como lo afirma ella de la mano de la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda quien arriesga la tesis de que la organización de la familia antioqueña parte de la riqueza como valor.
Eliana habla de su tesis doctoral escrita a partir de Balandú y el espacio imaginario creado por Manuel Mejía Vallejo. Menciona otras tres obras (las cuales salgo a buscar como loca y a leer reseñas o estudios sobre cada una de ellas): El día señalado (Premio Nadal 1963); Aire de tango y la Casa de las dos Palmas. En ellas hay plasmada una imagen cercana de la violencia en Colombia, de cómo la venganza hace parte de un círculo imposible de evitar; habla de los hombres y del patriarca, de las generaciones que le siguen (los Herreros) para explicar con ellas como cambia el mandato entre generaciones coincidiendo con ello el tránsito que se da desde la tenencia y el cuidado de la tierra hasta el cambio de valorar la industria como lugar para conseguir fortunas, el poco valor que empieza a tener el poder y la pregunta por la "maldición" para quienes no logran sostener el patriarcado. Un patriarcado que se va también desfigurando con el alcohol y del cual emerge una especie de antecedente del narcotráfico.
Hay claro está, pocas alusiones al rol de las mujeres, a sus pocas voces en las obras de los hombres, y emerge la mujer que ve más de la cuenta y justo se queda ciega, la mujer maltratada, la que es silenciada, la mujer bruja o la gran cuidadora que se pregunta por la decencia y cierra para siempre "el baúl de la buena esperanza".
Es delicioso escucharla. Ella lee, se va para los libros y las citas y vuelve con sus preguntas, sus respuestas, sus conclusiones. Mientras eso sus manos danzan al son de sus palabras acompañadas de una mirada abrigadora para el público. Llega entonces la segunda parte, la de la conversación. Lo mejor... ese público que escucha y configura sus preguntas y la oportunidad de ella de ampliar su exposición tan deliciosa.

jueves, 28 de marzo de 2019

Apuntes para leer con ojos ajenos (3)

La tercera conferencia del ciclo de Lectores y lecturas estuvo a cargo de la poeta y ensayista María Clemencia Sánchez. Se titulaba: Helena Araújo. La esposa fugada. Signos de una escritura.
Dos asuntos me resultaron impactantes del encuentro con Clemencia.
Primero, el formato "visual" de la conferencia, donde la mujer de la que se habla hace presencia en primer plano delante de la expositora. Bella imagen de ambas.
Y segundo, la concepción expuesta sobre el exilio como "devenir afuera" que es de lo que se ocupa la tesis doctoral de Clemencia.
La conferencia inicia presentando la manera como Clemencia se aproxima a la obra de Araújo. Da cuenta del interés de ambas en la literatura femenina y en particular en el tema de "la condición femenina". Emergen obras como la Scherezada criolla, La M de las moscas, Fiesta en Teusaquillo (Helena Araújo); El segundo sexo (Simone de Beauvoir), Un cuarto propio (V. Woolf), Ifigenia (Teresa de la Parra) y autoras como Elisa Mujica y Soledad Acosta de Samper.
Clemencia parece posar su mirada en los personajes de las obras literarias de mujeres, cuando éstos le resultan autorreferenciales, en cierto modo confesionales, autobiográficos, que para el caso de Araújo, la lleva por el camino de la pregunta por el exilio.
Y entonces plantea el exilio como simultaneidad, como extrañeza y a la vez, como forma de conciencia entre un antes y un después. Como un cambio territorial y discursivo. Un "devenir afuera". Bien hasta ahí. Yo creo lo mismo.
Claro, cuando uno sale del país a vivir por un buen tiempo, se produce una especie de toma de conciencia entre el lugar dejado y la emergencia imperativa de la pregunta por la identidad, por las raíces, por su "ser" en relación a otros que son "sus semejantes"; otros que por primera vez quizás, aparecen en la conciencia de uno como "compatriotas", una expresión que se configura y desconfigura incluso con otros "compatriotas" que están igualmente fuera del país, porque en ellos se mueven intereses y miedos, ya que también ellos están re-configurándo-se en relación a otros. Esto es una pre-ocupación inicial que prontamente se abandona o por lo menos se aplaza. Otros asuntos se anudan a la conciencia de sí.
¿Pero... ¿es eso exilio? Yo jamás me pensé así. Por supuesto en mi caso no me empujaba un malestar, una "imposibilidad de seguir siendo" en mi país. Me empujaba un sueño, un ideal de estudiar, de conocer, de aprender. Indudablemente se llega al afuera, al "extranjero" en calidad de externo, inmigrante, extraño. Qué tan amenazante o amistoso resulte ser para los demás, es algo que uno debe aprender a sortear en la cotidianidad. Para eso no hay experiencia previa. Pasa en la relación con el otro, en tiempos y espacios determinados.
En medio de la exposición de Clemencia y los argumentos anecdóticos de la salida de Helena hacia otro país, surge en mi la pregunta ¿qué de su salida se convierte en exilio? Será, como expone Clemencia, porque fue enjuiciada por la iglesia como "indecente", porque se sentía extraña en su propia tierra, porque pidió la separación de su esposo y fue internada en un "sanatorio" o porque sus próximas (las mujeres de su alta sociedad) no entendían de qué hablaba...
Bello el nombre de "La esposa fugada". Pero... ¿"fugada" ha de traducirse como "exiliada"?
Hago libremente una asociación con la pintora Débora Arango y entonces me pregunto si también ella estaba "exiliada" en su propia tierra, en parte enjuiciada por otra mujer "fugada" como era el caso de Marta Traba que en su momento le negó un lugar en la crítica del arte nacional.
Quizá mi desconcierto esté en que yo había reservado para este término algo mucho más contundente, más desgarrador, más trágico si se quiere. Siempre lo había asociado al "desarraigo", al "destierro" voluntario o exigido por múltiples tipos de situaciones, pero en las que la vida misma se encuentra en riesgo. Tal vez porque el exilio político es una idea bastante fuerte en la memoria de los colombianos. Tal vez porque la he escuchado muy ceca del exterminio, de la guerra, de los despatriados.
De todos modos, y más allá de mi desconcierto, me queda el deseo de leer a esta Helena que Clemencia nos ha presentado

jueves, 21 de marzo de 2019

Apuntes para leer con ojos ajenos (2)

La conferencia a la que aludo hoy desde mis apuntes, es la de Paloma Pérez quien presentó su texto Oficios afines como pre-texto para conversar con el auditorio. Ella inicia contando cómo fue su tránsito de lectora a escritora. La sensación que Paloma me deja es que sencillamente y sin saberlo, ella, vino a contar-me, no por ser escritora, que no lo soy, sino porque activa en mi viejos recuerdos que yo no sabía ya por dónde estaban.

Inicia con la pregunta. "¿Cuándo empecé a leer? " Se responde "cuando me empezaron a leer". Y comienza una danza de recuerdos de ella sobre el olor de los clásicos antiguos, las ventajas de estar enferma para "leer todo lo que me cayera en las manos" y sus encuentros con la colección de "Selecciones", "Corín Tellado" y Agatha Christie.

Me embelesaba su figura actual, calculadamente desordenada y con un mechón de pelo que invitaba a anidar en él. Intentaba traer a mi memoria la muchachita que conocí estudiando psicología en la universidad. No nos habíamos vuelto a ver desde la época del grado (que en muchas ocasiones termina siendo un acto expulsor). Supe, por su CvLAC (que lo busqué), que ella se graduó después que yo. Y mientras ella hablaba de sí, yo volvía la mirada hacia mi. Era irremediable. Sus preguntas me preguntaban.

Y  recordé de inmediato que a mi, mis padres jamás me leyeron, pero me cantaron y me contaron. Mi madre cantaba boleros, música colombiana, y algunas cuantas canciones infantiles. Mi padre inventaba cuentos o contaba las pocas óperas a las que había asistido.

En casa había un libro muy hermoso de las Mil y una noches. Era viejo y deshojado pero tenía las más bellas y brillantes ilustraciones protegidas con "papel de mantequilla" de realces bellamente decorados, como las hojas de los herbarios. Mirarlas en su extraordinaria belleza fue mi manera de leer en mi infancia.

Los pocos libros que reposaban en mi casa estaban en la pieza de atrás, donde se guardaba la ropa de planchar, los sombreros con encajes, los guantes y los tacones de mi mamá. Estaban en el baño, desdeñados, olvidados, inmensamente solos. Sin lectores. Ignorados por casi todos, en cierto modo condenados al exterminio. Yo guardaba entre sus hojas amarillas de bordes oscuros, mis pequeños escritos como un secreto. Estaba segura que allí nadie los podría encontrar. Quizá esos libros los dejó olvidados el abuelo Marcos que era un gran lector según daba cuenta su biblioteca. Su casi profesión de abogado así lo debía haber exigido. Recuerdo también que había un libro prohibido; se llamaba Lo que el cielo no perdona de Ernesto León Herrera. La amenaza del infierno a cambio de leerlo funcionó por muchos años para mi, máxime cuando supe que había sido escrito por un cura rebelde.

En casa de la tía Ester también estaba la colección de Selecciones. Era un gusto leer esa letrica pequeña y las historias cortas pocas páginas antes de los chistes. La colección había que dejarla en paz antes de que llegara la tía. ¿Y los almanaques mundiales. o los Bristol? También esos los leía.

¿Los clásicos? Nada. Ni siquiera los había oído mencionar. La madre de Paloma venía de España y los conocía perfectamente pero la mía venía de Don Matías. Ella era una bachiller de letras verdes, lectora de algunos poemas que alguna vez le encontré.

Paloma sigue su historia dando un salto a la Biblioteca de la UdeA y yo de inmediato doy un brinco adolescente hacia la Biblioteca Pública Piloto. ¿Cómo fui a parar allá? Tal vez mis amigas de colegio me contaron de esos tesoros no escondidos. Esos libros fueron mis amigos por muchos años. Hasta fui empastadora de libros viejos por varios meses. Quería aprender ese oficio hermoso y podía estar más tiempo allá sin levantar sospechas de persona rara. Allí conocí a Manuel Mejía Vallejo, Carlos Castro Saavedra y otros autores que me regalaron mundos. Más que leerlos, me gustaba oírlos, verlos... Por ese entonces Juan Luis Mejía era el director de la BPP. Ay, qué mono más hermoso, pensaba yo cada que lo veía. Sus entrevistas eran como olas que iban y venían. Qué delicia escucharlo a él también.

En ese momento ya estaba en la UdeA y también en la Escuela Popular de Arte -EPA- donde conocí al luchador/sabedor Chucho Mejía. Las peñas latinoamericanas entraron a mi alma para quedarse como formas de lectura y de disfrute estético.

Y así leí también la música, los poemas de la nueva trova cubana, sumados a Miguel Hernández, Benedetti, Barba Jacob, Robledo Ortíz, Paz... Canté a Serrat a todo pulmón de la misma manera que a Mercedes Sosa; encontré maestros como Elkin Restrepo, Oscar Castro, Marta Vélez...

Descubrí y coleccioné por mucho tiempo la Gaceta universitaria, la revista Alternativa y la Acuarimántima que me moldearon el alma junto con el folclor, Juan G. Rua, Nicolás Buenaventura y Totó la Momposina entre otros. Y la mezcla me hizo aún más rara.

Entonces Paloma me saca de esta lluvia de recuerdos y zas, menciona los gatos de la Universidad de Antioquia y cómo ella se "engatusó" con ellos. Lee su cuento, lentamente, transitando por los  graciosos nombres de los gatos según su lugar de residencia, según la Facultad de nacimiento, y en esas, una mujer del público, hermosa de voz y hermosa toda ella, ronronea un poema para su gata Ceniza, "con ojos de cuchillo azul", recién muerta, ofreciéndonos su palabras como fervorosa oración para comulgar en secreto con el auditorio.

Una pausa.

Urge salir a conseguir el texto. Nos encontramos varios escuchas de su conferencia, en la librería. Compramos Oficios afines. Lo hojeamos.

Claro, era de esperarse. Es la vida cotidiana y la cotidianidad de la escritura de Paloma. Hacen presencia la casa, la ropa, el mango, los estudiantes, los viajes, la cocina, los autores, las cerámicas, las bibliotecas, los amigos, la casa, la escritura, los autores, la casa...

Quiero preguntarle, cuando la vuelva a ver, qué palabras hay escritas en su portada. Será por supuesto una terrible indiscreción, porque están sobrepuestas como en un sueño o como en un equívoco. Yo juego a encontrarlas. No son rayones al azar. Nada que ver con la etapa del garabateo. Algo coquetea con la escritura jeroglífica y con los borramientos. ¿Qué dicen? ¿Qué mensaje hay allí por descifrar?

martes, 19 de marzo de 2019

Apuntes para leer con ojos ajenos (1)

"La alegría de leer" de Carlos Vásquez

Hoy vuelvo a este blog  a consignar algunas palabras que me resuenan desde las voces de los autores-lectores en el ciclo de encuentros: Lectores y lecturas que este semestre estoy vivenciando cada viernes en las mañanas en la UdeA

El  primero de estos encuentros, de 15 que serán,  fue con Carlos Vásquez  quien en su conferencia inaurugal presentó a Elias Canetti: La alegría de leer.

Haré uso  sólo de mis apuntes para esta nota y jugaré a juntar los pequeños momentos expositivos del profe, a tejer sus lecturas fragmentadas, a encontrar cadencias... La verdad, yo quería escucharlo, seguirlo a él, más a Canetti. Acercarme por un momento, de manera secreta a su alma de lector, a su hábito de la lectura.

Recuerdos

De entrada recordé la portada del libro que creo haber conocido en la infancia titulado con el mismo nombre de esta conferencia, en donde un grupo de niños van a la escuela con banderas e instrumentos musicales, el mismo que corrí a buscar en internet y con grata sorpresa lo encontré como parte del museo de la Universidad Pedagógica Nacional. Al fijarme en su portada comprendo porqué la diversidad cultural fue la gran ausente en las ilustraciones que acompañaron nuestras lecturas de infancia. Sería muy interesante hacer un estudio sobre este tema.

Recorro página a página el libro escolar La Alegría de leer  publicado en 1930 por Evangelista Quintana, y no puedo evitar asombrarme por todo lo que esa cartilla trató de enseñar a los maestros por más de dos décadas como mínimo. Se infiere en ella que leer en el primer año de escuela, está en estrecha relación con la alegría de dibujar, recortar, pegar, escribir... Tal vez por eso el valor del subrayar en la lectura adulta.  Me produce una gran ternura hojear el que puede llegar a ser uno de mis primeros contactos con la lectura y la escritura desde el dibujo y los caracteres de las palabras escritas.

Algunas personas me han dicho que tengo letra bonita; otras que tengo letra de monja. Hoy creo saber a ciencia cierta de donde viene en parte mi caligrafía.

Lecturas entre alegría y goce

Me pregunté al principio ¿por qué el profe Carlos le habrá puesto ese nombre a su conferencia? Por qué hacía referencia "al gozo de la lectura" como si alegría y goce significaran lo mismo para él. Y claro, fui entendiendo lentamente mientras él le contaba al auditorio su "fascinación y perturbación" con la obra de Canetti, su "enamoramiento incurable",  su "hechizo", sus "encuentros milagrosos" con algunos libros que lograron cambiarle la vida.

Él se refiere a la "alegría de haber  haber terminado de leer por segunda vez" la obra de Canetti, que a su vez, es "pura tristeza".  Tristeza de no poder "volver a leerlo por primera vez", de perder el inolvidable primer encuentro con su ritmo, sus silencios, su voz, sus escuchas de otros,  con la conmoción agitada de los primeros encuentros con un autor que nos salva... Es por eso que un libro se nos vuelve "entrañable" como dice el profe. La alegría de leer es así, "la resurrección de los muertos" tanto del escritor que ya se ha ido y que resucita en las lecturas ajenas, como de nosotros mismos en camino hacia la muerte.

Señala que "Todo acto de lectura es anónimo y gozoso..." y "...hasta los reencuentros desafortunados con la lectura son afortunados." Algo de la noción de goce Lacaniano empuja por hacer presencia.

Dice al inicio que "la preparación de la conferencia hace parte de la conferencia misma" y nos narra sus "reencuentros inesperados" y sus "reencuentros afortunados". Sin mirarnos y con esa voz fuerte pero pausada que lo caracteriza, nos aconseja en secreto, diciéndonos que como lectores debemos "saber escoger, aplazar, integrar, dejar resonar..."

Lectura y cuerpo

Y entonces aparece en su exposición la lectura como cuerpo. ¿Qué nos permite inferir esté subtítulo desde su conferencia?

El profe afirma que "un libro es respiración". Por respiración entiendo aquí latido, emoción, casi desespero; entiendo un correr cálido y fuerte de la sangre del lector avivada por las palabras inesperadas del escritor, que se reescribe a sí mismo palabra por palabra, sentido por sentido. 

Por eso él dice: "Leer es acompasar el corazón..." Pero ¿se acompasa con qué o con quién? ¿Será quizás un compás de alientos? Tal vez más eso que el corazón.

Es el cuerpo todo el que presencia la lectura. "La lectura fatiga porque todo el cuerpo se compromete": "la unidad en el alma y en el cuerpo se logra en el acto de leer";  También leer es "escuchar lo inaudible. Es oir lo que no suena". Pero además la lectura es un acto del silencio: "sin silencio no se puede leer". "La lectura lo vuelve a uno parco en el decir" porque "las palabras callan".


Lectura y tiempo

Y entonces el profe hace una hermosa alusión al tiempo. Afirma que los "libros verdaderos nunca se escriben, nunca se terminan".

En la lectura "el tiempo se detiene" o tal vez está en todas sus formas. Es pasado, presente y futuro a la vez. La lectura se parece al juego que hilvana los tiempos. ¿Será eso detenderse?

Para leer ciertamente hay que detenerse, serenarse. Algo de la prisa se pierde o por lo menos se suspende. Sólo cuando el lector está sereno puede entrar al "no saber" embriagante al que nos convoca la lectura. "La lectura densifica las horas, pulveriza la continuidad del tiempo; a veces se estanca, se pierde".

Canetti y Kafka fueron convocados a resucitar en esta conferencia inaugural. También el profe por supuesto, con sus escritura y su lectura. Y como si quisiera que nadie se diera cuenta, el profe cierra con un pregunta: ¿Qué tenemos qué hacer para merecer la alegría?


sábado, 3 de noviembre de 2018

Liberar la esperanza

Ayer fue un día grandioso para mi historia universitaria.

He pasado más de la mitad de mi vida siendo UdeA. Al principio la soñé y la vi desde el lugar del ideal siendo apenas una adolescente.  Acaricié la idea de "pasar" a la UdeA. Me presenté una vez y otra vez hasta que por fin "pasé". Mientras eso, conseguí los cuadernillos de ofertas de cursos "optativos" y comencé a recorrer cuatro caminos: filosofía,  literatura, antropología y psicología. Eran cursos generales para toda la universidad y se convirtieron en mis grandes mundos por explorar.  Jamás me presenté a otra carrera pues no creía en "segunda opción". Sólo quería psicología y en la UdeA.  Nunca me presenté a otra universidad. Ya no recuerdo dónde nació esa obstinación que marcó el resto de mi existencia. Supongo que fue en el patio de recreo con mis amigas de colegio.

Siempre pensé que tuve los mejores maestros. Incluso cuando eran malos, que los había, les pedía la bibliografía del curso y yo me encargaba del resto.

Asistir a los cursos de filosofía fue toda una fascinación. Descubrí con Gustavo Valencia a Piaget y con éste la estructuración de las nociones de objeto, espacio, causalidad y tiempo. Ahhh... mi primer acercamiento a la pregunta por el tiempo. Luego descubrí a Kuhn y la noción de paradigmas con el profe Fabio y a Nietzsche con el enigmático e irónico Jorge Mario Mejía. Me divertía mucho en sus clases por sus obstinados silencios que desestabilizaban a casi todo el grupo. Podía quedarse callado 15 o 20 minutos mirando su texto y con una mueca burlona reflejada en su cara para quienes no soportaban esos periodos de clase "sin palabras". Y así fui entrando lentamente en grandes preguntas. ¡Qué delicia y qué locura!

Mientras eso conocí a Elkin Restrepo. Sus clases eran tan fascinantes como un juego. Recuerdo que llegaba con una fotografía de su poeta preferida y luego de mostrárnosla y hablar de su belleza física por un buen rato, nos contaba sus poemas con emoción profunda y zas... la clase terminaba. Justo allí donde uno quería que siguiera, que jamás terminara esa dulce danza de palabras. Por el mismo tiempo otra oferta de locura, descubriendo la literatura prehispánica con Oscar Castro. ¡Qué maravilla ese Popol Vuh, libro sagrado de los Mayas! Otra puerta abierta para mi lectura del tiempo. ¿Cómo no amar una universidad así? ¿Cómo no quedarme días y noches transitando entre las aulas con sillas de madera y espaldar alto, incursionar en la biblioteca, el museo, o con-versar en las cafeterías de tronquitos, kokorico y guayaquilito? Claro que a esta última no iba mucho porque allí se reunían los "revoltosos".

Entró a mi mundo la pregunta por la cultura de la mano de B. Malinowski, de Gerardo y Alicia Reichel Dolmatoff, o posteriormente de Lévi-Strauss. En simultánea apareció el camino del folclor y la cultura popular, tradicional, con el horizonte abierto de la Escuela Popular de Arte (EPA), tras un paro universitario de casi año y medio conocido en los corredores como el paro de "sor-prendida".

Mientras eso pasaba, el mundo de la psicología añorada había cambiado de tajo. Allí no iba a ver la psicología que me enseñó la profesora Lucelly en bachillerato, sino que me encontré con el psicoanálisis. Supe que en adelante yo tendría la mayor aventura de mi vida. Mis preguntas eran como el océano, a veces calmadas, a veces borrascosas y violentas. Algunas de ellas me han tomado toda una vida.

Y así pasé mi historia universitaria de pregrado disfrutando cada día, cada concierto, cada revista Acuarimántima, cada Gaceta universitaria. Los árboles de caucho al lado del museo fueron testigos de mi placer por estudiar.

En adelante mi carrera profesional sólo fue y sigue siendo una bella profundización de estos cuatro caminos entrelazados. Por eso estudié maestría en filosofía en la línea de estética y filosofía del arte y me pregunté por el Aún en la experiencia del arte. Por eso me hice profesora activando y tejiendo las preguntar de esas cuatro áreas. Aprendí a orientarme por preguntas, más que por respuestas y entonces pude Ser UdeA de muchas formas y lo sigo siendo, aún hoy.

La UdeA ha sido mi casa, mi habitar, mi vida, mi aprendizaje. La he amado y también me he ido, odiándola como sólo se odia lo amado. Me he desesperanzado con ella. He prometido no volver en tres ocasiones, desolada y hasta devastada por algunos personajes que sólo recitan autores y que hacen de la educación un negocio, no un compromiso, no un derecho, no una forma de existir. Me he ido para mi hogar con la certeza de no volver, pero la casa siempre es la casa y aquí sigo cuarenta años después de haber entrado a sus corredores por primera vez con el corazón en la mano, llena de futuro, plena de emoción. Basta que suene el himno para que yo cante entusiasta a mi universidad.

Y sí... la última vez que volví, retorné con miedo. Fue hace tres años. Después de tanto habitar y des-habitar la universidad me encontré la pegunta por la permanencia estudiantil. Me parecía muy extraño ese nombre. Aún más extraño el de retención o deserción.  Y además... feos... los tres. Claro. Empecé a estudiar y otra vez nacieron nuevas preguntas;  volví a entusiasmarme pero siempre con las alas listas por si había que volver a volar fuera de mi casa-universidad. Sabía que muchas de las respuestas a este asunto las había encontrado en la Facultad de Educación desde el núcleo psicopedagógico al que pertenecí por varios años o desde mi carrera profesional.

Pero aquí estoy, soñando de nuevo. Dejando que nazcan nuevos retos. Ayer, vivimos los Foros Regionales: Voces por la permanencia. ¡Qué belleza de experiencia, en el pleno sentido de lo que significa una experiencia!

Dos meses y medio pasaron desde que comenzamos Alejo y yo a pensar en el tema para ofrecerlo a  las sedes y seccionales. No sabíamos si ir allá o invitarlos a que vinieran, así como hicimos el año anterior en el I Encuentro regional de permanencia en Oriente, hoy transformado en Foros...

De una semana a otra, todo cambiaba.

Al principio y casi hasta el final, casi ninguno creía en que algo bueno podía pasar. Pero seguimos. En los pasillos se escuchaba: tal vez es mucho dinero invertido para algo ya visto, ya hecho por otros, ya vivido. Y eso asustaba. Quizás se trate de llevar lo que tenemos en Medellín, pero en todo caso no se tratará de diagnosticar. Primera presentación... datos y más datos, números sobre deserción.

Nos tumbaron la presentación decía Alejo. Vuelva y empiece. Empezamos muchas veces, una semana tras otra. Edgar cuestionaba, aportaba y susurraba en medio de la revisión de su teléfono. Ana proponía el nombre del evento y siempre atenta a trabajar. Andrés tomaba notas silenciosamente que después compartía. Esteban registraba en fotos. Jenny arriesgaba propuestas gráficas. Sigamos adelante decía Silvia. Busquemos un asesor decía Hernando.

Primer taller y muchas desazones. Herney va y viene. Otro taller. Otra presentación. Que a la vice no le gusta. Hay que cambiarla. Hay que presentarla al rectoral. Bueno, vamos, decía Marta. Yo voy al académico y a directores de regiones proponía Alejo.  Beatriz inicia campaña comunicacional.

Que se va a vincular innovación. Muy bien. Otro taller, otra desazón. Esto no tiene pies ni cabeza. Hablan de la empresa y no de la institución. Se está llegando el día. Hay una entrevista en la emisora cultural, hay otra con Paula para poner en portal. Beatriz sigue trabajando, configura la estrategia de comunicación.

Ya somos muchos montados en el cuento. Y como diría Shakespeare, ya es más fácil pasar a la otra orilla, que devolverse.  Steeve, Sergio, Natalia, Héctor, Gabriel, las Paulas, Luz Mary, Doris Adriana, coordinadores académicos o de bienestar, directores de sedes y todos los anteriores, van al taller final, pero de nuevo, muchas cosas quedan en suspenso, incluyendo el alma, por no contar con una ruta fija y clara para trabajar. Hummm. Qué susto.

Nada que hacer. Hay que hacerlo y bien. Ya están citadas casi trescientas personas. Recogemos los materiales y nos vamos para las regiones con nuestros miedos y nuestras fortalezas. Armamos una "casita" a través del whats app.  Allí estábamos todos, escribiendo, dándonos ánimos, soñando juntos, ayudándonos con las ideas colectivas. Una foto del ala del avión dice "aterrizamos" y se siente el calor de Urabá al instante. "Carretera por la permanencia" decía Herney. Miren nuestros murales. Porqué no llegan los de Sonsón, se les dijo que llegaran temprano.  Ya están llegando les contestamos. "Pilsen por la permanencia" escribía la juguetona Silvia.

Todos salieron con el plan A, B, C y de Z se llevaron la experiencia vital y profesional de cada uno. Si todo fallaba, poníamos el alma y la fe en la universidad. De hecho, así lo hicimos. Somos UdeA, eso si no puede fallar. En medio de todo siempre estuvo la esperanza de hacerlo bien.

"Empezamos el mural", "miren el de Andes", "nosotros no hemos hecho eso", "va el enlace para la conferencia inaugural", habla el director de regionalización y la vice saluda cálidamente aludiendo a la vida; ahora a "romper el hielo" (siempre me ha parecido que es una expresión bastante fea; deberíamos decir: ahora a familiarizar, a acercarnos, a mirarnos,  a vernos en nuestra humanidad, pero no... siempre le rompemos el hielo al otro).

Y empiezan a llegar cuarenta fotos, cien, trescientas, más de quinientas en un sólo día. Así vamos dicen Santa Fe, Amalfi, Yarumal, Sonsón, Segovia, Urabá, Andes, Bajo Cauca, Magdalena Medio. Qué bien, les respondemos desde Oriente. Manden foto de los listados. Hagan una foto grupal. Graben videos de evaluación de la jornada.

Toda la emoción junta. Toda la esperanza liberada y convertida en alas. Si pudiera resumir esa experiencia la haría a través de una "Canción con todos" porque en los foros estuvimos "todas las manos todas, todas las voces todas..." y liberamos nuestra esperanza sin un grito en la voz.