Espacio para opinar y reflexionar sobre la vida, la educación, los tiempos actuales... Marta Inés Tirado Gallego: mitiradog@gmail.com
domingo, 12 de abril de 2020
Para leer con ojos ajenos (17)
Cátedra Lectores y Lecturas: Inés Posada Agudelo. Jorge Luis Borges. La poesía de una idea. Agosto 2019
La autora inicia su conferencia aludiendo al miedo que le produce “la soledad de este lado de la mesa”.
Pensé de inmediato que sería un bello título para una novela.
¿Cuántas veces en mi vida he tenido esa misma sensación? Recuerdo mi primer "lado de la mesa". Se trataba de mi pupitre de infancia. Un señor de traje demasiado gris, me daba instrucciones para hacerme la foto del kínder. Exigía a todos la misma posición, la misma mirada, la media sonrisa ordenada, el mismo pupitre... Ojalá hubiera buscado capturar el inicio de mis estudios, mi perplejidad, mi asombro o mi miedo en ese lado de la mesa. Hoy pienso en él y me pregunto cuántas veces se está en la vida a un lado o al otro, viviendo la misma soledad, el mismo espanto, el mismo desconcierto. Concluyo brevemente que nada garantiza la compañía, y vuelvo entonces a la conferencia.
Inés, mi tocaya, de voz apacible y piel bastante blanca-rosa, a quien me acerco por primera vez, recomienda entrar gradualmente a Borges. Quiere regalarnos “el amor de Borges”, es decir, "su" amor por Borges.
Pensé lo más ocultamente posible, que ella me iba a interrumpir muchas veces en esta conferencia. ¿O será al contrario? ¿Soy yo la que la interrumpo? Sólo van tres minutos y ya me ha lanzado de bruces a mi infancia. Yo escribo mientras la escucho.
Habla de la dificultad que resulta para algunos la lectura de Borges por sus poéticas del tiempo y el espacio, por su ser hombre de letras, por sus ideas metafísicas y filosóficas.
Vuelvo a balancearme entre mis recuerdos para traer a la memoria aquel momento en que por primera vez me encontré a Yourcenar, con sus hermosas Memorias de Adriano. Recuerdo haber iniciado el capítulo 1 varias veces. Y sin saber por qué, ella siempre me expulsaba. La sentí soberbia, arrogante, egoísta. Me negué tajantemente a que no me dejara entrar en su obra pues la sabía de letras largas y profundas. Volvía una y otra vez a tocarle la puerta, hasta que un día, no sé cómo, ella abrió, y desde entonces me enamoré de su escritura. Dibujé en la primera página un mensaje con forma de señal de tránsito que decía: “Prohibido leer más de dos hojas diarias”. Sabía que con ella no podía correr porque me abandonaría de inmediato. Igual que Borges. A esas alturas de mi vida yo ya había aprendido a amar la lentitud en la lectura y el deleite de detenerse. Podía llevar conmigo un solo libro durante semanas, como un amigo secreto que se lleva pegado al cuerpo para que nos susurre lo más inesperado, cualquier palabra, cualquier idea que nos con-mueva por dentro y nos transforme, cualquier imagen o gesto que nos cambie.
Pues bien, volviendo al Borges de Inés, ella recomienda entrar a él por el camino de su poesía; afirma que él “lo descoloca a uno”, “lo asalta”, por su actitud pensadora, por la belleza que hace sentir, por su corazón de niño, por sus gestos hacia el misterio y hacia lo bello, por la relación con la ceguera, por ser poeta y provocador. Borges, dice ella, le enseña a uno a leer. Él adjetiva con palabras precisas, porque es “sentencioso” y lo pone a uno a pensar cosas; ella lo ama por sus palabras matizadas y llenas de poesía, sus gestos poéticos que llevan a leer las cosas pequeñas, en los rincones del pensamiento.
Cita el poema El Tango para hacer énfasis en su hermosa metáfora que dice que estamos hechos de polvo y tiempo. Y afirma que la pasión de Borges está centrada en el tiempo, la memoria, la identidad, el olvido, la causalidad: la imposibilidad humana de vivir la simultaneidad, la conexión existente entre todas las cosas.
Inés también confiesa su amor por Whitman porque, dice ella, habla “de todo”. Toca todos los temas, entrega el efecto de las ideas actuando sobre la vida. Y luego afirma con Borges, que uno no debe escribir en el momento de la emoción. Hay que esperar que la emoción decante. Pensar. Y añade, para Borges pensar es emocionante, entretenido, es el placer de la inteligencia.
Yo vuelvo a fugarme y pienso que para mi pensar en medio del fulgor de la emoción es en cambio una fortaleza, como una especie de droga que exalta y aviva el ánimo, que despierta el gusto, que activa las relaciones más inesperadas y sorpresivas. La emoción me hace temblar el pensamiento como en un estado febril donde se agolpan las ideas, como en un juego, como en una danza, como en un concierto. Y para mi eso está bien. Me gusta sentir la viveza y sensibilidad del pensamiento. Tal vez por eso me gusta escribir en este blog sobre lo que me hace pensar y sentir una conferencia. No despliego autores. Me quedo con el sentimiento del pensamiento.
Ella admira a los filósofos por su capacidad de no perderse en el camino, mientras a sí misma se describe desordenada.
Afirma que si tuviera que elegir un poema, elegiría el Sur y agrega: las palabras monosílabas son muy bonitas. Estoy de acuerdo con ella. El AÚN para mí es quizás la palabra más hermosa del Castellano por todo el tiempo que es capaz de albergar.
Inés dice que para Borges, el Sur es un punto ontológico. Aún así, termina la conferencia con el poema Las causas
Doris Aguirre, su comentadora y provocadora del diálogo, señala los múltiples caminos para abordar la obra de Borges, el amado, el odiado, el "sin tintas medias" y agradece el fervor en la lectura de Inés. Afirma que a Borges hay que pensarlo desde las poéticas: del espacio, del tiempo, de la sensación y las sensibilidades. Y comenta que Borges habla del arte como espejo que nos revela nuestra propia cara. Pregunta por las fronteras entre los géneros literarios (14 libros de poemas, 6 de cuentos, 12 libros de prólogos y de ensayos) e invita a Inés a hablar de los prólogos y del Borges maestro. Inés afirma que los prólogos de Borges son realmente las puertas de entrada y a la vez son preciosas clases de literatura en los cuales además enseña el valor del amor por algo, el placer del texto, la libertad, las pasiones y los odios.
Queda mi pensamiento deslizándose sobre las dudas desde el primer momento en que fue leído en la conferencia el fragmento del poema Amanecer que dice:"...las ideas que no son eternas como el mármol sino inmortales como un bosque o un río". Este fragmento me increpa y me avergüenza pues me pregunto si mi joven lectura del cuento El Inmortal fue tan ingenua que no alcancé a captar realmente el tiempo del que parece hablar Borges en oposición a lo eterno. ¿Inmortal y eterno se contraponen? Tal vez, parece estar claro, es que el segundo ni siquiera contempla la muerte. ¿O sí? Y como dice el cuento de Borges: "Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal".
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