Espacio para opinar y reflexionar sobre la vida, la educación, los tiempos actuales... Marta Inés Tirado Gallego: mitiradog@gmail.com
martes, 14 de abril de 2020
Pensamientos en cuarentena (2): Quédate en casa
La consigna "Quédate en casa” produce un sentimiento de soledad imposible de esquivar.
Los vecinos se convierten en espectros y se llevan consigo los abrazos y las risas, las breves conversaciones en las que se pregunta sordamente "como estás", sin esperar respuesta alguna.
Desaparece el viaje, la caminata, el "disculpe usted, no lo vi por andar de carreras".
El restaurante cierra, el café también y la pequeña tienda de la esquina conserva la esperanza de que alguien llegará. Pero nadie llega. Todos se han ido. Todos tienen miedo. Bueno, casi todos. Algunos salen de sus pequeñas y asfixiantes casas. Otros ni siquiera la tienen. No pueden cumplir, aunque quisieran, el imperativo de asilamiento, confinamiento, reclusión...
Los parques están huérfanos de niños, de juegos y de gritos, de alegrías y competencias. Allí, como en las escuelas vacías, se vuelve más triste la soledad y más fuerte la incertidumbre.
El habitante de calle se calla todavía más. No hay a quien pedir, no hay razón para caminar. Al parecer la muerte viene y todos tienen miedo, pero él no, porque ella y él son amigos entrañables; ella se acuesta con él en las aceras, pasa todas las hambres a su lado, lo acompaña a acariciarse sus heridas y le borra sus recuerdos para que no le duela tanto la vida.
El atracador y el asesino también se quedan solos. Ellos, igual, deben quedarse en casa. ¿Pensarán en lo que han hecho? ¿Tendrán síndrome de abstinencia de su "maldad"?
La ciudad se mira estupefacta. No entiende qué pasó, ni por qué la han deshabitado. Nadie sabe si es sueño o pesadilla, si mañana despertaremos igual, o tal vez como antes, lo cual también será otra pesadilla.
El aire se limpia del exceso de "humanidad"; se quita de encima la suciedad de su "progreso" y respira... Por fin el humano la deja en paz. Respira... los animales reaparecen en la ciudad. Los pájaros cantan. El mar danza en las crestas de sus olas y el azul es más azul. La niebla que tapaba los colores se ha desvanecido y allí están ellos, hermosos como debían ser, sin sus mugrientos ropajes color gris-café-negroso.
La soledad se levanta y nos mira. Se sienta a nuestro lado, se mira en nuestro espejo. No se puede huir de ella durante el largo día y menos en la cautelosa noche.
Como antes, te tomas una foto para mandarla a tus amigos, pero ella está detrás, respirándote, sintiéndote, asfixiándote, sombreándote. También lo está la muerte, esa señora paciente y fuerte. Ahora la vida humana es débil y frágil.
Y preguntarás: ¿Pero porqué la muerte si nos hemos quedado en casa? ¿Porqué la soledad? ¿No es acaso la casa, el lugar dulce, el hogar caliente, el refugio que da tranquilidad?
Quedarse en casa para muchos no se siente como una opción de vida, sino como una condena, un abismo, un sepulcro, una oquedad. La convivencia en los barrios más pobres explota en infiernos infinitos. Son 8 o más personas en 54 metros, por 24 horas, día tras día, hambre tras hambre, miedo tras rabia, y sufrimientos de humanidad. Varias generaciones juntas sin encontrar palabras para conversar. ¡Qué va de cuarentena, dicen algunos! La calle es complemento de nuestro hogar. Y entonces nosotros, los "buenos", los "solidarios", los que "sabemos y comprendemos", los tildamos de irresponsables, de incapaces de compasión y fraternidad. Pero para ellos la cosa siempre es mucho más grave, algo que jamás se podrá comprender desde el taller, la biblioteca, la enorme casa y el tibio hogar.
Y los maestros ruegan, suplican, buscan, se deshacen en estrategias para tratar de educar desde la "virtualidad". Desalojados de la "presencialidad" se agarran a las pantallas, como si ellas los pudieran salvar. Se cansan, se rinden, se desploman en las noches. Pero vuelven a empezar. Dicen si y dicen no el día entero. Pero siguen, a pesar de ellos mismos, siguen en su labor de educar.
También el arte y la cultura en sus múltiples expresiones nos salvan a ratos de la soledad.
Es claro. Mi soledad está desprovista de violencia. Pero hay muchas otras formas de soledad.
Quédate en casa.
Quédate en casa.
Quédate en casa.
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Martica, tus palabras siempre las siento como una lectura de lo profundo que hay en nuestras mentes y corazones, y que con frecuencia dejamos pasar al no encontrar como expresarlas. Esta situación que ahora vivimos, y que pareciera que nos hará diferentes, también nos recuerda que todos somos diferentes, vivimos y sentimos diferente, y nos recuerda también que los metros cuadrados, con comida, amor y demás alegrías del hogar están confinadas a unos pocos. Tantas personas que sufren por diversos motivos en estos días nos llenan de angustias que no logramos concretar. Sigue leyendo nuestros pensamientos, sentimientos y ponlos en blanco y negro, para poder leerlos y releerlos hasta entenderlos y animarnos a actuar como quisiéramos. Un abrazote!
ResponderEliminarLas formas de vivir y de afrontar... Tan distintas y distantes!... Tan conocidas y desconocidas!... Tan cercanas y tan lejanas!... Todo a la vez nos llega imprevisible, ineludible e inevitable. Las creencias actuales no funcionan... Los prejuicios, los juzgamientos se vuelven inútiles, vacíos... Sólo nos queda, para acompañar la soledad maestra, abrirnos a las posibilidades de deconstruir y construir mejores opciones de convivencia, de existires, si la VIDA y los los pensareso permiten a largo plazo!!!
ResponderEliminarGracias Ludys. Me haces pensar. Un abrazo
EliminarGracias mi bruja querida por tus palabras. Escribo para eso, para conversar, para saber que no estoy sola en esto que siento. Un abrazo.
ResponderEliminarMarta Inés
Yo pienso que esta realidad nos obliga a ser conscientes de lo que antes nos escondiamos por andar "ocupados". Ahora el problema no es quedarse en casa, sino enfrentarse cada uno a su realidad, a sus decisiones, a sus demonios.
ResponderEliminarEsta cuarentena para mí ha sido una bendición porque ha sacado lo mejor de mi y me ha ayudado a espantar el miedo, el desapego...
Es la oportunidad de fortalecerse desde adentro y salir triunfante a reconquistar un mundo diferentr
Mi querida sobrina. Gracias por tu comentario. Eso que dices de volver la mirada al hogar, me parece una belleza. Inicialmente pensé que, cómo se te ocurría pensar en la cuarentena como bendición, pero luego comprendí todo lo que te está pasando y cómo conviertes para vos misma y tu familia este encerramiento en una oportunidad de fortalecimiento personal y del hogar. Muchas gracias. Creo que por eso vale la pena escribir.
EliminarTe quiero mucho