A propósito de los juegos olímpicos retorno por una vez más sobre ese gran tema que siempre me ha cautivado e inquietado y que más escritura me ha exigido en mi vida académica y personal. Me refiero a la extraordinaria capacidad humana de jugar.
Quizá lo que más me encanta de estos juegos es poder ver la mirada de cada competidor cuando se dispone a "ganar"; ver las emociones públicas que corren como ríos en los escenarios deportivos; ver la seriedad de cada juego en cada juez, en cada reglamento, en cada competidor; ver, en tiempo real lo que está moviendo el corazón de las multitudes y la manera como cada persona bordea esa gran experiencia estética que produce el juego, sea cual sea la disciplina que esté mostrando "el sueño humano de perfección".
Ese ludus, tan cerca a lo sagrado... hace que todo se transforme y cada acto (de cada quien) haga parte de un gran todo que moviliza un sentir colectivo, de orden universal.
!Qué magia la del juego. Y qué fuerza! Qué maravilla poder ver la simultaneidad de tantas cosas y escuchar "en vivo y en directo" las percepciones y las apuestas interiores que cada periodista, cada comentador, cada espectador o cada jugador entrevistado, hace sobre lo que les causan esos ríos de pasiones jugadas por el juego.
Espacio para opinar y reflexionar sobre la vida, la educación, los tiempos actuales... Marta Inés Tirado Gallego: mitiradog@gmail.com
domingo, 24 de agosto de 2008
lunes, 18 de agosto de 2008
Serenidad entre la siembra y la cosecha
Hace dos semanas me encontré de nuevo un buen amigo que heredé de mis gratos y productivos trabajos del año pasado en Bogotá. Con él y un delicioso grupo de profesionales, emprendimos la tarea de pensar cómo trazar una ruta de apropiación de TIC para los docentes del sector oficial del país, tanto de básica y media como de superior. Nuestro punto de partida entrañaba básicamente unas cuantas preguntas: ¿cómo evitar que los docentes deambulen por el mismo "curso de TIC" una y otra vez para que realmente trabajen en su desarrollo profesional docente? ¿cómo trazar una ruta que considere el tránsito desde el uso básico de las TIC hasta el uso pedagógico, reflexivo, crítico, innovador y trasnformador de las TIC en la educación, pero que integre tanto los saberes (es decir todo aquello que proviene de la experiencia práctica) como los conocimientos (los que provienen de la formación del docente) y los sistemas simbólicos de su cultura?
La tarea no era fácil y aún hoy, un año después, no lo sigue siendo. ¿Porqué? Porque trazar y proponer la ruta a los docentes no es suficiente para que se produzcan impactos importantes en la renovación que requiere la educación. Tampoco lo es, claro está, dotar de computadores y de conectividad a las Instituciones educativas. Como diría el poeta Mario Benedetti, "la cosa es mucho más grave". La apropiación no está dada por el número de "itinerarios" (programas, cursos) ofrecidos y realizados por el docente sino por la manera como estos se integran a su experiencia cotidiana y por supuesto a su experiencia cultural.
Para que haya modificación e impacto sobre los sujetos y sobre la cultura se precisa tiempo (un tiempo que las cifras de la cobertura y de los resultados no parecen estar dispuestos a dar). Los cambios en las personas y los cambios en la cultura exigen Serenidad, lo que implica esperar el tiempo prudente entre la siembra y la cosecha como lo enseñara M. Heidegger en su "Pregunta por la técnica". Los cambios en las personas y en la cultura no pueden ser decretados e impuestos y si eso ocurre, de poco sirven porque generan resistencias muy difíciles de enfrentar que incluso exigen mayor tiempo para su asimilación. Los cambios en la cultura se inician y se sostienen en el lenguaje pues es éste el que garantiza que las cosas "sean" y puedan seguir "siendo".
Creo que la ruta de apropiación de TIC que hemos creado es una buena ruta de siembra (coherente, escalonada y lógica), pero nos falta terminar de prever todo el cuidado necesario para que lo sembrado pueda germinar. Los procesos de formación implican mucho más que el programa, la asignatura, el itinerario... Es ahí donde cobran sentido esos esfuerzos enormes que se desarrollan desde los portales educativos en la producción de contenidos; ahí donde los proyectos colaborativos son un recurso importante para continuar la interlocución y la formación conjunta. Es ahí donde las múltiples estrategias y escenarios de uso que estamos por imaginar y crear, nos pueden ayudar a aportar a ese cambio requerido en la cultura institucional para que las comunidades educativas logren hacer un uso crítico, innovador y transformador de las prácticas que finalmente muestre el tiempo de la cosecha en el mundo de los estudiantes.
El amigo al que me refiero es Diego Leal con quien de cuando en cuando me encuentro presencialmente o en las redes virtuales para pensar cosas sobre educación, y por ahí mismo, para pensar cosas sobre nuestros aprendizajes vitales. A él le debo gratamente esta reflexión, fruto de nuestra conversación.
La tarea no era fácil y aún hoy, un año después, no lo sigue siendo. ¿Porqué? Porque trazar y proponer la ruta a los docentes no es suficiente para que se produzcan impactos importantes en la renovación que requiere la educación. Tampoco lo es, claro está, dotar de computadores y de conectividad a las Instituciones educativas. Como diría el poeta Mario Benedetti, "la cosa es mucho más grave". La apropiación no está dada por el número de "itinerarios" (programas, cursos) ofrecidos y realizados por el docente sino por la manera como estos se integran a su experiencia cotidiana y por supuesto a su experiencia cultural.
Para que haya modificación e impacto sobre los sujetos y sobre la cultura se precisa tiempo (un tiempo que las cifras de la cobertura y de los resultados no parecen estar dispuestos a dar). Los cambios en las personas y los cambios en la cultura exigen Serenidad, lo que implica esperar el tiempo prudente entre la siembra y la cosecha como lo enseñara M. Heidegger en su "Pregunta por la técnica". Los cambios en las personas y en la cultura no pueden ser decretados e impuestos y si eso ocurre, de poco sirven porque generan resistencias muy difíciles de enfrentar que incluso exigen mayor tiempo para su asimilación. Los cambios en la cultura se inician y se sostienen en el lenguaje pues es éste el que garantiza que las cosas "sean" y puedan seguir "siendo".
Creo que la ruta de apropiación de TIC que hemos creado es una buena ruta de siembra (coherente, escalonada y lógica), pero nos falta terminar de prever todo el cuidado necesario para que lo sembrado pueda germinar. Los procesos de formación implican mucho más que el programa, la asignatura, el itinerario... Es ahí donde cobran sentido esos esfuerzos enormes que se desarrollan desde los portales educativos en la producción de contenidos; ahí donde los proyectos colaborativos son un recurso importante para continuar la interlocución y la formación conjunta. Es ahí donde las múltiples estrategias y escenarios de uso que estamos por imaginar y crear, nos pueden ayudar a aportar a ese cambio requerido en la cultura institucional para que las comunidades educativas logren hacer un uso crítico, innovador y transformador de las prácticas que finalmente muestre el tiempo de la cosecha en el mundo de los estudiantes.
El amigo al que me refiero es Diego Leal con quien de cuando en cuando me encuentro presencialmente o en las redes virtuales para pensar cosas sobre educación, y por ahí mismo, para pensar cosas sobre nuestros aprendizajes vitales. A él le debo gratamente esta reflexión, fruto de nuestra conversación.
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