Di-versiones en mis aprendizajes

Mostrando entradas con la etiqueta Juego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juego. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de febrero de 2015

Infancia, escolaridad y tiempo

Movida por varios textos que he estado recibiendo a través de las redes sociales, comparto la siguiente reflexión sobre infancia, juego y educación o será mejor decir, sobre infancia, escolaridad y tiempo.
Esta reflexión tiene como punto de partida una afirmación de Jari Lavonen, decano de la Facultad de Educación de Helsinki, quien dice que “un niño de cuatro años necesita jugar, no ir a la escuela”.
Si bien, esta aseveración parece una invitación muy sugestiva y tentadora a tomarla al pie de la letra, creo que merece ser matizada para no caer en tan riesgosas afirmaciones que pueden desencadenar efectos peligrosos e inesperados en algunos padres de familia o incluso en algunos maestros y cualquier otro ciudadano.
Para empezar, creo que no es necesario poner en una contraposición tan tajante y excluyente la relación juego y escuela. Para enfatizar el gran valor y significado que el juego aporta para la vida personal y social de los seres humanos, no se requiere "satanizar" la escuela.
Sabemos que jugar es una actividad vital (natural) y social, que nos pone de cara a un mundo de posibles. Sabemos que el juego es la base de la creatividad y la innovación; que es, como bien lo señaló Johan Huizinga, la base de la cultura y que más que perderse en el corazón humano, este se transforma, como bellamente lo demostró Freud, en sueño, en chistes, en placeres estéticos, en el disfrute de las artes...
Por eso juego y escuela no son opuestos entre si, sino que se complementan de una manera decisiva en los procesos de humanización, socialización y aprendizajes a lo largo de la vida.
Me pregunto cuál es el beneficio de incrementar la ruptura entre ambas experiencias, de ahondar el abismo entre juego y escolaridad, anhelando con ello una especie de retorno, porque en cierto modo es un sueño del retorno a un estado ideal de "juego puro", imaginación centrada en sí misma, libertad sin límites, sin intervención, sin control, sin reglas, sin tiempo (s), sin espacios (como escuelas, parques o ludotecas), sin adultos. ¿Y entonces cómo se educa para la convivencia, para la solidaridad, para las realizaciones conjuntas no sólo entre niños, sino también entre adultos y niños, es decir, en comunidad?
Algo de esas distancias me sugieren a veces las lecturas ocasionales del autor italiano Francesco Tonucci que pareciera promover en algunas entrevistas una especie de reino de los niños "en juego". Y sin embargo, interesante pero un poco ingenua también es la afirmación que hace este autor en relación con la escuela cuando dice: La escuela debe hacerse cargo de las bases culturales de los chicos. Antes de ponerse a enseñar contenidos, debería pensarse a sí misma como un lugar que ofrezca una propuesta rica: un espacio placentero donde se escuche música en los recreos, que esté inundado de arte; donde se les lean a los chicos durante quince minutos libros cultos para que tomen contacto con la emoción de la lectura.
Se que es atrevido decirlo pero me pregunto: ¿acaso la escuela no lo hace? ¿y si no lo hace porqué sucede esto? ¿cuándo deja el juego de ser parte de la educación del ser humano y con ello me refiero a una educación placentera, gratificante, edificadora, capaz de formar el juicio crítico tanto como la solidaridad y la compasión con los semejantes?
Desafortunamente, todos lo sabemos, en nuestro sistema educativo colombiano, privilegiamos más y de manera casi excluyente, el aprendizaje de las áreas básicas (lenguaje, matemáticas, ciencias naturales y sociales) que las artes, el recreo, la creatividad, la lectura, el compartir los sueños y las diferencias culturales. Promovemos como sucede hoy, en nombre de la calidad de la educación, becas para los estudiantes "pilos". (Respecto a esto nos preguntamos: ¿Qué pasa con todos los demás que no son pilos, con los que a lo mejor desean más dibujar, saltar, diseñar, idear, ensayar, explorar, soñar, callar...?)
Se que es un enorme reto encontrar al interior de la escuela (y por escuela incluso quiero entender también todos los espacios de formación a lo largo de la vida) diferentes maneras para que la educación sea más lúdica, más abierta, más asimétrica, más contextualizada, más cultural, más de cara a la vida y por lo tanto también más biográfica, mas atenta al acontecer y capaz de hacer en las vidas de cada uno, lo que con Gadamer llamaríamos una "fusión", no sólo de horizontes, sino también de tiempos, entre pasado(s), presente(s) y futuro(s), y no de uno, sino de todos para aprovechar de varias maneras las distintas experiencias de aprendizajes que vienen en cada uno desde los hogares, desde los barrios, desde los medios, desde la vida misma.
Por eso me cuestiono la afirmación inicial que traje a colación, de Jari Lavonen porque parece creer que el juego es "el bueno" y la escuela es la "mala".
Finalmente, otra de las lecturas que mueven esta reflexión tiene que ver con una entrevista a Carl Honoré, sobre su Elogio de la lentitud, también encontrada a través de las redes sociales, porque es una reflexión sobre la relación actual que los seres humanos tenemos con el tiempo, en especial en la cultura occidental. Honoré habla de la velocidad y la “cultura de la prisa” que invade nuestras vidas; la pérdida de la capacidad de espera, la hiperactividad que nos hace sentir que “no tenemos tiempo”. También habla de que el vivir acelerado produce frustración y rabia. No ampliaré aquí esta lectura pero si pienso de nuevo en la relación juego y escolaridad en relación al tiempo. Me pregunto si lo que en suma está en cuestión es el llamado no a excluir el juego de la escuela sino a darle un nuevo significado al concepto de tiempo libre, ocio, juego libre y como diría Benedetti en uno de sus poemas, lograr aprendizajes tan disfrutados, tan recreados, tan creativos, que tengan "tiempo sin tiempo".

martes, 11 de enero de 2011

¿Educar desde el juego para cual realidad?

Por esas cosas maravillosas de la vida uno conoce gente que le ayuda a pensar en los temas que le apasionan. En este caso se trata de una mujer encantadora que tuve la oportunidad de conocer en el III Encuentro Internacional de Ludotecas y Educación que se llevó a cabo del 1 al 3 de septiembre en la biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá, y con quien compartí el gusto de hablar sobre los temas del juego y el desarrollo humano.

Hoy, al abrir mi correo encontré una entrevista sobre los videojuegos que ella, Imma Marín de Barcelona, comparte conmigo y otras dos amigas más: María Regina Ofële de Argentina y Cecilia González de el Salvador. Las cuatro (incluyéndome por Colombia), venimos acariciando desde finales del año pasado el sueño de trabajar conjuntamente el tema del juego mediado por las tecnologías de información y comunicación, y en especial buscamos acercarnos, entre otros, al tema de los videojuegos desde una perspectiva investigativa que nos de luces para pensar el lugar de éstos en la educación. La idea es reconocer algunos asuntos desde los cuatro paises mencionados.

La entrevista que Imma ha compartido se encuentra bajo el sugestivo título: "no me molestes mamá que estoy aprendiendo".

La entrevista tiene asuntos interesantes en relación con "la educación para el futuro" (aunque creo que toda educación siempre es para el futuro). De entrada uno la lee y escucha, y encuentra ideas sugestivas que generan puntos de vista interesantes sobre los nuevos retos que debe enfrentar hoy la educación. Así mismo, los planteamientos que Imma hace en este video nos muestra que los videojuegos implican diversión, reto, nuevas posibilidades, comunicación e interacción con otros, aprendizaje, retos, desarrollo de competencias, libertad, creatividad, etc.

Pero quizá lo que más me llama la atención de esta entrevista, son los comentarios hechos por los lectores pues producen un quiebre en esa ilusión primera que generan las preguntas y la presentación de Eduard Punsets y las respuestas de Marc Prensky a cada una de ellas. Los comentarios son un poco ese "cable a tierra" que aportan los lectores a la discusión que a veces da tintes de bastante optimismo frente al uso de las tecnologías en la educación.

Todo esto me hace recordar una entrevista de radio en la que participé en el programa Aulas al micrófono de la Universidad de Antioquia, Facultad de Educación, en octubre del 2006. En ella le decía a mi amiga y entrevistadora Marina Quintero Quintero, que los niños y jóvenes de hoy "han cambiado" drásticamente en relación a las formas de manejar el espacio-tiempo de unas maneras como parece que no se habían desarrollado antes. Hay una capacidad enorme en los niños y jóvenes para experimentar la simultaneidad y la multiplicidad, y la diversidad está más a la vista, tal como se vive en las redes sociales.

También hay una extraña pero hermosa posibilidad de "modificar" (por ejemplo a través de los avatares), el cuerpo, el rostro, el nombre, la "identidad" personal y cultural, o de reinventar permanentemente las maneras de dar-nos a conocer, como quizás sólo el teatro y el arte lo han permitido a través de la historia, sin que se pisen los terrenos del delirio.

En este sentido, creo que ahora se ve con mayor fuerza aquello que Gadamer señalaba como una de las grandes características del juego, en las que experimentamos más nuestro "ser" en la medida en que seamos capaces de explorar nuestras múltiples posibilidades de "ser". Es como si cada uno pudiera “crear-se” a sí mismo en diferentes roles y activar estos roles en nuevas relaciones. Podemos jugar a ser “otros”, a construir una nueva realidad y a organizarla dentro de un orden propio, a crear mundos nuevos, todo esto hace parte de la esencia del juego. En el juego cada uno de nosotros encuentra potenciadas las posibilidades de ser, es decir, se puede ser bailarina y dentro de un rato ser pintor, científico, nube, pájaro o cuaderno. Se puede "ser" porque el juego permite la posibilidad de crearnos nuevas “realidades” “como si” fueran reales.

Creo que los videojuegos y los "juegos en línea" permiten y potencian una preparación para las múltiples "realidades" temporales (presentes y futuros) de niños y adolescentes, quizá un poco de manera más contundente que como lo ha permitido durante toda la vida del ser humano, el juego en solitario o el juego en los parques, en las ludotecas o en los patios de recreo de las escuelas. No se trata pues de ensalzarlos sino más bien de integralos en los procesos educativos igual que deben permanecer todas las otras formas de juego. Es claro que ha cambiado el medio o la forma o el formato, incluso el espacio de juego ha integrado la virtualidad, pero no ha cambiado ni la capacidad de imaginación humana ni su capacidad de fantasía. Esa es la verdadera realidad en la que debemos estar educando para dar lugar a la creatividad, tan necesaria para proponer soluciones a nuestros problemas reales del presente y del futuro.

Pensando en activar este tema a nivel nacional (en Colombia) estoy invitando a unos grandes amigos que trabajan en la educación pero que se relacionan profundamente con el tema de las TIC, para que nos ayuden a explorar con sus estudiantes este tema en diferentes partes del territorio nacional.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Un paseo por la música

Hace rato que no me siento exclusivamente a escuchar música en vivo. Estoy en San Andrés escuchando una hermosa mujer, sensual y segura de si y de su voz, que se pasea por diferentes géneros de la música como si nada. Y pasa de "Alfonsina del Mar" a "Nosotros" y de "ser mejor", al "día que me quieras", a ¨Yolanda", a "somos novios", a "contigo aprendí" o a "perfidia"... y yo no comprendo esta mezcla extraña... pero Carolina la canta cono si nada pasara, como si cada canción no arrastrara una buena porción de vida y una gran cantidad de recuerdos de risas, dolores, amigos, aprendizajes, épocas de estudios, en fin... de vida plena galopan dentro de mi. Para ella son canciones y para mi recuerdos y olor y sabor a vida.
Pareciera que Carolina no comprendiera todo lo que desata en esa "inocente selección". Su voz es hermosa. Se parece un poco a la voz de Marta Victoria cuando cantaba desde el fondo del alma llena de amor y vida.
En estos momentos Carolina Romero se va y yo me quedo sumida en el pasado que sigo amando y espero no dejar de amar jamás.

viernes, 9 de octubre de 2009

Gracias Mercedes por lo que cantó tu voz

No he vuelto a escribir de nuevo en mi blog porque he querido tener un tiempo de silencio en mi escritura pública. Sin embargo la muerte de Mercedes Sosa me hace volver a poner mi voz en honor de su voz. Ella hizo parte bastante importante de mi historia personal.
A su voz, a sus historias de vida, a su vida misma... un homenaje y mi agradecimiento por haberme dado tanto en tantos años de juventud.

domingo, 24 de agosto de 2008

El impresionante valor del juego

A propósito de los juegos olímpicos retorno por una vez más sobre ese gran tema que siempre me ha cautivado e inquietado y que más escritura me ha exigido en mi vida académica y personal. Me refiero a la extraordinaria capacidad humana de jugar.
Quizá lo que más me encanta de estos juegos es poder ver la mirada de cada competidor cuando se dispone a "ganar"; ver las emociones públicas que corren como ríos en los escenarios deportivos; ver la seriedad de cada juego en cada juez, en cada reglamento, en cada competidor; ver, en tiempo real lo que está moviendo el corazón de las multitudes y la manera como cada persona bordea esa gran experiencia estética que produce el juego, sea cual sea la disciplina que esté mostrando "el sueño humano de perfección".
Ese ludus, tan cerca a lo sagrado... hace que todo se transforme y cada acto (de cada quien) haga parte de un gran todo que moviliza un sentir colectivo, de orden universal.
!Qué magia la del juego. Y qué fuerza! Qué maravilla poder ver la simultaneidad de tantas cosas y escuchar "en vivo y en directo" las percepciones y las apuestas interiores que cada periodista, cada comentador, cada espectador o cada jugador entrevistado, hace sobre lo que les causan esos ríos de pasiones jugadas por el juego.