Di-versiones en mis aprendizajes

miércoles, 26 de mayo de 2021

La vida es sagrada

Toda mi admiración y respeto para estos jóvenes valientes y soñadores de hoy que son capaces de salir a las calles de todo Colombia a luchar de manera pacífica por la conquista de su libertad, la dignidad y la reivindicación de sus derechos humanos. ¿De qué estoy hablando?
De algo tan simple como tener derecho a una cobija, un techo, una comida o tres al día; tan simple como ir a la escuela o a la universidad; como poder trabajar, poder jugar, ir al cine, al teatro, al concierto; tan simple como un poema al amor o un café al despuntar el día, como tener un gato o un perro, o un canario. Como tener derecho a envejecer cuidando un pequeño jardín de patio. Algo tan simple como no tener que despedir tempranamente a la familia, ni tener que salir corriendo por la vida. Tan simple como ser un niño o una niña, un joven, un adulto, un anciano y ya está. Así de simple. Así de sencillo como lo es para unos pocos. Tan simple que se pueda viajar por un país en paz, sin cargar las rabias, los odios, los miedos o la inseguridad personal.
Mi admiración por el arte en su acompañamiento creativo en las movilizaciones de Colombia; por todos los profes que acogen hospitalariamente los miedos de sus estudiantes y colegas para convertirlos en reflexiones y fortalezas; mi admiración por las organizaciones sociales y de derechos humanos que hacen presencia; por los profesionales de la salud y las misiones médicas que estan alertas apoyando el cuidado ciudadano; por los periodistas responsables y éticos que cuidan la palabra para no desencadenar efectos nefastos y falsos con noticias tendenciosas, calculadas, tergiversadas o falsas. Mi admiración por la misma fuerza pública cuando es capaz de ser contenida en su poder y respetuosa de la vida de sus otros conciudadanos; por los empresarios grandes y los pequeños comerciantes que también manifiestan sus sentires y problemáticas sociales; por los padres de familia, por la población civil en general, por mi familia y amigos, por mi en este silencio que me sobrecoge.
Mi respeto y admiración por todos los que hemos aprendido que la vida, cualquier vida, es sagrada. Que conservamos como principio de nuestra existencia, el mandato máximo de no matar, no violar, no torturar, no desaparecer, no desplazar, no masacrar, no excluir, no vulnerar. A los que creemos que en otros verbos se nos va el aprendizaje de nuestras vidas, como incluir, apoyar, solidarizar, creer, respetar, cuidar, soñar, educar, vivir, disfrutar.
Pienso que si Colombia logra superar esta enorme crisis social, a estos jóvenes de hoy y a la infancia venidera les quedará por herencia una enorme responsabilidad. Seguramente deberán construir otra noción de solidaridad, otras formas del cuidado de si y del otro; otra concepción de ciudadanía y paz; otras formas de manejar las redes sociales con responsabilidad para que hagan valer la consigna de que la vida, la dignidad y la libertad son los pilares de una sociedad.
Lo que hoy les entregamos nosotros, los adultos y mayores, ha dejado de operar. Será una nueva tarea para la educación, la salud, la religión, la política, la comunicación, y para todos los que somos hoy y los que vendrán. Tendremos que desmarcar el odio. Borrarnos del cuerpo y del alma el color partidista enseñado año tras año, generación tras generación. Sacarnos esta rabia que ahoga, este miedo que paraliza, esta palabra que ya no opera. Y sin embargo, dialogar, configurar juntos un nuevo sueño de país, creer que es posible una nueva "oportunidad sobre esta tierra".

lunes, 24 de mayo de 2021

Apuntes para leer con ojos ajenos (7)

La séptima conferencia de Lectores y Lecturas estuvo a cargo del estudiante del Instituto de Filosofía: Lucas Maya Correa. Fue titulada: Friedrich Nietzsche (Aurora). El descenso a las profundidades de sí.
. Fecha de la conferencia: abril 12 de 2019.
Esta conferencia ya tiene dos años de haberse dado. La comencé a escribir y luego la abandoné, en la parte que iniciaba el diálogo con el profe Selnich. Hoy la retomo como una buena y agradable tarea. Sé que la debo volver a escuchar para re-escribirla o quizás para dejarla tal como la inicié y quedarme con el digno sentimiento de la falta. Así la escribí en su momento.
Suelo llegar 10 o 15 minutos antes para preparar la escucha. Mientras se inicia la conferencia yo pienso que para mi, Nietzsche no es un extraño. El primero en presentármelo curiosamente fue Freud en mis primeros años de lecturas psicoanalíticas, ya que él afirmaba muy tempranamente, que no quería leer a Nietzsche porque ambos pensaban del mismo modo, llegaban a similares conclusiones y eso le "estorbaba". Esa afirmación freudiana se transformó para mí en un completo reto. Imaginaba que ambos eran como dos pilares antiguos que se miraban frente a frente viendo pasar ante sí un mismo mundo, una misma época, unas influencias similares. Con las primeras lecturas, algunas de ellas incomprensibles en su momento, supe que ambos en cierto modo "se jugarían el resto de su vida" a introducir cambios en las maneras de pensar lo humano y la cultura. Y me preguntaba: ¿podrían realmente no leerse mutuamente? y ¿quien influenciaría a quién sin conocerse, sin haberse visto, sin haberse "leído"? ¿eso podría ser posible en dos hombres tan influyentes para la época? ¿Quién llegaría más lejos, si es que en esto existen las distancias? O quizás en el umbral de sus vidas ¿se encontrarían sus teorías? Buena tarea nos quedó a los lectores.
Recuerdo que a lo sumo yo cursaba el 5° semestre de mi pregrado en psicología. Para ese entonces ya las cartas estaban echadas. Había que leerlos a ambos como representantes de una época del pensamiento humano. A Freud me gustaba leerlo desde la edición de Biblioteca Nueva, es decir, desde la traducción que hizo Luis López Ballesteros porque la siento más poética y más bella en sus deliciosos tres tomos (cuarta edición, como es la mía). La versión de Strachey en cambio, publicada por Amorrortu, en sus 25 tomos me parecía demasiado fría y calculada, demasiado académica para mi gusto, aunque estupenda para ver las relaciones entre los textos, los conceptos y teorías. A veces me enojaba un poco sentir que ya esos 25 tomos me llegaban leídos, interpretados, esculcados, vinculados entre si. Como si ya me hubieran hecho la tarea, y lo que yo quería era leer a Freud desde Freud. A Nietzsche en cambio lo leía desde mis pequeños libros de bolsillo con hojas de papel amarillo, que para mi época y mi presupuesto eran los únicos de los que podía disponer. Más tarde, conté con la suerte de leer a Nietzsche en relación a Dostoievski. Pasé por sus obras, me detuve en ellas aunque no tanto como lo hubiera querido, viajé hasta las Memorias del subsuelo para volver confundida y desolada, llena de preguntas nuevas para mi acercamiento a la filosofía y al psicoanálisis freudiano.
Había que saber hasta dónde llegaron Freud y Nietzsche. Comprendí tempranamente que los caminos no iban a ser tan similares, ni tan fáciles y que Moral y culpa; padre y superhombre, cultura, religión, instintos o pulsiones; voluntad y facultades del yo; lenguaje y ser humano; hacer y ser, subsuelo, inconsciente, ficción, la palabra, nombre ... serían entre muchos, matices de un mismo color en principio casi indescifrables de las teorías nacidas en cada uno. Aprendí que ambos exploran, socavan, van a las profundidades, se internan, modifican, amplían los conceptos a lo largo de sus vidas. Por eso leerlos no era suficiente. Había que estudiarlos, darles tiempo, acomodarse a sus modos de exponer sus pensamientos.
Como es costumbre, regreso de mis recuerdos para concentrarme en la conferencia de Lucas y al escuchar la presentación que hacen de él, pienso que me encanta saber que estaré ante la frescura de un estudiante avanzado de filosofía con un recorrido interesante en el mundo académico. La impresión que me deja ese primer encuentro con Lucas es que debe ser un hombre honesto, agradable, discreto, poco pretencioso; estuvo bastante sudoroso y de saliva pesada, pero también bastante claro en su exposición. Lo percibí como un hombre humilde capaz de confesar a cada rato que algo lo supera, que aún no ha pensado esto o aquello... Me gusta mucho el recuerdo que invoca de su profesor de filosofía (como si no hubiera tenido sino uno) a quien cita con admiración.
Judit se confiesa preocupada por no contar con mucho público. A Lucas eso no parece importarle. En su exposición recurre a varios aforismos de Aurora para identificar el "problema" que Nietzsche explora allí y del cual él se quiere ocupar; afirma que se trata de la moral, del desinterés de sí (aforismo 9), de lo justo y lo injusto. Pregunta: ¿Qué significa socavar los fundamentos de la moral? Para responderse propone un entramado de conceptos tan complejos como subsuelo, profundidad, superficie, descenso, túnel, desinterés, renuncia, socavo, desmantelamiento. La moral, dice, impide la autocontemplación porque ella exige "deshacerse de la moral". La moral, que debería llevarnos a la con-vivencia en sociedad, lo que lleva consigo es el sacrificio de si, el desinterés, la renuncia...
Lucas insiste en que para hacerse sus preguntas, debe "volver la vista atrás y mirar hacia adelante", en la lectura de Aurora. Pero no apela sólo a Aurora sino también a otros textos como Genealogía de la moral, el Crepúsculo de los ídolos, Ecce Homo, Verdad y mentira en sentido extramoral, La gaya ciencia... Y pregunta de nuevo ¿en que sentido la adopcion de una moral, implica la renuncia de si y por qué? Acude para ilustrarlo a la "fábula de los corderos y las grandes aves rapaces" de la Genealogía de la moral. Se detiene en ella un buen rato. Fuerza, pulsión, actuar definen el hacer. Y señala con Nietzsche: "El hacer lo es todo". Lo bueno y lo malo depende de quién hace la pregunta y desde dónde la hace. Es un modo de valorar que se convierte en medida, en ideal. Por tanto, bueno sería aquello que resulta útil y malo lo que resulta dañino. Pero, agrega Lucas, el hacer no lo es todo pues también va con ello el ser. Ser cordero o ser ave rapaz lo define todo pero en clave de renuncia al hacer.
Del Crepúsculo de los ídolos trae a colación la sección titulada Los cuatro grandes errores para analizar la relación causa y moral, y la voluntad como causa; para ilustrar la concepción del bien y del mal vuelve a la fábula antes mencionada indicando qué es lo que causa que el cordero se sienta cordero y actúe como tal, y el ave rapaz haga lo mismo. Qué de la conciencia de si, de la creencia en el yo, hacen pensar en la supuesta libertad de actuar de cada uno.
Recurre a la noción aristotélica de ser humano y su relación al lenguaje que da cuenta del yo, para advertir con Nietzsche que el concepto de ser humano es una ficción, el ego, el yo, son en sí mismos una ficción que eliminan la singularidad. Por eso hay que socavar el concepto de yo, que es distinto a lo que es el individuo. ¿Y entonces qué se ve luego del socavamiento del yo? ¿Qué significa el sacrificio de si? Habla del desarrollo del lenguaje y el desarrollo de la conciencia. Afirma que cuando un individuo busca conocerse a sí mismo, encontrar su individualidad, su particularidad, lo que encuentra es su ser social que habita en él. La conciencia (no la razón) no pertenece a lo individual del hombre, sino a su naturaleza comunitaria y gregaria, a todo lo no individual que tiene en sí. Lo individual es lo cerrado. ¿Luego de socavar la conciencia de si qué es lo que uno ve, o a quién ve? Las palabras no alcanzan a dar cuenta de ello, es decir, no alcanzan a traer a la conciencia el subsuelo de sí. Aforismo 115 de Aurora para hablar de un fondo que no se alcanza a ver, mucho menos a través del lenguaje. Lo interno, lo profundo se escapa a las palabras y aún así tejen nuestro ser y nuestro destino. Me pregunto si Lucas habrá leído el psicoanálisis freudiano para que también encuentre las relaciones tan estrechas entre ambos autores, para que sepa que las profundidades también emergen en forma de sueños, de lapsus, de síntomas...
Más tarde entra a conversar el profe Selnich. Y entonces pienso que esta conferencia va a tener algo bastante parecido a la danza, no sólo porque conozco al interlocutor de Lucas sino porque, como en la danza, algo nuevo sucederá, como sucede en los textos de Selnich. Dejo pendiente esta danza para después.

viernes, 14 de mayo de 2021

Derechos y sangre

Derechos y sangre
¿Hasta cuándo? ¿Cuántos muertos, cuántos heridos, cuántas violaciones sexuales, cuántas movilizaciones, cuántas mingas, cuántos desaparecidos, cuántos artistas, cuántos jóvenes expuestos, cuánta “fuerza pública” afectada, cuántas “camisas blancas” enfrentadas, cuántos grafitis y pancartas en las calles, cuántos pulmones sacrificados, cuántas protestas, cuántas carreteras bloquedas, cuánto desabastecimiento, cuántas balas, cuántos llantos, cuántos padres sin sus hijos, cuánta sangre más será derramada?
¿Existe una cifra “suficiente”? ¿Algún día la copa del horror será colmada?
Creo que la historia nos lo ha mostrado: Derechos y sangre están conectados. Mientras más honda la herida de la injusticia, la pobreza, la desigualdad… más hondo se vuelve el dolor de patria.
Pero como el dolor es de todos y no sólo de unos pocos, así no más, de la noche a la mañana, emerge una rabia desbordada y unos contra otros, que pudieron haber sido hermanos, se miran desafiantes custodiando cada uno, a bala y sangre, a camioneta y camisa blanca, a palos de minga y gritos de estudiantes, los derechos humanos.
Resiste es la palabra más fuerte que se dice a diario. No hay otra tan valiente, tan decidida, tan potente... Es una palabra con tiempo. Y no sabría decir si es una fortuna o una desgracia.
El problema es que todos resisten, con rabia creciente, con miedo inexpresado, los de un lado y los del otro, y todos juntos vociferan, putean, actúan, amenazan, matan…
Esos todos están demasiado cerca, mucho más de lo que yo quisiera. Están en mi casa, en mi calle, en mi barrio, en mi ciudad, en mi país, en otros vecinos que izan banderas en sus otras calles, con otros idiomas, buscando quizás sus propias gotas de sangre.
Esos todos otros están en mi familia, mis amigos, mis colegas, en los estudiantes que conozco y en los que jamás he visto pero los escucho, están en los profes que salen a las calles y los que se quedan en sus casas. Están en los vecinos, en los diarios y en las redes sociales.
Todos esos otros no tienen un color único, ni puro; tienen muchos matices, planos y plenos unos, degradados otros. A veces tampoco el color es propio, ha sido impuesto de generación en degeneración y ni siquiera saben nombrar su color. No se saben ni cálidos ni fríos.
También están en el gobierno, en el “Estado”, en este que es de “Derecho”. Ellos también resisten, allaaaá, lejoooos, seguroooos, tranquiloooos, con la convicción de que muy pronto todo se habrá calmado.
¿Pero y si no? ¿Y si esta vez no? ¿Qué pasará entonces? ¿Quedará sólo el derecho a la muerte? Estamos ante un Estado del Horror.
¿Y la pandemia? ¿La olvidamos? ¿Olvidamos el esfuerzo enorme que se libra en los hospitales? ¿Y si además de la sangre es este oxígeno sucio que respiramos?
Siento una tristeza incalculable. No hay extremos dónde pararse. No hay tampoco puntos medios en dónde estar a salvo de este dolor de patria.

jueves, 13 de mayo de 2021

Para leer con ojos ajenos (16)

Piedad Bonet. Mis afinidades electivas. (Fecha de la conferencia: Agosto 9 del 29019. Escrito el sábado 5 de octubre del 2019.)
Comenzamos una segunda serie de conferencias de Lectores y Lecturas de la UdeA en el segundo semestre del 2019. Estoy emocionada. Judit Nieto la había reservado como una joya en la lista de las Cátedras planeadas, presentándola como la conferencista estrella. Me creó la expectativa de saber qué sería lo que me causaría esta Piedad en la cercanía de su voz y sus gestos, en su corporalidad misma. Me encantó el vaivén de sus palabras entre lo cotidiano y lo leído, y la manera como crea puentes entre su infancia y su adultez, entre sus tiempos... de lecturas.
Conocí por primera vez a Piedad Bonet en el 2013 en un Conversatorio que le propuso Alfaguara a Héctor Abad Faciolince, a propósito del libro de Bonet "Lo que no tiene nombre". Esa conversación me impactó mucho por la introducción tan respetuosa y delicada que le hizo Héctor, desde la lectura de las primeras páginas de este magnífico libro. Lo recuerdo a él leyendo fina y delicadamente, de manera suave como si quisiera cobijarla con su voz para darle más calor a su alma que se negaba a llorar en público ante esa avalancha de recuerdos tan dolorosos. Era claro que no quería hacerle daño a su autora invitada. Le cuidaba su dolor para no ahondarlo, para no enlodarlo con una palabra mal dicha o una pregunta demasiado inesperada. La cuidaba con su mirada, su tono, su voz que a ratos le temblaba en su quietud de lector, pero también de padre. Porque Héctor entabló con Piedad un diálogo desde el alma profunda por el dolor de la pérdida del Daniel de Piedad y el miedo a perder a su Daniela, la de Héctor. Ambos, como dice Piedad, "unidos por el duelo", y por una herida abierta como la del "El olvido que seremos" de Héctor, a propósito de la muerte brutal de su padre, del mismo nombre, quien pese al tiempo no ha dejado de ser herida profunda en el corazón de la UdeA. Aún encuentro en la vereda donde vivo, viejos amigos de él, que parecen llorarlo a mares en sus recuerdos, que lo extrañan y lo entrañan junto a Leonardo y Luis Fernando, sus otros amigos asesinados.
Conocí a Piedad ese día hablando del suicidio y del sentido trágico de la existencia. Recordé que en mis primeros semestres de Universidad hice un trabajo sobre el suicidio para un curso que se llamaba "Psicoanálisis y muerte". Lo había olvidado del todo. Recuerdo haber ido a Medicina Legal a buscar en los archivos, uno a uno, como si los informes oficiales no me fueran suficientes. Quería saber de la muerte decidida, voluntaria. La había buscado a través de la literatura para lo cual E. M. Cioram se había convertido casi en una brutal necesidad. Caían a mis manos desolaciociones como las de Harry Haller de Hesse, o los poemas y novelas de Silva, la canción a Alfonsina Storni y ya no sé cuántas más dolorosas hermosuras pude encontrarme en esa época. Más sin embargo mi pregunta requería al parecer un mayor acercamiento a lo "real". Algo quizás menos literario o menos filosófico que me sobrecogiera y me aventara lejos de mis preguntas suicidas en la intimidad. Cioram dice que todos en algún momento hemos pensado en el suicidio. Concuerdo con él. La manera como tramitamos nuestro paso por la vida o por la muerte es lo que hace justamente el rasgo personal o la simple historia de cada cual. ¿Sería eso realmente lo que buscaba? Me recordé al borde del estallido. ¿Era el suicidio de aquella época, un recurso, un abandono, un "empuje" o una esplendorosa posibilidad?
Cuando escuche a Piedad esa noche, no imaginé que cuatro años y medio después también yo me uniría al dolor de los Danieles cuando mi querido sobrino Daniel, al igual que el suyo, también se mató. Recuerdo que por recomendación de Nacho, compré el libro "Lo que no tiene nombre" y me deshice en llanto sentada en Abril, la cafetería de Extensión de la UdeA. Leía ávidamente con la esperanza de que me salvara un poco de esa tristeza recién estrenada, de menos de medio día, donde uno no sabe si preguntar, responder o callar. Lloraba como lavando el alma. Tres meses después le concedí a mi Dani el derecho a no tener que cumplir cien años. Podía irse cuando quisiera, que yo estaba ahí para decirle gracias. Y le concedí "permiso" (que por supuesto él jamás pidió), con el corazón abierto, sin censura, públicamente, sin técnicas. Nada de eso me importó. Era una palabra "debida" entre él y yo, o tal vez entre esta Marta que soy y la que debí haber sido con él, en lo que jamás comprendí de sus tiempos de vida.
Seguí escuchando la conferencia. De nuevo encontraba, como en otras cátedras anteriores, una mujer que había sido culta desde chiquita, que contó con bibliotecas y lecturas universales. La escuché hablando de todo aquello que la llevó a ser escritora, del lenguaje cuidadoso que le enseñó su padre, de sus "afinidades electivas" con la literatura y sus descubrimientos en cada uno de los autores que nos presenta para dar cuenta de sus legados encontrados, esos que la hacen a ella, que la atraen, la nutren o la aburren. Del "acto íntimo de leer" y las delicias de la soledad con un libro. De las manera como se pone en contacto con los sentimientos de otros. Y mientras tanto, alguien del público le pregunta por la lectura apresurada de los libros prestados de las bibliotecas públicas, asunto que yo tampoco había pensado, pues mi biblioteca fue la Biblioteca Pública Piloto y la Biblioteca de la UdeA. Claro y los poquísimos libros de la biblioteca de la pieza de atrás en mi casa de infancia. No había pensado en el encanto que tienen los libros prestados, por su relación al tiempo de ese otro que espera la dovolución para también prestarlo; no me había detenido en la imposibilidad que traen de trazarlo, marcarlo, dibujarlo, subrayarlo por su calidad de ajenos. Tal vez a estas alturas yo no lo soportaría porque aún necesito gastarme el libro con el cuerpo y con el pensamiento. Necesito tenerlo "a la mano" pintarlo de colores, subrayarlo, preguntarlo, callarlo, hurgarlo en sus referencias.
Al finalizar salí corriendo a comprar varios libros de su autoría. Encontré Imaginación y oficio. Conversaciones con seis poetas colombianos, Donde nadie me espere y 40 poemas. Comencé a leerla con placer, con avidez. Me atrapa de ella la emergente cotidianidad de su escritura.
En Imaginación y oficio, por ejemplo, me gusta leerla en sus preguntas a los entrevistados. Y digo para mi: ¿Porqué esa pregunta y no otra? ¿por qué no se queda ahondando las respuestas? ¿Cuál es el afán? Yo me hubiera visto atrapada en anécdotas hermosas, en frases profundas, en silencios lacerantes o en omisiones de sus entrevistados. Estoy segura que hubiera perdido el hilo de la conversación. Algunos de ellos, sino todos, se habrían dado cuenta de mi desvío del camino de la palabra. Claro, es que siempre he amado los parques, incluso más que el camino. Entonces sé que yo habría quedado atrapada en el juego de la deriva. Seguro no hubiera sabido entrevistar.
Y En donde nadie me espere, vuelvo a sobrecojerme. Parece como si Gabriel, su personaje, viniera de nuevo a tocar mi historia. Necesitaré leerlo y releerlo para encontrar a Piedad y deshacerme de mi.

jueves, 6 de mayo de 2021

Vuelvo a mi viejo blog

Hoy decido volver a mi viejo blog para pagarme algunas deudas con mi escritura íntima.
Hay textos derivados de mi disfrute por las cátedras de lectores y lecturas de la UdeA que no publiqué en su momento, quizás con la idea de complementarlos y terminarlos como hubiera querido, o quizás, porque me dejé atrapar en las tareas de mi trabajo. Por fortuna ya estoy afuera, sin horarios, sin reuniones, sin responsabilidades, sin ocupaciones ajenas, sin una institución para representar. Creo que a eso se le llama jubilación.
Sacaré mis textos de las sombras. Lo haré tal cual fueron escritos en su momento. ¿Por qué no los publiqué? No lo sé.
Tal vez los sentí en una especie de infancia. Si los he de terminar será en otro momento. De ahí que pondré la fecha de escritura y me daré tiempo. En definitiva es mi blog íntimo, mi pequeño diario, mi escritura loca y antiacadémica. Es el respaldo de mi memoria para saber qué pensé y sentí en cada momento. Aquí estoy de nuevo ante mi misma.