Di-versiones en mis aprendizajes

lunes, 24 de mayo de 2021

Apuntes para leer con ojos ajenos (7)

La séptima conferencia de Lectores y Lecturas estuvo a cargo del estudiante del Instituto de Filosofía: Lucas Maya Correa. Fue titulada: Friedrich Nietzsche (Aurora). El descenso a las profundidades de sí.
. Fecha de la conferencia: abril 12 de 2019.
Esta conferencia ya tiene dos años de haberse dado. La comencé a escribir y luego la abandoné, en la parte que iniciaba el diálogo con el profe Selnich. Hoy la retomo como una buena y agradable tarea. Sé que la debo volver a escuchar para re-escribirla o quizás para dejarla tal como la inicié y quedarme con el digno sentimiento de la falta. Así la escribí en su momento.
Suelo llegar 10 o 15 minutos antes para preparar la escucha. Mientras se inicia la conferencia yo pienso que para mi, Nietzsche no es un extraño. El primero en presentármelo curiosamente fue Freud en mis primeros años de lecturas psicoanalíticas, ya que él afirmaba muy tempranamente, que no quería leer a Nietzsche porque ambos pensaban del mismo modo, llegaban a similares conclusiones y eso le "estorbaba". Esa afirmación freudiana se transformó para mí en un completo reto. Imaginaba que ambos eran como dos pilares antiguos que se miraban frente a frente viendo pasar ante sí un mismo mundo, una misma época, unas influencias similares. Con las primeras lecturas, algunas de ellas incomprensibles en su momento, supe que ambos en cierto modo "se jugarían el resto de su vida" a introducir cambios en las maneras de pensar lo humano y la cultura. Y me preguntaba: ¿podrían realmente no leerse mutuamente? y ¿quien influenciaría a quién sin conocerse, sin haberse visto, sin haberse "leído"? ¿eso podría ser posible en dos hombres tan influyentes para la época? ¿Quién llegaría más lejos, si es que en esto existen las distancias? O quizás en el umbral de sus vidas ¿se encontrarían sus teorías? Buena tarea nos quedó a los lectores.
Recuerdo que a lo sumo yo cursaba el 5° semestre de mi pregrado en psicología. Para ese entonces ya las cartas estaban echadas. Había que leerlos a ambos como representantes de una época del pensamiento humano. A Freud me gustaba leerlo desde la edición de Biblioteca Nueva, es decir, desde la traducción que hizo Luis López Ballesteros porque la siento más poética y más bella en sus deliciosos tres tomos (cuarta edición, como es la mía). La versión de Strachey en cambio, publicada por Amorrortu, en sus 25 tomos me parecía demasiado fría y calculada, demasiado académica para mi gusto, aunque estupenda para ver las relaciones entre los textos, los conceptos y teorías. A veces me enojaba un poco sentir que ya esos 25 tomos me llegaban leídos, interpretados, esculcados, vinculados entre si. Como si ya me hubieran hecho la tarea, y lo que yo quería era leer a Freud desde Freud. A Nietzsche en cambio lo leía desde mis pequeños libros de bolsillo con hojas de papel amarillo, que para mi época y mi presupuesto eran los únicos de los que podía disponer. Más tarde, conté con la suerte de leer a Nietzsche en relación a Dostoievski. Pasé por sus obras, me detuve en ellas aunque no tanto como lo hubiera querido, viajé hasta las Memorias del subsuelo para volver confundida y desolada, llena de preguntas nuevas para mi acercamiento a la filosofía y al psicoanálisis freudiano.
Había que saber hasta dónde llegaron Freud y Nietzsche. Comprendí tempranamente que los caminos no iban a ser tan similares, ni tan fáciles y que Moral y culpa; padre y superhombre, cultura, religión, instintos o pulsiones; voluntad y facultades del yo; lenguaje y ser humano; hacer y ser, subsuelo, inconsciente, ficción, la palabra, nombre ... serían entre muchos, matices de un mismo color en principio casi indescifrables de las teorías nacidas en cada uno. Aprendí que ambos exploran, socavan, van a las profundidades, se internan, modifican, amplían los conceptos a lo largo de sus vidas. Por eso leerlos no era suficiente. Había que estudiarlos, darles tiempo, acomodarse a sus modos de exponer sus pensamientos.
Como es costumbre, regreso de mis recuerdos para concentrarme en la conferencia de Lucas y al escuchar la presentación que hacen de él, pienso que me encanta saber que estaré ante la frescura de un estudiante avanzado de filosofía con un recorrido interesante en el mundo académico. La impresión que me deja ese primer encuentro con Lucas es que debe ser un hombre honesto, agradable, discreto, poco pretencioso; estuvo bastante sudoroso y de saliva pesada, pero también bastante claro en su exposición. Lo percibí como un hombre humilde capaz de confesar a cada rato que algo lo supera, que aún no ha pensado esto o aquello... Me gusta mucho el recuerdo que invoca de su profesor de filosofía (como si no hubiera tenido sino uno) a quien cita con admiración.
Judit se confiesa preocupada por no contar con mucho público. A Lucas eso no parece importarle. En su exposición recurre a varios aforismos de Aurora para identificar el "problema" que Nietzsche explora allí y del cual él se quiere ocupar; afirma que se trata de la moral, del desinterés de sí (aforismo 9), de lo justo y lo injusto. Pregunta: ¿Qué significa socavar los fundamentos de la moral? Para responderse propone un entramado de conceptos tan complejos como subsuelo, profundidad, superficie, descenso, túnel, desinterés, renuncia, socavo, desmantelamiento. La moral, dice, impide la autocontemplación porque ella exige "deshacerse de la moral". La moral, que debería llevarnos a la con-vivencia en sociedad, lo que lleva consigo es el sacrificio de si, el desinterés, la renuncia...
Lucas insiste en que para hacerse sus preguntas, debe "volver la vista atrás y mirar hacia adelante", en la lectura de Aurora. Pero no apela sólo a Aurora sino también a otros textos como Genealogía de la moral, el Crepúsculo de los ídolos, Ecce Homo, Verdad y mentira en sentido extramoral, La gaya ciencia... Y pregunta de nuevo ¿en que sentido la adopcion de una moral, implica la renuncia de si y por qué? Acude para ilustrarlo a la "fábula de los corderos y las grandes aves rapaces" de la Genealogía de la moral. Se detiene en ella un buen rato. Fuerza, pulsión, actuar definen el hacer. Y señala con Nietzsche: "El hacer lo es todo". Lo bueno y lo malo depende de quién hace la pregunta y desde dónde la hace. Es un modo de valorar que se convierte en medida, en ideal. Por tanto, bueno sería aquello que resulta útil y malo lo que resulta dañino. Pero, agrega Lucas, el hacer no lo es todo pues también va con ello el ser. Ser cordero o ser ave rapaz lo define todo pero en clave de renuncia al hacer.
Del Crepúsculo de los ídolos trae a colación la sección titulada Los cuatro grandes errores para analizar la relación causa y moral, y la voluntad como causa; para ilustrar la concepción del bien y del mal vuelve a la fábula antes mencionada indicando qué es lo que causa que el cordero se sienta cordero y actúe como tal, y el ave rapaz haga lo mismo. Qué de la conciencia de si, de la creencia en el yo, hacen pensar en la supuesta libertad de actuar de cada uno.
Recurre a la noción aristotélica de ser humano y su relación al lenguaje que da cuenta del yo, para advertir con Nietzsche que el concepto de ser humano es una ficción, el ego, el yo, son en sí mismos una ficción que eliminan la singularidad. Por eso hay que socavar el concepto de yo, que es distinto a lo que es el individuo. ¿Y entonces qué se ve luego del socavamiento del yo? ¿Qué significa el sacrificio de si? Habla del desarrollo del lenguaje y el desarrollo de la conciencia. Afirma que cuando un individuo busca conocerse a sí mismo, encontrar su individualidad, su particularidad, lo que encuentra es su ser social que habita en él. La conciencia (no la razón) no pertenece a lo individual del hombre, sino a su naturaleza comunitaria y gregaria, a todo lo no individual que tiene en sí. Lo individual es lo cerrado. ¿Luego de socavar la conciencia de si qué es lo que uno ve, o a quién ve? Las palabras no alcanzan a dar cuenta de ello, es decir, no alcanzan a traer a la conciencia el subsuelo de sí. Aforismo 115 de Aurora para hablar de un fondo que no se alcanza a ver, mucho menos a través del lenguaje. Lo interno, lo profundo se escapa a las palabras y aún así tejen nuestro ser y nuestro destino. Me pregunto si Lucas habrá leído el psicoanálisis freudiano para que también encuentre las relaciones tan estrechas entre ambos autores, para que sepa que las profundidades también emergen en forma de sueños, de lapsus, de síntomas...
Más tarde entra a conversar el profe Selnich. Y entonces pienso que esta conferencia va a tener algo bastante parecido a la danza, no sólo porque conozco al interlocutor de Lucas sino porque, como en la danza, algo nuevo sucederá, como sucede en los textos de Selnich. Dejo pendiente esta danza para después.

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