Espacio para opinar y reflexionar sobre la vida, la educación, los tiempos actuales... Marta Inés Tirado Gallego: mitiradog@gmail.com
sábado, 11 de abril de 2020
Pensamientos en cuarentena
Llevo encerrada, en modo auto-aislada 27 días continuos sin salir a nada de manera presencial pero transitando como loca por los libros, los chats de los amigos, las redes sociales y los lugares comunes de mi trabajo.
He seguido de cerca muchas conversaciones, opiniones, informes sobre la pandemia ocasionada por el COVID 19. Al día de hoy van 1.688.985 personas infectadas, 104.831 muertos, 383.319 recuperados y 1.200.835 "casos activos". Todas son cifras desconcertantes. (Ver: The Coronavirus App)
Me he encontrado a mí misma aprovechando secreta y descaradamente esta catástrofe para por fin estudiar geografía y saber dónde queda éste o aquel estado, sumada a una extraña compulsión por revisar a diario cuantos infectados lleva el mundo, en cuántos días, cuántos se han muerto y cuántos se han recuperado. Aún no logro entender por qué acudo a esas estadísticas si sé que las cifras me dejan suspendida en un tiempo individual que pasa demasiado lento y que además, anuncia el tiempo sin tiempo ante el que estamos como humanidad. Tal vez se trata del asombro, tal vez del miedo. La velocidad en los cambios es vertiginosa. La tríada infectados-muertos-recuperados nos obliga a replantear a diario nuestra idea de mundo, donde nada está seguro, ni siquiera las palabras significan lo mismo de un día para otro. Los sinónimos se deslizan como queriendo percibir diferentes relidades.
Un coro planetario canta con dolor la misma preocupación, la misma súplica, la misma plegaria: “Quédate en casa”. La razón… es que la muerte anda suelta haciendo de las suyas. Y con apoyo de las tecnologías todos sabemos de las masivas muertes ajenas.
Pasamos del chiste al miedo y del miedo al horror, al sufrimiento.
El chiste intenta liberarnos del miedo y se convierte lentamente en un excelente aliado de la salud mental. Viene de Asia y de Europa, y se entiende perfecto en cualquier parte de América. El chiste y la risa son un lenguaje universal, tan potentes como el sufrimiento y el dolor. Ahora todos andan juntos. Han estrechado su amistad. Se turnan durante el día. La risa funciona antes de la muerte de las personas cercanas o amadas. En ese momento la risa calla y se hunde en un silencio literalmete sepulcral. Después habita solo la desolación. Y lo que empezó con una mirada a lo lejos, de algo que les pasaba a otros, es algo que hoy nos pasa a todos sin importar si somos niños, maestros, gobernantes o asesinos.
Qué cortas se han vuelto las distancias. De pronto, como siempre debía ser, todos somos uno. Y nos cuidamos los unos a los otros, y nos enfurece que otros en cambio no se cuiden a sí mismos. De pronto todos somos un solo continente. Los mapas de los territorios no desaparecen pero emerge una mancha estadística por encima de ellos que nos unifica, no como razas, ni como pueblos, ni como culturas, sino como humanidad. De pronto, más allá de los mapas emerge también el espacio de la intimidad abierta como una flor, como el olor de una sopa caliente para todos. Y conocemos las salas, las alcobas, las bibliotecas de amigos y desconocidos. Todos mostramos a través de una pantalla cómo vivimos y qué objetos valoramos en la intimidad de nuestro hogar. Como se trata de una emergencia mundial, no importa, no desconfiamos, nos mostramos. Algunos rostros, mucho de ellos, se presentan limpios y sin máscaras, con un brillo inusual y hermoso sin maquillajes. Algo de las bondades colectivas retoñan. Recuperamos la confianza en el otro como prójimo (próximo) y volvemos a hablar de familia, amigos, hogar, humanidad. Nos acompañamos para seguir viviendo. Creamos la ilusión de una cercanía suficiente para compensar la soledad de los abrazos y las caricias, las delicias de saludar sintiendo la mano, el cuerpo y las risas de los demás que han dejado de ser "de-más".
La cultura en sus diversas expresiones se ofrece como alternativa para no morir de soledad, para aliviar pesadumbres y malestares sociales. Y los museos se abren al igual que las bibliotecas, el músico toca desde su estudio, el poeta comparte sus pensamientos, los maestros continúan con sus clases a tientas desde la virtualidad.
Ah, la virtualidad. Cuántas cosas habrá qué decir de ella, para la educación, para la cultura, para la dominación y la domesticación. Cuántas cosas nos quedan apenas por empezar a pensar. Aún no sabemos decir a ciencia cierta qué tan positivo o negativo es esto que nos está pasando como humanidad. Aún no sabemos si de verdad hemos cambiado, si realmente el mundo será otro cuando salgamos del "tele" mundo, de la pos-moderna caverna sin Platón.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Martha Inés que buena reflexión, gracias por compartirla, un cariñoso saludo virtual saludos a Pacho, hasta pronto amiga
ResponderEliminarGracias. Un abrazo
EliminarHola preciosa, que buen texto. Tener la capacidad de escribir acerca de las sensaciones, sentimientos y pensamientos que genera esta obligada condición. Gracias por compartirlo, un abrazo.
ResponderEliminarQué lindo Marta Inés! Que curioso que te tomes el tiempo para estudiar geografía, regiones, estados, etc. mientras que no hay fronteras desde cierto punto de vista porque todos estamos atravesando lo mismo, más allá de las culturas y paralelamente se cierran "por seguridad" las fronteras mientras que se desdibujan nuestras comunicaciones tradiciones (encuentros personales, viajes, etc.)
ResponderEliminarUn abrazo grande a la distancia!
Regina