"La alegría de leer" de Carlos Vásquez
Hoy vuelvo a este blog a consignar algunas palabras que me resuenan desde las voces de los autores-lectores en el ciclo de encuentros: Lectores y lecturas que este semestre estoy vivenciando cada viernes en las mañanas en la UdeA
El primero de estos encuentros, de 15 que serán, fue con Carlos Vásquez quien en su conferencia inaurugal presentó a Elias Canetti: La alegría de leer.
Haré uso sólo de mis apuntes para esta nota y jugaré a juntar los pequeños momentos expositivos del profe, a tejer sus lecturas fragmentadas, a encontrar cadencias... La verdad, yo quería escucharlo, seguirlo a él, más a Canetti. Acercarme por un momento, de manera secreta a su alma de lector, a su hábito de la lectura.
Recuerdos
De entrada recordé la portada del libro que creo haber conocido en la infancia titulado con el mismo nombre de esta conferencia, en donde un grupo de niños van a la escuela con banderas e instrumentos musicales, el mismo que corrí a buscar en internet y con grata sorpresa lo encontré como parte del museo de la Universidad Pedagógica Nacional. Al fijarme en su portada comprendo porqué la diversidad cultural fue la gran ausente en las ilustraciones que acompañaron nuestras lecturas de infancia. Sería muy interesante hacer un estudio sobre este tema.
Recorro página a página el libro escolar La Alegría de leer publicado en 1930 por Evangelista Quintana, y no puedo evitar asombrarme por todo lo que esa cartilla trató de enseñar a los maestros por más de dos décadas como mínimo. Se infiere en ella que leer en el primer año de escuela, está en estrecha relación con la alegría de dibujar, recortar, pegar, escribir... Tal vez por eso el valor del subrayar en la lectura adulta. Me produce una gran ternura hojear el que puede llegar a ser uno de mis primeros contactos con la lectura y la escritura desde el dibujo y los caracteres de las palabras escritas.
Algunas personas me han dicho que tengo letra bonita; otras que tengo letra de monja. Hoy creo saber a ciencia cierta de donde viene en parte mi caligrafía.
Lecturas entre alegría y goce
Me pregunté al principio ¿por qué el profe Carlos le habrá puesto ese nombre a su conferencia? Por qué hacía referencia "al gozo de la lectura" como si alegría y goce significaran lo mismo para él. Y claro, fui entendiendo lentamente mientras él le contaba al auditorio su "fascinación y perturbación" con la obra de Canetti, su "enamoramiento incurable", su "hechizo", sus "encuentros milagrosos" con algunos libros que lograron cambiarle la vida.
Él se refiere a la "alegría de haber haber terminado de leer por segunda vez" la obra de Canetti, que a su vez, es "pura tristeza". Tristeza de no poder "volver a leerlo por primera vez", de perder el inolvidable primer encuentro con su ritmo, sus silencios, su voz, sus escuchas de otros, con la conmoción agitada de los primeros encuentros con un autor que nos salva... Es por eso que un libro se nos vuelve "entrañable" como dice el profe. La alegría de leer es así, "la resurrección de los muertos" tanto del escritor que ya se ha ido y que resucita en las lecturas ajenas, como de nosotros mismos en camino hacia la muerte.
Señala que "Todo acto de lectura es anónimo y gozoso..." y "...hasta los reencuentros desafortunados con la lectura son afortunados." Algo de la noción de goce Lacaniano empuja por hacer presencia.
Dice al inicio que "la preparación de la conferencia hace parte de la conferencia misma" y nos narra sus "reencuentros inesperados" y sus "reencuentros afortunados". Sin mirarnos y con esa voz fuerte pero pausada que lo caracteriza, nos aconseja en secreto, diciéndonos que como lectores debemos "saber escoger, aplazar, integrar, dejar resonar..."
Lectura y cuerpo
Y entonces aparece en su exposición la lectura como cuerpo. ¿Qué nos permite inferir esté subtítulo desde su conferencia?
El profe afirma que "un libro es respiración". Por respiración entiendo aquí latido, emoción, casi desespero; entiendo un correr cálido y fuerte de la sangre del lector avivada por las palabras inesperadas del escritor, que se reescribe a sí mismo palabra por palabra, sentido por sentido.
Por eso él dice: "Leer es acompasar el corazón..." Pero ¿se acompasa con qué o con quién? ¿Será quizás un compás de alientos? Tal vez más eso que el corazón.
Es el cuerpo todo el que presencia la lectura. "La lectura fatiga porque todo el cuerpo se compromete": "la unidad en el alma y en el cuerpo se logra en el acto de leer"; También leer es "escuchar lo inaudible. Es oir lo que no suena". Pero además la lectura es un acto del silencio: "sin silencio no se puede leer". "La lectura lo vuelve a uno parco en el decir" porque "las palabras callan".
Lectura y tiempo
Y entonces el profe hace una hermosa alusión al tiempo. Afirma que los "libros verdaderos nunca se escriben, nunca se terminan".
En la lectura "el tiempo se detiene" o tal vez está en todas sus formas. Es pasado, presente y futuro a la vez. La lectura se parece al juego que hilvana los tiempos. ¿Será eso detenderse?
Para leer ciertamente hay que detenerse, serenarse. Algo de la prisa se pierde o por lo menos se suspende. Sólo cuando el lector está sereno puede entrar al "no saber" embriagante al que nos convoca la lectura. "La lectura densifica las horas, pulveriza la continuidad del tiempo; a veces se estanca, se pierde".
Canetti y Kafka fueron convocados a resucitar en esta conferencia inaugural. También el profe por supuesto, con sus escritura y su lectura. Y como si quisiera que nadie se diera cuenta, el profe cierra con un pregunta: ¿Qué tenemos qué hacer para merecer la alegría?
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