Di-versiones en mis aprendizajes

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jueves, 6 de marzo de 2014

"LA" investigación en maestría y doctorado

Esta nota la quiero hacer a propósito de una invitación que hizo un estudiante de la Maestría CTS+i, para leer una carta publicada en diciembre 01 de 2013 en la revista digital Hoja de arena. No conocía este sitio y la verdad tampoco lo he explorado mucho, pero en la carta hay muchas verdades respecto al abuso que se comete en nombre de "LA investigación" (científica) por parte de los "tutores" y las instituciones de Educación Superior. Escribo con mayúsculas el artículo ya que creo que efectivamente hay un problema real relacionado con las dementes estadísticas de publicaciones y citaciones de las mismas, que hacen de LA investigación un mercado bastante atrayente y necesario para las lógicas de "competitividad" de las universidades actuales que corren veloces tras la ilusión de "LA innovación". Una "innovación" a la que en muchas ocasiones los gobiernos le invierten grandes sumas de dinero, lógrense o no resultados reales para la población (los "verdaderos" resultados suelen ser más para los grupos de investigación que aportan a los gobiernos cuantiosos indicadores "de gestión", que para la población). No faltarán claro está las bellas palabras, las publicaciones indexadas y el número de citas, que como hace pensar la carta, incrementa la lógica de una "sociedad del conocimiento desgastada en el mutuo elogio".
También es verdad, que existe una explosión de "egos investigadores", de como dirían coloquialmente algunos de mis amigos, "vacas sagradas", o "dioses" que se codean casi a golpes entre sí, en un Olimpo cada vez más estrecho, dedicados a atesorar artículos con las ideas de otros, y a alimentarse del trabajo arduo y laborioso del "aprendiz" (porque así lo imagina el "experto"). Eso también es una desparpajada verdad.
A propósito de esto, se me ocurre una asociación con una bella cita de Freud que leí hace mucho tiempo en alguna parte de su obra completa, donde afirmaba que su problema no era con la psiquiatría sino con los psiquiatras. Lo mismo me pasa con la educación y algunos investigadores universitarios.
A pesar de esto y de tanto dolor emergente en el discurso de la carta, aún creo en la educación superior, y se que ni toda la formación en maestrías y doctorados, ni toda la investigación y sus resultados, ni todas las apuestas de los gobiernos para apoyar la investigación y la innovación, son el fraude que parece sugerir el autor de la mencionada carta.
Más bien a mi me ha generado interrogantes como: ¿Que significa hoy "educar" en una maestría o en un doctorado? ¿Qué es lo educable? ¿Cuál debe ser el papel del "tutor"? ¿Cuál el del "estudiante" o aprendiz? ¿Cuál el lugar de la evaluación? ¿Cuál el de la producción intelectual? ¿Hay o no investigación e innovación en el mismo proceso formativo, o se repiten los esquemas de "enseñanza y aprendizaje clásicos" a pesar del nivel de conocimientos esperados?

jueves, 24 de octubre de 2013

Terrible nota periodística

Más allá de la devastadora nota sobre Raúl Cuero, publicada hoy en el Espectador quiero tratar de entender un poco lo que “veo” (puede que miopemente), quizás para sacudirme un poco el sabor amargo que me dejan estos largos párrafos que pretenden mostrar las otras caras de “la verdad”. Siento que esta es una nota corrosiva, explosiva y dañina que se sirve como plato fuerte para la sed de “sangre” de algunos “periodistas expertos” que parecen saber de todo y emiten juicios expertos sobre ciencia, filosofía, arte, economía, política, futbol, arquitectura, desastres, acuerdos de paz, o sobre cualquier cosa que haga noticia. Hoy glorifican y encumbran y mañana hunden y aplastan. Pero lo aplastado puede ser re-encumbrado sin ninguna vergüenza al día siguiente. El mismo profesor Bernal lo dice cuando expresa que “algunos científicos maduran a punta de periódico, como los aguacates”.
Quizás es verdad que al doctor Cuero sus grandes o pequeños logros lo rebasaron en su ego y el orgullo le ha jugado bromas pesadas como la de ahora. Es posible que haya escrito dos versiones de su “autobiografía” (no las conozco y me gustaría conocerlas), tal vez buscando hacer una reflexión sobre sí mismo y sobre sus modos de acercarse al conocimiento, a las altas esferas de la ciencia internacional o con mirada retrospectiva sobre las calles polvorientas y pobres que lo vieron nacer y sus casi nulas oportunidades de ser lo que hoy es. Quizás el vértigo mediático de su salto desde “Tumaco a la Nasa” lo haya enredado y obnubilado del mismo modo que está cegado de expresiones apasionadas el profesor Bernal en nombre de la incondicional rigurosidad para con la ciencia y sus productos “indexados” o “patentados”.
Yo quiero referirme a ese hombre que vi y escuché en Virtual Educa 2013, al lado de más de 3000 maestros maravillados con la ciencia y con la posibilidad de pensarse a sí mismos como capaces de acercarse a ella (como pocas veces uno los puede ver). Ese que estuvo en el ITM, en la UdeA, en tantas partes hablando de los sueños y la creatividad, de la innovación y del valor de la pasión en la construcción de conocimientos. No creo que estas instituciones hayan sido tan ingenuas (como lo deja pensar el autor de la nota) de no saber a quién realmente invitaban o a quien le daban el título de Doctor Honoris Causa.
Creo que ADEMÁS de sus méritos científicos, invitaron a un hombre orgulloso de lo que ha logrado, con sueños e ilusiones y sin vergüenza de sentirlos, viviendo eso sí un poco del turismo académico-científico (como lo viven muchos otros no tan científicos), pero al fin y al cabo, un hombre sencillo capaz de plantar en el corazón de muchos una pregunta por la relación ciencia y vida cotidiana. Un hombre que como diría León Olivé es capaz de “comunicar” la ciencia. Quizás eso es lo “imperdonable” igual a como los del “gusto puro” por la música no le perdonaron hace años a la corporación Amadeus presentar la música clásica los viernes en un parque de la ciudad.
¿Mentiroso?, ¿Estafador… hasta casi convertirse en “delincuente”?... No lo creo. Tal vez permitió que dijeran de él más cosas salidas de la imaginación y el deseo del otro, que lo que era él en sí mismo. ¿Culpable entonces? ¿Debía detenerlos en medio de la borrasca de la prensa? Creo que el gusto por el “ego” ha sido a través de la historia un “pecado” cometido por la iglesia, los políticos, el estado, las univeridades, los científicos, los deportistas, los periodistas … la “gente de a pie”. “Narcisismo” le llamó a eso Freud y lo explicó bastante bien.
A pesar de lo que parece no estoy en desmesurada defensa. Sólo quiero desmarcarme de este momento de “goce” en el que veremos cómo lo devoran los “expertos” que antes lo admiraron. Yo admiro al hombre que vi hablándoles a los “educadores” y que nada tiene que ver con que sea de Tumaco, Mitú o Bogotá, ni que sea pobre o rico, negro o blanco. Tomaré distancia del nuevo “goce perverso” de nuestra prensa nacional y cuidaré las palbras porque el daño no se le hace sólo a cuero sino a los maestros, a los estudiantes o tantas personas que se dejaron cultivar de admiración por él o por lo que él RE-PRESENTA.
Marta Inés Tirado G