En este mismo espacio de reflexión y lúdica que me he construído para investigar el uso placentero de los blog, he comentado varias veces sobre el proceso que he liderado desde la Línea I+D en Informática Educativa de la Universidad EAFIT para el Ministerio de Educación Nacional, relacionado con la formación de Directivos docentes (Ver: 14 de julio del 2009 y 26 de febrero del 2009 de este mismo blog).
Hemos aprendido mucho de los aprendizajes que permanentemente nos reportan los Líderes Formadores y los Directivos Docentes de todo el país. Hemos aprendido de los logros, los errores, las omisiones, los miedos, los silencios y de la enorme cantidad de información que se genera en cada uno de los procesos de formación (presencial y virtual) en las regiones. Hemos aprendido mucho del sentido de la diferencia cultural relacionado con las formas de recibir el aprendizaje en las aulas por parte de los directivos y los modos de dinamizarlo en las Instituciones educativas.
Hemos conocido la voz de los directivos docentes en su rol de aprendices, la cual es muy diferente a la que suelen tener en calidad de funcionarios.
Hemos incidido sobre los procesos de comunicación y visibilización de los aprendizajes colectivos en las Instituciones educativas.
Hemos reconocido el valor de aprender a aprender con otros.
Ganamos en escucha, en inclusión, en acompañamientos, en la construcción de redes y comunidades. Hemos logrado que los sujetos se sientan "re-conocidos" y "valorados". Hemos comenzado a encontrar al otro, al par, al próximo...
En Colombia este proceso de formación ha tenido un alto impacto en las instituciones educativas y en algunas Secretarías de Educación, ya que ha logrado reactivar muchas relaciones entre ellas y ha generado posibilidades nuevas de diálogo interinsticional. Esto muestra que este proceso es mucho más que un aprendizaje de TIC ya que el énfasis está puesto en el uso y apropiación de estas herramientas para mejorar y dinamizar los procesos de Gestión (directiva, académica, administrativa y financiera y de comunidad)y no en las herramientas mismas. Ellas son un pre-texto importante y nada más.
Hemos aprendido el valor enorme de la reescritura permanente de un proceso de formación en la que circulan, por no decir que danzan, aprendizaje y enseñanza, individualidad y colectividad... confundiéndose en un sólo y armónico movimiento.
Tenemos muchas expectativas a futuro para imaginar escenarios de innovación con la inclusión de estos Directivos Docentes generando una fuerza crítica y reflexiva para pensar la calidad de la educación en el país.
También hemos logrado consolidar una gran red viva de Líderes Formadores pertenecientes a casi todas las regiones del país desde la cual aprendemos con afecto, nuevas didácticas para mejorar el proceso de formación e incidir en la vida diaria de las instituciones a las que ellos pertenecen.
!Qué maravillosos aprendizajes de país!
Espacio para opinar y reflexionar sobre la vida, la educación, los tiempos actuales... Marta Inés Tirado Gallego: mitiradog@gmail.com
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viernes, 2 de abril de 2010
domingo, 7 de octubre de 2007
Educar desde la Inclusión
Desde hace más de un año vengo trabajando el concepto de inclusión asociado al tema de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC). Si bien, tiempo atrás he hecho un rastreo teórico del concepto en relación con la educación desde la psicología y las teorías de grupos de encuentro, o desde las problemáticas de la inclusión social y los planteamientos que la UNESCO ha hecho respecto a la "educación inclusiva", me preocupa el tema de la inclusión- exclusión que puede experimentarse si se está o no inmerso o no en el mundo de las TIC. Creo firmemente que los profesionales de las ciencias sociales nos estamos quedando demasiado silenciosos, por no decir que ausentes, frente a los impactos que se están generando en las personas con el uso y con el no uso de las TIC.
Lo que comúnmente se maneja en la literatura existente alrededor de las TIC proviene del discurso técnico-cientifista y da cuenta del concepto de inclusión más como un asunto de acceso a las herramientas informáticas y a la conectividad, que a la inclusión social en la cual se estrechan lazos afectivos, se generan filiaciones y se construye lo común.
Sabemos que en el contexto educativo son muchas las variables que deben tenerse en cuenta para hablar de inclusión pues es preciso considerar en igual medida los aspectos afectivos tanto como los aspectos técnicos y procedimentales.
Cada vez es más amplia la distancia generacional en las instituciones educativas (entre directivas y docentes con relación a los estudiantes) y más corto el tiempo para su asimilación, debido a los cambios permanentes y acelerados que las tecnologías jalonan sobre el lenguaje, la comunicación, las relaciones, la identidad y la cultura. Los niños y los jóvenes ingresan más rápidamente a las lógicas de las tecnologías mientras que los adultos avanzan en temor y resistencia, debido en gran parte a una pérdida de seguridad de sí respecto a los modos de conocimiento del mundo. Así mismo, la simultaneidad de experiencias de tiempo-espacio que hoy se experimenta entre lo sincrónico y lo asincrónico, y entre lo presencial y lo virtual, modifica los modos de aprendizaje exigiendo con ello también modificaciones sustanciales en los métodos de enseñanza.
Lo que comúnmente se maneja en la literatura existente alrededor de las TIC proviene del discurso técnico-cientifista y da cuenta del concepto de inclusión más como un asunto de acceso a las herramientas informáticas y a la conectividad, que a la inclusión social en la cual se estrechan lazos afectivos, se generan filiaciones y se construye lo común.
Sabemos que en el contexto educativo son muchas las variables que deben tenerse en cuenta para hablar de inclusión pues es preciso considerar en igual medida los aspectos afectivos tanto como los aspectos técnicos y procedimentales.
Cada vez es más amplia la distancia generacional en las instituciones educativas (entre directivas y docentes con relación a los estudiantes) y más corto el tiempo para su asimilación, debido a los cambios permanentes y acelerados que las tecnologías jalonan sobre el lenguaje, la comunicación, las relaciones, la identidad y la cultura. Los niños y los jóvenes ingresan más rápidamente a las lógicas de las tecnologías mientras que los adultos avanzan en temor y resistencia, debido en gran parte a una pérdida de seguridad de sí respecto a los modos de conocimiento del mundo. Así mismo, la simultaneidad de experiencias de tiempo-espacio que hoy se experimenta entre lo sincrónico y lo asincrónico, y entre lo presencial y lo virtual, modifica los modos de aprendizaje exigiendo con ello también modificaciones sustanciales en los métodos de enseñanza.
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